domingo, 10 de febrero de 2013

Una nota sobre el hedonismo


Buenos días. Probablemente inducido por los efluvios de la lejia dominical, hace un momento me puse a pensar en lo siguiente. Ayer me permití un momento de relajación y re-descubrí uno de esos grandes placeres de la vida: leer tumbado en el sofá. La casa a oscuras, el viento silbando fuerte fuera y Bernard Cromwell haciendome compañia mientras pasaba paginas y paginas. Que maravilla.
¿Sabéis? Yo estoy en guerra con la frase "carpe diem". Porque el concepto de hedonismo que tenemos hoy en día es el hedonismo del vientre. Comer, follar, cagar. Esas son las cosas que la gente entiende por placeres y yo me niego a aceptarlo. Tiene que haber algo más en la vida, me digo. Algo basico para cosas basicas y algo sofisticado para cosas sofisticadas.
Entonces, ¿cual es mi concepto de hedonismo? Hedonismo es la negación de la espiritualidad. Es tomar las cosas como son y disfrutar de las cosas sencillas de la vida. Sonreír con lo que te produce placer. Disfrutar de la belleza, de la curiosidad, del juego, del misterio. No querer profundizar demasiado... el hedonismo es una cierta lujuria de los sentidos. Es descubrir un escenario mezcla de sensaciones y que esas sensaciones te embriaguen. Pero existen más placeres que los del vientre. Los del ojo, los de la mano, los del oído, los de la mente. Yo a veces pensando en lo que me dice alguien sonrío. No puedo evitarlo. Así que mi reflexión es que, si dedicamos un momento a pensar en lo que nos produce alegria, encontraremos el verdadero sentido del hedonismo sano. Como decía Nora, fumar es bueno porque me produce placer, y nada que me produzca placer es malo. Eso es hedonismo. Y que Dios bendiga su negro corazón, mi amiga de doce años de edad mental.

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