miércoles, 13 de febrero de 2013
Cuando hay demasiado miedo
La pena, como el miedo, es demasiado cuando te paraliza.
Hace no demasiado tiempo estuve meditando sobre este tema. Cuando pasó lo de mi hermano, hablé con una amiga mía que es psicologa. La mujer me dijo que es normal estar triste. Pero como para mi, tras una depresión hace años, la tristeza me da bastante respeto, le pregunté. ¿Cuanto es demasiado? ¿Cuando la tristeza mata? Y me dijo: cuando te impide hacer cosas. Si haces algo pero triste, bien. Cuando la tristeza te para, entonces es demasiado.
Me quedé con esa respuesta hablando ayer sobre el miedo. El miedo es demasiado cuando te impide arrancar. Cuando te paraliza. El miedo es una energia que tiene que dirigirte a ser precavido, a tener cuidado, a observar. El miedo debería ser una energia constructiva en tu vida y no puedes dejar que te limite. Por eso a veces hablo con gente y me resulta tan divertido verlos como se asustan. No tiene nada. Lo haces y listo. Una vez lo has superado, el miedo queda atrás. Como decía el cantico contra el miedo de Dune, una vez allá pasado solo estaré yo.
Pero hace falta. Claro que hace falta. La gente sin miedo son unos inconscientes que no saben de lo que están hablando. La unica forma de vivir es enfrentar desafios y crecer y cada desafío contiene su pequeña parte de miedo. El truco, lo importante, es que sea eso. Una pequeña parte. Que todo desafío que afrontemos puede lastimarnos, sí. Que puede limitarnos, sí. Pero no por ello vamos a dejar de afrontar desafios, de superarlos y de crecer. De ser nosotros mismos y la mejor versión posible de nosotros mismos, aunque a veces nos equivoquemos. Pero es que si no nos equivocaramos, tampoco seriamos nosotros mismos. Uno aprende recuperandose de sus errores.
Ayer tuve una guardia bastante interesante. Di con una marinero muy gallega, que tiene esa actitud que no deja de sorprenderme en las mujeres de aquí. Les da miedo todo. Pero van y lo hacen. Sin problema. Luego siguen teniendo miedo. Es como que el miedo es una parte de su vida, pero no una parte que les inmovilice. Simplemente lo ven todo demasiado negro y eso acaba quemandote, a menos que tengas un sentido del humor muy cinico y te encante burlarte de eso. Y sí, eso precisamente va por ti, que me encantas, estresada por examenes que ni te has leido y luego sacarás nueves, que eres una maquina.
A mi el miedo me resulta una fuerza extraña. No se me nota. Yo no me asusto de forma visible y sin embargo a veces me tiemblan las rodillas. Temo hacer el ridículo. Temo fallarle a gente que dependa de mi. Temo no ser lo bastante bueno. Para las cosas que me afectan a mi, rollo tirarme por un acantilado no tengo problema. Voy y lo hago que total, tampoco tengo demasiado que perder. Pero cuando hay gente... ya es otra historia. Me temo que soy un bicho demasiado social.
Pero eso nunca me ha impedido hacer lo que hay que hacer. Decían en "diario de un marine" que valiente no es aquel que no tiene miedo, sino aquel que, con miedo y todo, hace lo que debe. Así que supongo que soy un valiente y me enorgullezco de serlo. Y espero que vosotros también lo seais porque, sinceramente, en mi vida no quiero amigos cobardes. No es necesario que huyais del miedo, pero tampoco dejeis que os paralice. Creced, vivid, luchad, adaptaros, venced. Y luego presumid de ello, porque tan pecado es el orgullo por exceso como por defecto. Un abrazo
Sr Ale
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario