jueves, 31 de diciembre de 2015
Hoy hace un año
Me he asomado al blog a ver como estaba la cosa el año pasado y, vaya, tenía una pinta inquietante. Esperaba buenos deseos para dos mil quince, esperaba ilusión, cansancio, hastío... tengo un recuerdo de ese año emocional -pocos recuerdos son más que emociones que se emborronan con el tiempo- de sentirme muy mal, muy solo, muy triste, muy desesperado. De preguntarme porqué las cosas son así, porque la vida tiene que ser siempre tan dura y no hay como llevarse un poco de alegria. Y en esa sensación, en esa tristeza, la orgullosa cabeza saliendo del agua, negandose a dejarse hundir y esperando que, este sí, dos mil quince sería mi año.
Y vaya, lo ha sido. No diré que ha sido un año fácil. Ha habido momentos muy duros, ha habido mucha soledad y tristeza, ha habido muchas decisiones dificiles. Pero también ha habido muy buenos momentos, muchos exitos, mucha esperanza. Sobre todo ha sido el año de volver a sentirme útil, de volver a sentirme productivo, capaz, hábil. De afianzar los pies sobre el suelo y afirmarme.
También ha sido un año de aprender muchas cosas. Creo que es el año que me he despedido de más gente para no volver a verla nunca, pero en cierto sentido eso es liberador. Ya dije hace tiempo que, cuando alguien sale es para hacer sitio y que alguien pueda entrar. Eso es también parte del proceso de afirmarse, de no depender tanto de los demás y de su energia.
Dos mil quince ha sido un año de éxito. De viajes, de amigos, de experiencias. Casi sin planearlo he ido de arriba para abajo. Es un año de paralelismos con dos mil ocho, mi primer año como marinero, un año en el que viajé por toda España, me sentí perdido pero a veces muy bueno, conocí gente interesante y me despedí de mucha gente. Todo esto no aparece en el blog hace un año, porque estaba demasiado concentrado en una espiral de drama y romanticismo que, bueno, ya veis a donde me ha llevado. Pero desde que fui a Vigo tengo claro que todo sucede por algo y que no tiene sentido pararse a lamentar la leche derramada.
Hoy hace un año, estaba triste, deseando que no acabaran las vacaciones y volver al trabajo, pero a la vez incapaz de encontrar algo que me motivara. Hace un año no tenía más objetivo que "que no me duela mucho". Hace un año todo parecía muy oscuro, como llevaba mucho siendolo. Y al final, como dice la canción, "cuando menos piensas, sale el sol". Tenedlo presente, aquellos que estáis en un momento duro y mantened la fé. Al final se consigue.
Una sobre sentimientos malos
Recuerdo una tira comica, buenisima, en la cual un chaval comentaba a otro "¿Como puedes comer animales? ¿No sabes que tienen sentimientos?" y el otro le contestaba "Bueno, pero si tienen sentimientos también pueden tener sentimientos malos". En la siguiente viñeta se veía a una vaca diciendo "seré feliz cuando tu familia haya muerto" y en la siguiente un cerdo opinando "Pienso que Hitler era un buen tío".
El caso es que ayer, hablando con alguien, le comentaba que el rencor solo nos sirve para evitar caer de nuevo en el mismo error. Esto lo he ampliado hoy a que el orgullo solo nos sirve para no dejar de querernos a nosotros mismos, y el miedo (de este ya he hablado mucho por aquí) es nuestro instinto de autoconservación. Es decir que los sentimientos "negativos" -como la tristeza portuguesa- son útiles. Lo importante es mantener el enfoque adecuado y, sobre todo, no darles una importancia desproporcionada. Como dice el refrán, en el termino medio está la virtud. No hay que renunciar al odio, pero sí darle una salida proporcional a esos sentimientos, darle un enfoque constructivo.
Estos días se me están atravesando. Me siento ocioso y me cuesta encontrar algo que me ilusione. Estoy gris, como el día. También me asalta la melancolia, bajo esa perversa forma de "¿Y si...?" que no sirve para nada. Estoy demasiado ocioso. Pero llevo unos días yendo a correr y a nadar y no me ayuda. La piscina está demasiado llena de gente. Correr al lado de la autovía me destroza los pulmones. Mi casa es demasiado pequeña. Reconozco que, en esta fase de mi vida, me siento encajado y no le veo una salida clara. La fase se acaba y, si Dios quiere, dentro de unos meses comenzaremos una nueva. El caso es hacerlo bien, con un enfoque positivo. Asumiendo que, la incomodidad por el entorno lo que hace es darnos un mensaje de lo que nos gusta y lo que no y como conseguir estar en ese espacio que nos gusta, como construir ese ambiente en el que seamos felices. Los mensajes, tanto positivos como negativos, son pistas que nos da nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma sobre como llevar una vida buena. Vamos a por ello.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Debilidades a evitar
Disclaimer: Antes que nada, aclarar que nada más lejos de mi intención que considerarme perfecto. Tengo un montón de defectos, entre ellos la inseguridad, la falta de autoestima, un excesivo pesimismo, una terrible falta de organización... vamos, que soy un trapo. Pero eso no me prohibe tener opiniones.
Emitido el disclaimer, voy a sacar un par de conclusiones de algo que me ha pasado hoy. Hace unos meses estaba tonteando con una chica, ex mía, que no me decía ni que sí ni que no sino todo lo contrario. Harto de la situación e intuyendo que había algo con otro chico, le planteé un ultimatum. Como no se resolvió favorablemente, plegué velas y me retiré un tiempo. Resuelto el conflicto, cada uno por su lado, hemos retomado el contacto hace un par de semanas. Interesado amistosamente por su situación, sin más interés por mi parte que el deseo de bienestar en toda persona que conozco y me cae bien, otra vez recibí regates hasta que, finalmente, me confirma hoy que le va bien, que está con el chico que yo sospechaba - eso sí, dice que llevan solo un mes- y lo justifica con un "me merezco ser feliz".
Aquí asistimos a una debilidad de carácter con dos facetas, una externa y otra interna. La interna sería las dudas morales sobre la situación, sobre la capacidad para vender la historia, sobre la propia opinión que de nosotros mismos tenemos por lo que estamos haciendo -de ahí la justificación, totalmente innecesaria-. La externa sería ese ajuste de tiempos para evitar la ofensa, el regateo de la situación y el uso tactico de la misma (no voy a decir que estoy tonteando por si me sale mal y vuelvo a la opción descartada). Todas estas cosas, el pensamiento tactico, la justificación innecesaria, el ajuste de tiempos y, por supuesto, el no considerar disculparse por no haber hablado claro, son debilidades. Son debilidades propias de darle demasiada importancia a la opinión que los demás tengan de nosotros, a creer en un concepto moral superior a nuestra propia capacidad para ejecutarlo (dicho de otra manera, que hay cosas que siempre están mal y cosas que siempre están bien, independientemente de las circunstancias) y, al contrario de lo que planteaba Rali en el anterior artículo, a la redención a través de otra persona. En resumen, hablan de una persona débil, débil en muchos sentidos.
¿Como podemos evitar vernos así? Bien, lo primero es aceptar y asumir nuestra situación y las consecuencias de nuestros actos. Hablar claro y comunicar. Y asumir que, si bien no hay que ensañarse y hacer daño gratuitamente, tampoco prolongando la agonía conseguimos nada positivo. Así pues, en una situación como la dada lo correcto sería haber dicho "oye, perdona que no te haga caso, estoy intentando algo con un chico y no sé como me saldrá". Caso de que no lo hicieramos y se diera el caso B (que el candidato segundo desapareciera al verse descartado), sería lógico hablar claro. "No te hice caso porque estaba intentando algo con un chico. Ha salido bien y estoy de categoria." Fin. No hace falta justificar nada. Llevado al extremo, años después de haber terminado una relación una chica me preguntó si le había puesto los cuernos y le dije que sí. Le expliqué porqué -una cosa así SI necesita una justificación- y lo comentamos. No me arrepiento de nada de lo que he hecho -tenía una cosa pendiente pero ya lo arreglé- y siempre actuo de la forma que considero menos lesiva y más honesta. A veces hago daño, no floto en el aire, pero intento no ensañarme y ser justo. Un último detalle, que me apuntó mi madre este fin de semana, es que no se me caen los anillos por disculparme. A veces lo hago más por desagraviar a la persona ofendida, aunque no me sienta culpable, pero aún así lo hago. Porque no consiste en "quien tiene razón", sino en como resolvemos una situación de forma que podamos seguir adelante y dedicarnos a lo realmente importante. El rencor, más que como advertencia para no volver a caer en lo mismo, no sirve para nada.
Decía mi colega australiano que, la tía que no te sirva como objetivo, que te sirva como entrenamiento. En este caso, aprende tanto de lo que se debe hacer como de lo que no se debe hacer. Pero al fin y al cabo, cada uno actuamos de acuerdo a nuestra naturaleza. El tema está en como coordinar nuestras naturalezas, de forma que podamos convivir, disfrutar y crecer.
martes, 29 de diciembre de 2015
Salvate a ti mismo
Ayer estuve un rato charlando con Rali por facebook, que hacía mucho que no la veía, y me soltó lo que está ahí de título. Basicamente, que ha llegado a la conclusión de que nadie la va a salvar así que no tiene más remedio que hacerla ella misma. Esto, que dicho así suena un tanto a Titanic, no es más que la constatación de una realidad obvia. Yo llegué a esa situación hace tres semanas, cuando me levanté por la mañana, solo, harto de recibir puñaladas de la persona que dormía a un metro de mí y decidí arreglarlo. Al fin y al cabo, por más que nuestros padres nos protejan, el mundo es un camino que hay que recorrer solo y no tiene demasiado sentido pararse a pedir auxilio, cuando sabes que no te lo van a dar. Todos estamos demasiado ocupados en nuestra propia pelicula, todos somos incapaces de empatizar o participar de algo más grande que nosotros mismos. La amistad, entendida como gesto generoso hacia el otro, está devaluada y ahora mismo casi todas las relaciones se mueven en terminos de beneficio mutuo. Que es lo más sano, claro, pero el problema es la perspectiva temporal. Queremos beneficio mutuo y lo queremos para ayer. Entonces... ¿qué sucede con aquellos que están heridos, que les cuesta seguir a la manada? Son lastre, carroña, un excedente que se deja de lado.
Cuanta alegria, ¿verdad?
Aún así, el tono resignado de Rali no es algo que vaya conmigo. Si algo caracteriza a los españoles, a lo largo de la historia, es hacer de la necesidad virtud. O dicho de otra manera, ya que no tengo más remedio que salvarme a mi mismo, musica que voy. ¿Por qué tiene que ser este un camino derrotado? Ya que nadie me va a salvar, digo que no quiero que nadie me salve. Mejor morir de pie y etc etc. Porque la verdad, al final del día lo que te queda es tu relación contigo mismo. Tu orgullo o tu falta de él, tu conciencia tranquila o llena de reproches, tu felicidad o tu tristeza. La soledad, esa hija de puta que tanto daño hace, se puede combatir de muchisimas maneras. Lo que hay que hacer es entender que ese combate no es retrasar una derrota, sino avanzar hacía una victoría. O si no, ¿de qué sirve vivir? ¿Solo quitando hojas del calendario hasta que se cae la última? Hoy ha muerto Lemmy, el de Motorhead. Un hombre que empuñó frases como "El verano del 73 fue increíble: no recuerdo nada de él" o "todo el mundo es ateo hasta que el avión empieza a caer". Se ha muerto de repente, en un cancer que apareció el sabado y lo mata el martes. Y no me da pena. La verdad, es un hombre que vivió de acuerdo a aquello en lo que creía, que fue feliz y que andó siempre con la cabeza bien alta. Así que un saludo para él, donde quiera que esté o no esté, y a seguir adelante. Eso sí, recordando siempre quién somos y porqué somos eso. Orgullo, demonios. Orgullo.
El romanticismo ha muerto
Ayer estaba contándole a Jose sobre la "Dialectica contra memeces" y me comentó eso, que el romanticismo había muerto. Y le dije que no, que para nada, que se había metamorfoseado. Al fin y al cabo, todos somos demasiado cinicos y malvados como para creer como creen los niños. Y aún así, seguimos teniendo ese hambre de gestos, de cariños, de aventuras. Yo la semana pasada me "disfracé" de corbata y chaqueta para llevar a mi madre a dar un paseo. Era una tontería, pero era una historia. A todos nos gusta vivir historias.
Hace dos días venía en el tren y, detrás mía, iban dos niñas alemanas. Su padre les hablaba en español y las niñas contestaban en alemán. Luego se ponían a dibujar o a cantar canciones. No sabéis el mal rollo y lo que mola escuchar a niños cantando en alemán; es totalmente de película de miedo. ¿Es una tontería? Si. La mayoría de la gente ni se daría cuenta. Pero a mi me gustó mucho y le puso un fondo a mi historia.
Hace muchos años, volvía de quedar con unos amigos cuando pasé al lado de una cabina (fijarse si hacía años). Había una chica, apenas una adolescente, al teléfono gritandole a su novio (espero): "¡que te quiero te quiero te quiero! ¡como las peras a los peros!". Hoy me he acordado porque me resultó muy gracioso la expresión.
Ese es el romanticismo que no ha muerto. El de los gestos compartidos, el de las historias que nos guardamos para contarselas a esa persona especial, el de las expresiones secretas. Ese es un romanticismo invencible porque existe entre las personas que eligen tenerlo y no necesita de bandas sonoras espectaculares, paseos a la luz de la luna por una playa de Tailandia ni bolsos de Tous que valen como un coche. Ese romanticismo, el de verdad, está hecho de risas, de pensamientos, de ideas. No, claro que el romanticismo no ha muerto. Solo se ha transformado.
Esto del duelo es una putada
Uno pensaría que a estas alturas del negocio algo hemos aprendido. Ya va para nueve años que me dejó Karen y, en ese tiempo, no todo han sido éxitos y victorias. De hecho, ayer miraba fotos de gente en una pagina de contactos y pensaba que, para la de revolcones que me ha dado la vida, muy pocos tengo marcados en la cara y en el alma.
Quizás será por eso. Quizás será porqué no aprendo, porque vuelvo a la casilla de salida. Pero llevo desde antes de las seis de la mañana despierto y no existe ningún motivo, más allá de los nervios absurdos por... ¿por qué?
Ayer fue un día fantástico. Me levanté pronto, fui a correr. Desayuné y me fui al centro. Había quedado con un amigo al que hacía un año que no veía, un buen amigo al que quiero mucho. Llegó y fuimos a mi trabajo, y estuvimos encontrandonos con viejos compañeros y gente a la que aprecio. Luego fuimos a comer y, camino de un cajero, nos encontramos a Luichi. Lo reclutamos y, aunque me daba cosa que Rabanal se cerrara en banda, al final acabamos los tres charlando super bien y tan a gusto. En teoria a la noche ibamos a salir Marc, Aliusha y unos amigos suyos y yo. Pero Marc tenía que quedarse en casa, Aliusha estaba apalancada y al final no hicimos nada, fue una tarde de muñequitos.
¿Por qué me siento así? ¿Qué extraño? Me siento sin objetivo, perdido. Pero ese "sin objetivo" es porque estoy de vacaciones y no miro en ninguna dirección. Ir a la piscina, correr... son cosas que hago para distraerme. Mi creatividad está bajo minimos; escribir me cuesta una vida, no he tocado un pincel en dos días que llevo aquí. Chateo o me engancho a redes sociales horas, buscando algo que me distraiga, un objetivo. Ayer estaba ansioso por ver a este hombre, cuando es algo más bien casual sin trascendencía ninguna. Estoy, otra vez, intentando sustituir una persona, un proyecto, por otras personas, otros proyectos.
Supongo que es algo muy humano. Primero viene el subidón de tomar la decisión "está hecho, se acabó". Luego vienen las dudas "¿y si...?". Después viene el intentar tapar el agujero que hay creado. Y con el tiempo, poco a poco, el agujero se cierra a medida que la vida se va apilando encima. Ya me ha pasado otras veces. Y llega un día en que abres una caja de zapatos, ves un montón de cartas y te preguntas de quién eran y que estaba pasando ahí. O no. Nunca he necesitado abrir una caja para volver a ver a Karen. Y nunca necesitaré hacer eso para volver a esta chica, o esta mujer, que tantisimo daño me ha hecho y a la vez (o quizás por el daño) tanto bien. Pero eso se acabó y hay que irlo asumiendo. A todos nos gustaría tener un botón de "fast forward" en nuestra vida y pasar días y semanas volando. Pero bueno, poco a poco. Por de pronto, voy a volver a pintar muñequitos. Y a tomarme el día con calma, poco a poco. Estoy de vacaciones, al fin y al cabo.
P.D: Me estoy automedicando con esfuerzos y emociones. Esto no puede acabar bien.
lunes, 28 de diciembre de 2015
Home, sweet home
Ayer llegué por la tarde, dejé las cosas, comí y me tumbé en el sofá. Hacía frío. Estaba oscuro. No tenía ganas de nada. Con lo que me apetecíae ir a Cádiz... y me sentía "feed up", agotado. Ya no podía más. El caso es que estaba aquí acostado, las cosas por medio... y no acababa de encontrar mi lugar. Estuve haciendo el tonto durante horas hasta que finalmente me fui a la tienda a ver a Marc y esta gente.
Charlas. Risas. Marc está un poco raro en estas fechas, pero al cabo de un rato se suelta. Vino Guille y estuvimos bien. Es guay tener un suelo común que comentar, algo sobre lo que hablar. Y finalmente llegué a casa. Igual que no volvía de navegar hasta que saludaba a mi hermano, me he dado cuenta de que no llego a Madrid hasta que saludo a Marc en casa.
Ayer hubo videojuegos y risas. Esta mañana me he levantado, he ido a correr y me he duchado. Dentro de un rato tiro a quedar con gente y a correr de un lado para otro, bienvenido a Madrizzz. Pero en cierto sentido, estoy cómodo. Estoy a gusto. Esto es algo que conozco.
Decía Mar que, asociar lugares a gente es un error. Bueno. Ok. Pero llega un momento en que los lugares, los paisajes.... son solo el decorado de fondo de las historias de nuestra vida. Y las historias están protagonizadas por gente. Me hago la comida, me entretengo, hago deporte... me cuido. Por dentro y por fuera. Llevo una vida virtuosa dedicada al esfuerzo, la reflexión, el aprendizaje, el ahorro. Hay algo de placer ahí, no os creáis, pero es casi un efecto secundario. Pero no somos islas y, como animales sociales, encontramos alegria en compartir cosas. Me alegro de llevar una vida virtuosa también, cosa curiosa, en mi plano social. Como decía mi psicologa el otro día "No dejaré que nadie camine con los pies sucios por mi mente".
Un saludo gente. Portaros mal.
domingo, 27 de diciembre de 2015
Una de Star Wars
Ayer me quedé viendo el Episodio 3 con mi madre y me llevé una sorpresa. Hay un diálogo, que no recordaba, entre Anakin y Yoda en el cual el segundo le explica al otro que debe aceptar la nuerte como parte natural del ciclo de la vida. Este, uno de los principales temas de la Humanidad durante toda la historia y origen de un infinidad de religiones, es debatido en l peli apenas de pasada, insinuado. Como tantisimos temas interesantes que flotan por todas las pelis 'el ampr filial, la busqueda del poder, la crueldad de la guerra, la voluntad, la banalidad del mal, la lucha entre la forma y el contenido... -.
Este tema me resulta interesante porque, inmerso en un proceso de duelo, veo lo fácil que es cometer errores que ya cometí. Sustituir un persona por otra o intentarlo. Simular que no me afecta. Culpar a todo el Universo. No aceptarlo. El duelo tiene una infinidad de trampas, pero es necesario pasarlo y existe una cierta gloria en asumirlo como algo natural, dejar que el tiempo cierre la herida y aprender de ello. Existe una cierta belleza en el equilibrio, aunque sea un equilibio pintado de dolor, una belleza hecha de nuestra conciencia tranquila y nuestra voluntad de hacer las cosas mejor la próxima vez.
Hay que tener fé. Esa es una de las lecciones que saco de la conversación con Yoda. Se puede. Y se hace.
Este tema me resulta interesante porque, inmerso en un proceso de duelo, veo lo fácil que es cometer errores que ya cometí. Sustituir un persona por otra o intentarlo. Simular que no me afecta. Culpar a todo el Universo. No aceptarlo. El duelo tiene una infinidad de trampas, pero es necesario pasarlo y existe una cierta gloria en asumirlo como algo natural, dejar que el tiempo cierre la herida y aprender de ello. Existe una cierta belleza en el equilibrio, aunque sea un equilibio pintado de dolor, una belleza hecha de nuestra conciencia tranquila y nuestra voluntad de hacer las cosas mejor la próxima vez.
Hay que tener fé. Esa es una de las lecciones que saco de la conversación con Yoda. Se puede. Y se hace.
sábado, 26 de diciembre de 2015
Cosas que se atraviesan en la garganta
Yo presumo de vivir al día. De no quedarme con las ganas de decir nada, de no tener cuentas pendientes. A quién lo quiero lo sabe, la gente que hace cosas buenas recibe mi piropo. Intento dar siempre cosas buenas, porque las malas... ¿para qué sirven?
Quizás por eso me callo. Es una sensación extraña. El domingo me pasé la noche sin dormir, pensando y escribiendo. Salieron ideas y más ideas. Llevo toda la semana intentando sentarme delante del email, ordenarlas, escribirlas bien, mandarlas. El primer día no lo hice porque no me apetecía, porque consideraba que esa historia estaba acabada. Al día siguiente no lo hice porque estaba algo nervioso, porque aún me afectaba.
Pasan los días y no mando el email. Ahora, me he sentado y he pasado las frases al ordenador. Hay cosas ahí que no quiero que Mar lea. Pero sinceramente... ¿qué puedo decirle a Mar? ¿Qué queda por decir entre nosotros? Esa oferta de tender la mano, esa despedida "en condiciones"... ¿sirve para algo? ¿Cambia alguna cosa? Simplemente es un paso más, y ya ni sé cuantos van, de una historia que murió hace años y no he querido verlo. Es un gesto de cara a la galeria, de cara a satisfacer mi ego, una mano tendida al vacío, confiando en no recibir respuesta, temiendo hacerlo. ¿A qué estoy jugando? ¿Por qué creo que mis sentimientos son más importantes que los de otra gente? ¿Por qué me empeño en contradecir mi propio juicio?
Hay que tomar una decisión y esa decisión es cruel a veces. La teoria del rosco salvavidas, esa que es parte de mi corpus moral basico, surge a la luz. No ayudes a quién no quiere ser ayudado. Ya está. En un fin de semana nos dijimos todo lo que había que decirnos, al menos por mi parte. Yo ya le dije que es un error tomar decisiones por otras personas. ¿Retirar mi oferta de ayudarla es eso? No, claro que no. Es una decisión mía y, si no soy capaz de hacer algo de verdad, no me ofrezco. Si no vas a llegar hasta el final, callate.
Así que esta es una cuestión, como decía la canción de Sting, acerca de "un arreglo practico". En este caso, conmigo mismo. Elijo la calma de la muerte, elijo dejar que se apague la luz y el tiempo haga que todo se olvide. Elijo seguir con mi vida, hasta que todo lo que quede sea un recuerdo que el tiempo vaya erosionando. Elijo el duelo. Porque el zombi muerde y ya sabemos que no hay nada que resucitar ahí.
Todo pasa
Hola buenas noches. Estoy sentado en el cuarto nuevo que mi madre ha preparado para mí en su nueva casa. Dado que yo vivo fuera y que, la verdad, no tengo un hogar "de verdad", la mayoría de mis cosas están aquí. El otro día cuando vine me estuvieron enseñando la casa y donde había colocado todo, con una excepción. Había unas cajas de zapatos que a mi madre le parecieron que eran cartas y cosas muy personales, así que esas no las ha tocado y no sabe como están.
Es verdad. Yo escribo cartas de papel y, las que recibo, las guardo en cajas de zapatos. Una para cartas españolas y otra para cartas extranjeras. Por curiosidad más que nada (hacía muchos años que no las miraba) me asomé a ver que había. Vaya. Arriba estaban las más recientes, cartas de Deniz, de Ani, de Dari, de Alisa... a medida que iba buceando, me iba encontrando, con mayor sorpresa, postales y nombres que no recordaba. Y eso me dió una sensación extraña, de atemporalidad porque esas cartas permanecen y sus historias siguen, pero a la vez la certeza de que todo termina, de que vamos dejando cosas en nuestra estela que nunca volverán.
Tengo un pisapapeles que me regaló Luz, la que fuera mi archienemiga, con la que hace años que no me hablo. Es una cosa enorme y carisima, una especie de diamante que cambia de color no sabemos porqué. Luz, que fue alguien vital para mí, ahora no es más que un recuerdo casi desvanecido.
Y así pasará con todos. La semana pasada me dieron un portazo en la cara, lleno de odio y rabia. Y tiene sentido. Pero también luego, hablando con Aliusha, me dí cuenta de que era un portazo que hacía muchísimo tiempo que me lo dieron. Esa puerta estaba cerrada desde hacía años y yo no era, o no quería ser, consciente de ello. El domingo pareció como si fuera una tragedia, como un bebé al que despegan del chupete... pero a medida que pasan los días va doliendo menos y va pareciendo algo más remoto, más irreal. Y dentro de un tiempo, hasta ese recuerdo se desvanecerá. Y cuando alguien te pregunte por mí, dirás "¿Ale? ¿Qué Ale?".
martes, 22 de diciembre de 2015
Eso es muy tu
Ayer fue un día curioso. Luichi y yo estuvimos comiendo algo en el Burry King y hablando de la vida, como hermanos que hemos pasado por muchas cosas y nos apoyamos. O como primos. O como algo. No sé. Tengo la suerte de contar con Luichi, con Deivid, con Paquito, con David el Gitano. Con gente que me conoce desde que era un pibe, que me mira a los ojos y me dice cosas que no quiero oír Hay quien envidia mis amistades, pero la envidia es un sentimiento pequeño. Yo cuando veo algo que quiero y no tengo, pienso "algo habrá hecho (y estará haciendo) para tener eso que yo no. ¿Qué será?". La clave es que las cosas no caen del cielo, sino que surgen ventanas de oportunidad y las aprovechamos o no, cuando no las creamos directamente nosotros. Así pues, volviendo al tema de los amigos, yo tengo la suerte de contar con gente increíble porque yo soy un gran tío, he tenido la suerte de conocerlos y luego he sabido gestionar esas relaciones, de forma que, en algunos casos, hemos crecido juntos y sabemos como funcionamos. Existe una cierta grandeza en la diferencia y esa grandeza surge del respeto a la misma diferencia.
Ayer también me encontré a nuestra princesa Disney favorita. Le pedí que me abofeteara y me besara por algo que he hecho. Cumplió solo una de las dos y estoy seguro de que adivináis cual. Que de hecho fue un cabezazo más que una bofetada, pero desde el cariño. También me dio un abrazo de verdad, como hacía meses y puede que años que no me daba nadie, y a la noche me dijo "esto es muy tu". Solo Mar había usado esa expresión conmigo y me supo a una caricia.
El amor es una cosa muy jodida. A veces creemos que el amor romántico son mariposas y arco iris, que acaban en una peli porno. Pero el amor de verdad, el que me enseñó mi hermano, el más grande, es el abrazo que te junta todos los pedazos. Es la mano en el hombro cuando no puedes más. Es el personaje de Rabanal diciéndote "tu y yo, Ale, le damos un revolcón cultural a toda esta escuela". Y luego compartir un silencio, cada uno encerrados en nuestro mundo privado. Es Marc levantándose del ordenador para sentarse a mi lado mientras ceno, haciendo como que lee, solo para asegurarse de que estoy bien. Es alguien al pie de tu cama cuando estás enfermo.
Pero para quererte así hay que conocerte mucho. Y hay que dejarte conocer. Por eso, solo alguien que puede decir "esto es muy tu", te conoce como para poder darte ese amor. Y bueno, mañana voy a Cádiz a que mi family me mime y a drama navideño y a levantarme temprano a correr y esas cosas, pero me voy con el recuerdo de esta semana, que empezó fatal y está siendo fantástica. A dar gracias por las cositas buenas.
Ah, una ultima cosa. Ayer la princesa dijo aquello de "ya no tenemos esas conversaciones por internet". Es curioso. Me recordó a cuando vino Karen a España por primera vez, que le preguntaron si "todo era distinto". Y ella dijo que no. Bueno, que ahora hablábamos más rápido. Y es que, realmente, yo no cambio en internet y en persona. Soy demasiado idiota para ello. Tampoco entiendo a la gente que tiene relaciones por internet y se queda ahí. Para mi, Internet es un placebo, una forma de comunicarme con gente que, de otra forma, está fuera de mi alcance. Pero solo eso. No me voy a quedar en mi casa escribiéndome con alguien con quién podría tomar un café, y no quiero en mi vida a nadie que no piense igual. Supongo que eso también es muy yo. Pero si no tienes las cosas claras... ¿Cómo piensas pedirle a los demás que lo hagan?
Sobre profundidad y honestidad
Hoy me he levantado por la mañana y he cotilleado el Facebook. A veces me da por ahí. Hoy era el cumpleaños de la pareja de una persona muy especial y, entre otros regalos, esta mujer le ha hecho un post en fb. Hace muchos años yo presumía de conocer parejas que eran un ejemplo de como se podía llevar a cabo una vida armoniosa. El Rebolo y Püri. Silvia la Lolo y Javi. Gente que convivía con naturalidad, que afrontaban los desafíos de la vida sin estrés, que construían juntos. Gente que hacía fácil algo que para muchos es difícil.
Hoy me he dado de cara con una pareja así, en un post que es todo una exaltación de la vida en pareja. De la vida en pareja entendida como un proyecto, como una aventura, como un camino. No reproduciré el post, porque es demasiado bonito y surge de una fuente de emociones y experiencias a la que yo no tengo acceso. Pero sí pondré, para que conste, la respuesta de M a mi comentario admirativo.
"Parece que amar es meramente por apariencias y no real, que tener una pareja es algo a corto plazo, como una moda, y no como un compañero de vida. Y que los errores son razones inmediatas por las que separar caminos, cuando en realidad son pruebas para crecer juntos".
Es ese enfoque, tan natural, de que los problemas no son más que desafíos. Y a la vez nos recuerda que debemos entender la vida, las relaciones, nuestra naturaleza con la suficiente dosis de profundidad. Sobre el paisaje de nuestra vida existe gente que pasa apenas como sombras, como hologramas, de los que solo vemos los contornos. No es suficiente. Para apreciar la vida de verdad hay que vivirla.
"Demasiado intenso". ¿No eres capaz de procesarlo? Ríete con ganas. Abraza de verdad. Corre, canta, baila. Vive. Vive en el sentido amplio del termino, sabiendo que vivir duele e incluso abrazando ese dolor, no cómo narcótico sino como desgaste natural. Una de las conclusiones de M, "¡envejezcamos juntos!" me parece de una hermosura casi más allá de mi capacidad para experimentarla. Porque es una afirmación absolutamente consciente. Celebra la experiencia adquirida, los éxitos conseguidos a pesar de los reveses, las lecciones aprendidas. Los amigos que están y los que se fueron, honrándolos en nuestro comportamiento.
La única forma de ser "real" es ser así. Escucharnos a nosotros mismos, comunicarnos con nuestro entorno. Tener los pies en el suelo pero los ojos apuntando al cielo. Y cuando miramos a alguien hacerlo de verdad, hundiendo los ojos en los del otro.
Ya dije antes que soy un hombre afortunado. Y lo soy, entre otras cosas, por honrarme en el trato con gente así. Gente que te permite tener fe en el ser humano, porque te demuestran, no en grandes gestos sino en el día a día, que la vida merece la pena ser vivida. Pero vivida así.
Honestidad y fé
Hoy venía para el trabajo y pensaba en la suerte que tengo de tener amigos buenos. Y como he ido encontrando esos amigos en el camino y porqué. Estaba pensando en como, con alguna gente, he tenido grandes detalles pero luego no se los he echado en cara. Y cuando digo "no se los he echado en cara" quiero decir que me he olvidado de ellos, hasta que ha surgido algo que me lo haya recordado. La única forma de vivir con el pasado es esa, es dejarlo en el pasado. Si lo tienes sentado a tu lado, mirándote de reojo, no va a quedar atrás nunca. Tampoco es cuestión de perderlo, sino que uno pueda acudir a él cuando lo necesita, si piensa que, de ser detalles, se están convirtiendo en obligaciones.
Decía mi colega Luichi que, con la gente, una vez tienes unos detalles se ven como algo natural y si no lo haces es una traición. Puede ser. Pero ahí entra el concepto de fé del que hablaba. Uno tiene que creer en el ser humano. Tiene que creer que podemos ser mejores de lo que somos, tiene que creer que esa persona desconocida tiene potencial. La fe consiste en que, aunque uno no tiene pruebas de ello, elige creerlo. Y para el tipo de relaciones que tengo yo con la gente hace falta fe. Hace falta dar un paso al frente y arriesgarse, hace falta mirar a los ojos a alguien y decirle "tu puedes". Y hay que creer realmente en lo que dices, porque si no estarías traicionándolo y, sobre todo, traicionándote a ti mismo. La clave de la honestidad en la que intento vivir yo, una de las partes de ese "Ehre" del que hablaba con Dominik, es creer en lo que se dice, en lo que se hace. Es tomar decisiones que consideramos justas, sabiendo que el juez de nuestra conducta va a ser nuestra conciencia. Y tener una conciencia decente, limpia, honesta. Cuidarnos. Al igual que cuidamos nuestro cuerpo y nuestra mente, hace falta cuidar nuestra alma.
¿Todo esto suena muy trascendente? No tengo ni idea de lo que estoy escribiendo, voy en piloto automático. Pero ayer me dieron un abrazo de verdad, de esos que te devuelve a tiempos más simples, y me acariciaron con palabras. Y eso ha sido porque me lo merezco. ¿Soy afortunado? Claro. Pero soy afortunado porque hago las cosas como creo que son lo correcto y, hasta ahora, no me voy equivocando. Mi única cuenta pendiente ya está pagada. Y con esa tranquilidad afronto el mañana, tranquilo con mi pasado, peleando mi presente y esperanzado con el futuro. Siendo, como le decía un día a un amigo, alguien a quién me sentiría orgulloso de conocer.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Una nota sobre el respeto
Ayer me encontré con un colega, oficial -creo que es el único colega, oficial en vez de oficial, colega que tengo - que lo está pasando bastante mal. La verdad que me jodió verlo así, aunque entiendo la situación y, si a mi me hubiera pasado lo que a él, probablemente estaría igual o peor. El caso es que, según lo comentaba con mi compi de piso, me di cuenta de que él no entiende, porque no puede hacerlo, lo que significa el respeto a un oficial.
Hace unos cuantos años, en una explanada en Ferrol, juré o prometí por mi conciencia y honor respetar y seguir a mis jefes, no abandonarlos nunca. Yo soy un tío de palabra, una vez me comprometo a algo no me bajo del burro. Incluso cuando a veces no se lo merecen pero, el respeto dice tanto de nosotros mismos como de aquellos que respetamos. Es muy fácil obedecer a tu padre cuando te pide que hagas algo que te gusta, pero donde se demuestra verdadero carácter, verdadera lealtad, es cuando lo aconsejas, lo ayudas y, a tu pesar, lo obedeces. Aunque no estés de acuerdo, pero el trato emocional básico, el núcleo de la lealtad recíproca es "yo hago lo que ud me dice, y ud mira por mí". Y mi compi es un buen tío, alguien que conoce y respeta ese trato, alguien en quién se puede confiar. Tiene sus defectos, propios de ser alguien joven, impulsivo y arrogante, pero tiene material para ser un gran oficial.
Un día, volviendo del instituto, me encontré a una vecina mía. Estuvimos hablando sobre gente y ella me comentó, asombrada "¡a ti todo el mundo te cae bien!". Lo pensé un momento y le dije "No, a mí no todo el mundo me cae bien. Pero a la gente que no me cae bien no le presto atención". Igual que el respeto que exiges a los demás debes primero darlo, no puedes esperar que la gente te aprecie si tu no muestras aprecio. A veces nos equivocamos dando el primero paso, pero es un error que estoy dispuesto a cometer.
Hace dos semanas, un lunes por la mañana, me levanté y decidí no volver a caerme. Decidí que todo lo que tengo me lo he ganado, que todo lo que soy lo he construido yo. Que no hay nada que justifique vivir arrastrándome, sombra de mi mismo, mendigando un amor y un cariño que me gano por ser quién soy y hacer las cosas que hago. Aceptando cualquier cosa de cualquiera, poniéndome en el último lugar, manipulando. Faltando al respeto y, por tanto, sufriendo afrentas, en una espiral de autodestrucción ridícula. Me cansé de mirar a la pared de la cueva y pensar que el mundo era una pared de piedra. ¿Por qué? ¿Por qué no mirar al espejo? Y seguir dando las gracias por las arrugas hechas de sonreír, por el pelo que me falta de habérmelo dejado estudiando y deprimiéndome en Ferrol, por las manos que aún extrañan el mar. Por respetarme a mí mismo, no como medida de defensa contra un mundo hostil sino como celebración de mi naturaleza y de mi vida. Por, como preguntaban hace una semana, sentirme afortunado. Porque lo soy. Y porque me lo he ganado.
Como levantarse
Ayer me llevé un leñazo. Se veía venir, aunque así y todo me ha sorprendido. Ayer tuve una noche bastante mala y Marc me estuvo aguantando, lo cual hay que reconocerle que tiene su merito. Pero a lo largo de la noche he ido siguiendo un proceso para ponerme a funcionar.
Los pasos son los siguientes. Primero, hay que asumir la situación. Hay que dejar de lado los "si hubiera... si estuviera... si tuviera...". Las frustraciones nos distraen de lo verdaderamente importante: resolver el problema. ¿Cómo lo hacemos? Concentrándonos en el aquí y ahora. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Qué opciones tengo a partir de ahora?
Segundo, trazamos un plan. Ya nos hemos concentrado. La gente pequeña busca culpables; la grande soluciones y lecciones aprendidas. Evitamos los reproches. Quitamos todo el lastre emocional y tomamos una decisión. La analizamos desde diferentes ángulos. La consultamos con alguien de confianza. La volvemos a analizar. La maquillamos un poco. No nos fiamos de ella, la tiramos a la basura, buscamos otra. Volvemos a la basura, la primera era la buena. Ok.
Tercero. La ejecutamos. Esta es una capacidad mía que me encanta e inquieta: la distancia emocional. Una vez una decisión es firme, adelante. Y adelante significa adelante, sin pensarlo, sin dudar, sin sentir. Decía un ex de mi hermana que, cuando uno tiene que comerle el culo a un perro, no sirve de nada mirarle el rabo. Así que una vez sabemos lo que tenemos que hacer, lo hacemos. Y luego ya arreglaremos el desastre que hemos hecho, pero que sabíamos que estábamos haciendo.
Cuarto. Nos mantenemos alerta. Algunas cosas acaban y otras no, tenemos reacciones externas y reacciones internas. En el análisis ya las hemos previsto, pero siempre puede habérsenos escapado algo. Nos preparamos para las sorpresas. Brace yourself.
Una vez está todo hecho y hemos limpiado el polvo y pasado una fregona, seguimos adelante. Os voy a contar lo que he hecho esta mañana. Ha sonado el despertador y me he levantado de un salto. He hecho algunos ejercicios. Me he duchado. Me he afeitado. Luego he ido a mi cuarto y he visto que ropa me pongo. Un jersey que me regaló una amiga que me quiere mucho. Bien. He ido a la calle camino del curro y, mientras leía, he repasado algunos recuerdos que me gustan. He sonreído. He pensado algo que me gustaría hacer y me he dicho, ¿por qué no? Vamos a planearlo a ver si puedo hacerlo. Y aquí estoy, en el trabajo, esperando a ver como se va desarrollando el día pero sintiéndome satisfecho de quién soy, de como soy y de lo que hago. A veces las cosas salen mal... es algo con lo que tenemos que vivir. Pero no podemos permitir que eso nos arranque la sonrisa de la cara, ni nos haga dudar de lo que sabemos que es cierto. Así que arriba. Que no se diga.
viernes, 18 de diciembre de 2015
Tormentas en tus ojos
Hace un par de semanas, en Pontevedra, Mar me comentó algo que seguro llevaba mucho tiempo guardandose. Me dijo que no le gustaban los ojos azules, porque le parecían vacíos de expresión, huecos. Pero que los míos le gustaban, porque tenían tormentas dentro. Yo le contesté que eran los mismos ojos de mi abuelo. Probablemente es el rasgo de mi cuerpo, junto con las manos, del que más orgulloso me siento. No porque sean especialmente bonitos -aunque alguna gente dice que sí-, sino porque representan ese vínculo directo, esa herencia, que ha pasado directamente de Claudino Sanromán a Alejandro Sanromán.
¿Y por qué esos ojos tienen tormentas? Supongo que porque soy un niño del verano. Porque cuando estoy a punto de matarme, me río. Porque soy testarudo, orgulloso, rebelde. Porque según una psicologa del trabajo soy "psicopata manipulador". Porque pienso demasiado, porque me hago daño a mi mismo y a los que quiero, porque tengo un lado femenino demasiado desarrollado. Porque cuando la gente dice "¿por qué?" yo digo "¿y por qué no?". Porque estoy loco.
Y me gusta estarlo y me gusta ser como soy. Me gusta sentirme Pan que Habla, como decía la colega. Me gusta comunicarme conmigo mismo sin filtros, me gusta no tener miedo a mirar a las cosas a los ojos. Me gusta abrazar y que me abracen, me gusta saber que, bueno, mañana puedo estar en el otro lado. ¿Y qué? Me gusta pensar que soy demasiado idiota para darme cuenta de cosas de las que debería darme cuenta.
En mis ojos hay tormentas, pero en sus sonrisas hay dientes. Y cuando te abraza parece que te va a romper, pero porque ella también se rompe. Puedes correr pero no puedes esconderte y, hagas lo que hagas, al final del día a través del espejo sabrás quien eres, por mucho que intentes no mirarlo.
El viejo Mar, el viento que te besa, la lluvia que te refresca y te recuerda que afuera hace frío. Vayas donde vayas, dentro de ti está quién eres, quién fuiste y porqué. Levanta la cabeza.
Dentro de ti, solo estás tu y quién permites que entre. Como decía el otro día en el fb Leti "No permitiré que nadie camine por mi mente con los pies sucios". Respetate. Quierete. Y, como decía Eriksson en una de sus novelas, "El mar no sueña contigo".
El sorprendentemente democratico Afganistán
Hace mucho tiempo, antes de irme a Inglaterra, las noches de los sábados solían incluir tertulia en casa de Luis, entre o después de juegos de mesa / cena. En esas tertulias comentábamos noticias, debatíamos sobre historia y política y se trataban temas como el multiculturalismo, la conciliación de la vida laboral, la movilidad geográfica... desde muy diferentes puntos de vista.
Desde que volví de Inglaterra solo hemos tenido una de esas, en la que por desgracia no pudieron acudir las chicas. Esa noche estábamos "el núcleo duro": Javi, Guille, Marc, Luis, Marta y yo. Esa noche discutimos sobre la posibilidad de un Islam democrático y el choque entre religión, cultura y política. Yo saqué a colación el Consejo de Ancianos de Afganistán, como figura política "sorprendentemente democrática" en una cultura musulmana.
Claro, "El sorprendentemente democrático Afganistán" se ha convertido en una muletilla con la que atacarme cada vez que abro la boca. Lo cual es perfectamente lógico y natural, entre otras cosas porque somos unos malditos tertulianos sanguinarios, como buenos españoles.
Lo curioso es que sigo defendiendo la figura del Consejo de Ancianos como una tradición democrática. La democracia griega, la originaria, permitía que menos del diez por ciento de la población votara. Solo los ciudadanos que prestaban servicio militar y poseían tierras tenían derecho a participar de la actividad política de la polis. Claro, la democracia afgana es un anacronismo porque sigue, casi directamente, un esquema que en Europa surgió hace más de dos mil años. Pero no deja de llamarme la atención que un país situado tan dentro de Asia, donde sus referentes políticos más cercanos durante años han sido kanatos, sultanatos, imperios y demás formas de autocracias y dictaduras, mantenga una institución tan atípica en sociedades sedentarias.
¿Qué por qué escribo esto? Porque dentro de unos meses se olvidará pero me parece muy divertido. Y porque echo de menos esas tertulias.
Dialectica contra memeces
Ayer me llevé una sorpresa. Hacía tiempo que no me pasaba, conocer a alguien y empezar una conversación que se multiplica en media docena de conversaciones, todas a la vez y mezcladas. Música, viajes, trabajos, gente, estudios. Me han comentado que hablo mucho y es verdad, soy un maldito pesado. Pero cuando me encuentro a alguien como yo no suelo recular, sino que me vengo arriba y ayer pasó eso.
En medio de una de todas las conversaciones que estaban teniendo lugar a la vez, hablamos sobre el romanticismo y la colega empleó la frase que da titulo al artículo. "Dialéctica contra memeces" es lo que dijo ella que hacía con su ex novio, y me recordó terriblemente a aquel día, hace tantísimos años, en que, en un arranque de debilidad romántica, le pregunté a Karen como podría vivir sin ella. Y me contestó, pragmática cual maldita alemana, "pues como has vivido siempre, que cuando me conociste ya eras mayorcito".
Genial. Me encantan esas salidas de persona practica, de llamar a las cosas por su nombre. Sobre todo porque, muchas veces, son mentira. Pero no son mentiras piadosas del tipo "ea, ea", sino el tipo de mentiras que te dices a ti mismo cuando, corriendo, no puedes con tu alma e intentas convencerte de que aún tienes aliento para correr otro kilometro. Y vas y lo haces. Es esa capacidad para tomar decisiones que, si bien no son las más agradables, son las necesarias.
Es además un contraste importante con todo lo que vengo experimentando estas últimas semanas. Un exceso de drama, una incapacidad de gestionar las propias emociones, egocentrismo... Es llamativo porque, hasta cierto punto, toda relación conlleva un punto de fantasía, la excitación de la conquista, la novedad, la interacción. La euforia de huir de la soledad que, como animales sociales que somos, nos roe por dentro. Pero, probablemente por ser una sociedad con la mayoría de las necesidades materiales cubiertas, perdemos el contacto con la realidad con demasiada facilidad y hace falta que nos recuerden que, oye, la vida sigue. Y por mal que podamos pasarlo, lo superamos si queremos y ponemos de nuestra parte.
Todos deberíamos recibir una cierta educación en emociones. Conocernos a nosotros mismos, que somos, que queremos, como funcionamos. Y a partir de esa educación en emociones construir nuestra educación social. Como nos relacionamos con la gente. Que es justo. Que es honesto. Esos valores son los que van a construir el esqueleto que vestimos con nuestra vida. De ahí que la "dialéctica contra memeces" sea una forma maravillosa de afrontar todas esas malfunciones o enfermedades que terminamos convirtiendo en deformaciones. Es un error pensar que nuestros derechos o virtudes nos sitúan por encima de la retribución y, como bien dijo Newton, toda acción conlleva una reacción. Así que, para concluir, me gusta haber encontrado un haz de pragmatismo en la conversación de ayer. Que sorprendente contraste.
jueves, 17 de diciembre de 2015
Sobre pataletas y tu juez interno
Hola buenas. A Dios pongo por testigo que es la ultima vez que me vengo tantas horas sin el portátil. Al final parece que el último conflicto en que me metí tiene solución, pero es una solución de compromiso que, sinceramente, no satisface más que a mi sentido interno de la justicia. Ya alguna vez he comentado aquí que, en nuestro interior, siempre sabemos lo que está bien y lo que está mal. Tenemos un juez interno, que nos tacha algunas acciones, opiniones y pensamientos en rojo y otros en azul. Bien. Yo, repasando mis ultimas acciones, me di cuenta de que había actuado mal. Odio ser acusado de injusticia, así que he hecho por remediarlo.
¿Por qué actué mal? Porque lo hice dominado por el miedo, por el ansia de aceptación y cariño, por una debilidad intrínseca. Eso no es correcto. El miedo solo engendra más miedo, si no se corta a tiempo y eso es lo que he hecho en esta ocasión. He sido racional. He explicado mis motivos y he intentado que la otra persona -que no es tonta- los entienda. Y es muy triste cuando, a estas alturas del negocio y con esta edad, veo que sigo teniendo pataletas y cayendo en reacciones desproporcionadas.
Ahora entramos en un terreno pantanoso. Ya le dije a esa persona que, por mucho que quiera, no es dueña de las percepciones de la persona que tiene enfrente. Que somos ciegos y que, cuando queremos ver algo donde no hay, lo vemos. Eso funciona para las dos partes, claro. "Te quiero como amigo" puede ir acentuado en la palabra que cada uno elija. ¿Cómo se corrige eso? Hablando claro. Siendo sinceros. Siendo racionales. Pero, en el conflicto entre percepción y realidad, siempre va a ganar la primera. Supongo que porque estamos hechos así de egocéntricos.
También quería comentar algo sobre hechos y palabras. Hablar es muy fácil, muy barato. Todo lo que decimos debe estar sostenido por lo que hacemos, o si no carece de referente. Se queda hueco. Aunque, dada que nuestra percepción manda, podemos pensar que estamos haciendo algo que desde la perspectiva del otro no hacemos. "Estoy muy atento por ti", en una persona puede significar llamarte una vez a la semana y en otra hablar todos los días. Es importante aclarar eso para no tener malentendidos, porque por tonterías como esta se tienen discusiones tremendas.
Además de aclarar lo que queremos decir, es muy importante respetar el espacio y la libertad del otro. Ya he acusado a dos personas de tomar decisiones por mi. Es un error grave. Igual que dar por hecho que "siempre estás ahí". Cada día, cada momento, es una decisión y una elección. Yo elijo estar ahí, o no, y lo haré en función de lo que reciba y de lo que me merezca la pena, teniendo en cuenta tanto el corto como el largo plazo. ¿Egoísta? Tengo una vida y no me conformaría con menor responsabilidad e integridad por la gente de mi entorno.
Eso nos lleva a que también es importante no perder el tiempo. Dentro de esta "apología de la comunicación", yo defiendo que cada uno debe saber lo que quiere y como conseguirlo. Y debe saber lo que puede esperar de la otra persona, y por tanto no pedir imposibles. También es importante el tema de definir conceptos, dentro de esta línea. ¿Qué es un amigo? ¿Qué es una pareja? ¿Qué necesito de ellos? ¿Qué doy a cambio?
Y aquí volvemos al juez interior. Determinados comportamientos no nos valen, pero lo sabemos. Es importante mantenernos fieles a nosotros mismos y no supeditarnos a otra persona. Ninguna relación es más fundamental que la que mantenemos con nuestra dignidad y nuestro orgullo. Eso no significa que debamos sacrificar relaciones "por orgullo", sino evaluar cada momento y cada situación. Hay que saber ceder, pero también hay que saber dejar de ceder. Hay que tener claro nuestra valía, lo que aportamos, y exigir un trato equitativo. Un cierto desesquilibrio es natural, como un barco que escora a babor y a estribor mientras mantiene un rumbo, pero cuando el barco escora en una sola dirección termina sufriendo daños. En cuanto se percibe una excesiva caída debe ser corregida y eso se consigue, una vez más, hablando claro, primero con nosotros mismos y segundo con la otra persona.
Y mi último terreno pantanoso de hoy es la soledad. No vale cualquier cosa para matar la soledad. Ni podemos (ni debemos) sacrificar nuestra felicidad en el altar de la felicidad de otro. Sea quien sea. Ya le dije a mi madre que, ningún hijo naturalmente constituido, estará satisfecho si su felicidad se compra con la infelicidad de su madre. Debemos ser justos. Las grandes palabras están muy bien, pero hay que ser honestos. Esa persona que dice que soy su mejor amigo, ¿me está tratando como si fuera solo un recurso para él? Analicemos. ¿ Me habla solo cuando tiene problemas o necesita ayuda, no viene a verme nunca, cuando yo tengo algún problema sé que no puedo acudir a él/ella (porque le viene grande o porque no va a saber ayudarme) ?
Eso no es un amigo. Aunque él/ella lo crean. Un amigo tiene que estar construido desde una base de igualdad. Aunque falle en alguna de esas preguntas, si compensa en las otras vale. O puede que nos dé tanto cariño y nos haga tan felices que compense. Es posible, aunque muy raro teniendo en cuenta la naturaleza de las preguntas. Lo importante es darnos cuenta y configurar la relación al carácter de las personas. Y entender que no todo el mundo puede ser amigo nuestro. Conocido, colega ocasional... ok. Pero para evitar abusos hay que ajustar también la conducta a esa relación.
No tenemos la culpa de ser como somos, pero sí de las cosas que hacemos por ser como somos. Y para vivir bien, tener una "vida virtuosa", hace falta estar equilibrado tanto por dentro como por fuera. Si no, enseguida se nos nota.
Vamos a ello. Vamos a ser justos, nobles, virtuosos. Y vamos a rodearnos de gente que merezca la pena, evitando involucrarnos demasiado en cosas que sabemos que no van a acabar bien. Vamos a querernos y a cuidarnos. Y a disfrutarlo, que la vida son dos días coñe.
¿Por qué actué mal? Porque lo hice dominado por el miedo, por el ansia de aceptación y cariño, por una debilidad intrínseca. Eso no es correcto. El miedo solo engendra más miedo, si no se corta a tiempo y eso es lo que he hecho en esta ocasión. He sido racional. He explicado mis motivos y he intentado que la otra persona -que no es tonta- los entienda. Y es muy triste cuando, a estas alturas del negocio y con esta edad, veo que sigo teniendo pataletas y cayendo en reacciones desproporcionadas.
Ahora entramos en un terreno pantanoso. Ya le dije a esa persona que, por mucho que quiera, no es dueña de las percepciones de la persona que tiene enfrente. Que somos ciegos y que, cuando queremos ver algo donde no hay, lo vemos. Eso funciona para las dos partes, claro. "Te quiero como amigo" puede ir acentuado en la palabra que cada uno elija. ¿Cómo se corrige eso? Hablando claro. Siendo sinceros. Siendo racionales. Pero, en el conflicto entre percepción y realidad, siempre va a ganar la primera. Supongo que porque estamos hechos así de egocéntricos.
También quería comentar algo sobre hechos y palabras. Hablar es muy fácil, muy barato. Todo lo que decimos debe estar sostenido por lo que hacemos, o si no carece de referente. Se queda hueco. Aunque, dada que nuestra percepción manda, podemos pensar que estamos haciendo algo que desde la perspectiva del otro no hacemos. "Estoy muy atento por ti", en una persona puede significar llamarte una vez a la semana y en otra hablar todos los días. Es importante aclarar eso para no tener malentendidos, porque por tonterías como esta se tienen discusiones tremendas.
Además de aclarar lo que queremos decir, es muy importante respetar el espacio y la libertad del otro. Ya he acusado a dos personas de tomar decisiones por mi. Es un error grave. Igual que dar por hecho que "siempre estás ahí". Cada día, cada momento, es una decisión y una elección. Yo elijo estar ahí, o no, y lo haré en función de lo que reciba y de lo que me merezca la pena, teniendo en cuenta tanto el corto como el largo plazo. ¿Egoísta? Tengo una vida y no me conformaría con menor responsabilidad e integridad por la gente de mi entorno.
Eso nos lleva a que también es importante no perder el tiempo. Dentro de esta "apología de la comunicación", yo defiendo que cada uno debe saber lo que quiere y como conseguirlo. Y debe saber lo que puede esperar de la otra persona, y por tanto no pedir imposibles. También es importante el tema de definir conceptos, dentro de esta línea. ¿Qué es un amigo? ¿Qué es una pareja? ¿Qué necesito de ellos? ¿Qué doy a cambio?
Y aquí volvemos al juez interior. Determinados comportamientos no nos valen, pero lo sabemos. Es importante mantenernos fieles a nosotros mismos y no supeditarnos a otra persona. Ninguna relación es más fundamental que la que mantenemos con nuestra dignidad y nuestro orgullo. Eso no significa que debamos sacrificar relaciones "por orgullo", sino evaluar cada momento y cada situación. Hay que saber ceder, pero también hay que saber dejar de ceder. Hay que tener claro nuestra valía, lo que aportamos, y exigir un trato equitativo. Un cierto desesquilibrio es natural, como un barco que escora a babor y a estribor mientras mantiene un rumbo, pero cuando el barco escora en una sola dirección termina sufriendo daños. En cuanto se percibe una excesiva caída debe ser corregida y eso se consigue, una vez más, hablando claro, primero con nosotros mismos y segundo con la otra persona.
Y mi último terreno pantanoso de hoy es la soledad. No vale cualquier cosa para matar la soledad. Ni podemos (ni debemos) sacrificar nuestra felicidad en el altar de la felicidad de otro. Sea quien sea. Ya le dije a mi madre que, ningún hijo naturalmente constituido, estará satisfecho si su felicidad se compra con la infelicidad de su madre. Debemos ser justos. Las grandes palabras están muy bien, pero hay que ser honestos. Esa persona que dice que soy su mejor amigo, ¿me está tratando como si fuera solo un recurso para él? Analicemos. ¿ Me habla solo cuando tiene problemas o necesita ayuda, no viene a verme nunca, cuando yo tengo algún problema sé que no puedo acudir a él/ella (porque le viene grande o porque no va a saber ayudarme) ?
Eso no es un amigo. Aunque él/ella lo crean. Un amigo tiene que estar construido desde una base de igualdad. Aunque falle en alguna de esas preguntas, si compensa en las otras vale. O puede que nos dé tanto cariño y nos haga tan felices que compense. Es posible, aunque muy raro teniendo en cuenta la naturaleza de las preguntas. Lo importante es darnos cuenta y configurar la relación al carácter de las personas. Y entender que no todo el mundo puede ser amigo nuestro. Conocido, colega ocasional... ok. Pero para evitar abusos hay que ajustar también la conducta a esa relación.
No tenemos la culpa de ser como somos, pero sí de las cosas que hacemos por ser como somos. Y para vivir bien, tener una "vida virtuosa", hace falta estar equilibrado tanto por dentro como por fuera. Si no, enseguida se nos nota.
Vamos a ello. Vamos a ser justos, nobles, virtuosos. Y vamos a rodearnos de gente que merezca la pena, evitando involucrarnos demasiado en cosas que sabemos que no van a acabar bien. Vamos a querernos y a cuidarnos. Y a disfrutarlo, que la vida son dos días coñe.
miércoles, 16 de diciembre de 2015
Mentiras comodas
Ayer me pasó una cosa con un amigo. Hoy me pasa con una ex. Parece que esta es la semana de "Hey Dude".
Basicamente, lo que me pasa se resume en que quien calla otorga. Y se entiende que en el silencio está la aceptación de una situación, quiera o no. Citando a una colega mía, el que empuja, si no se le frena, cree que tiene razón. Y ya sabemos que el éxito conlleva su propia inercia.
Y las cosas no funcionan así. La realidad tiene la maldita mania de asentarse, de imponerse. El tiro de fogueo, para avisar, a veces no es escuchado. Entonces uno tiene que tirar con bala de verdad y la gente se escandaliza. "Eso ahora no me ayuda" "Si lo sé no te digo nada".
A ver, hay un momento en la vida para decir "ea ea". Ese momento es cuando te has caido y te duele. Y en automático, sobre la marcha, hay que levantar a la gente y ponerla a funcionar. Si queremos que a nuestro alrededor haya gente capaz, que resuelva problemas, que asuma soluciones... no se puede ir con paños calientes siempre.
Que a ver, tampoco la vida consiste en ser el Sargento de Hierro. A veces hay que cubrir a la gente, darles tiempo, endulzarles el trago. Poner el tono de voz, la expresión. Saber comunicar. Pero otras veces es que no se puede, o no se quiere, perder el tiempo justificando lo injustificable. Sobre todo cuando uno comprueba el balance y vé que, por un lado, existe esfuerzo en tiempo, dinero, voluntad. Existen sacrificios personales. Y por el otro lado existen sobras. En ese caso la ecuación no funciona y es el momento de decir, oye, yo te voy a dar lo mismo que tú me das a mí. Que ya te lo avisé en su momento y no has hecho caso. ¿Que suena muy crudo? Sí. La vida no consiste en un balance de resultados, pero las percepciones son importantes y en un determinado momento podemos sentir que están abusando de nosotros. Ese es el momento de plantarse y decir adios. Porque aunque haya muchas cosas buenas, pocas o ninguna justifican algo que nos haga sentirnos menos de lo que somos. Tenemos el derecho y la obligación de ser la mejor versión posible de nosotros mismos, y uno de los frentes en que peleamos esa guerra es en el de la compañia de la que nos rodeamos. Tended siempre a lo mejor. No conformaros. Y no permitais que, de una mentira comoda necesaria en un momento dado, se construya una narrativa de la debilidad.
martes, 15 de diciembre de 2015
Deformando la realidad
El otro día, a proposito de un debate político, leí en un blog "Son ustedes tan dogmaticos que, cuando la realidad no se ajusta a su modo de pensar, la modifican hasta que encaje. Aunque el resultado que consigan sea totalmente esperpentico".
Me encantó. Porque es verdad. Ya he dicho muchas veces que las cosas no son como "son", sino como las percibimos, y que buena parte del esfuerzo de comunicación consiste en interpretar la realidad y el lenguaje, de forma que el mensaje llegue.
Una de las cosas de las que me siento más orgulloso de mi mismo es de mi pragmatismo. No llego al nivel de Ligia, que ya es brutal, pero sí tengo una cierta facilidad para asumir la realidad como es, en lugar de intentar encajarla en algún tipo de prejuicio. Tampoco soy dado a juzgar a la gente, porque lo considero un esfuerzo inutil. ¿Qué más da que una persona sea la más ordenada del mundo, si yo esa cualidad no la necesito para nada? Mi area de experiencia se reduce a mi zona de contacto con esa persona. Las formas de dicha relación condicionarán mi "necesidad de conocer", empleando un termino militar. Dejando de lado una razonablemente sana curiosidad, determinadas cosas son superfluas y morbosas. ¿A mi que me importa si el servicio de taxis de un pueblo va bien o mal, si yo no voy a ir allí nunca? E incluso algunas cosas son contraproducente saberlas, porque puede formar un prejuicio que afectará a nuestras posteriores reacciones.
¿No es un tanto paradojico esto? Yo, el adalid de la curiosidad, defendiendo que alguna información "sobra". Pero lo que pretendo decir no es tanto que sobre, sino que su uso es muy secundario. Si queremos llevar vidas plenas, si queremos entender nuestro entorno, debemos dejar de intentar encajarlo en nuestra visión del mundo. No hay cosas buenas o malas, hay cosas que funcionan y cosas que no.
Lo que me lleva a una frase que me dijo una vez un jefe hace años. Me dijo "En la vida hay dos clases de personas; las que arreglan problemas y las que no". Simple. Sencillo. Y realmente, es así. Así pues, vamos a dejar de intentar que la realidad encaje en lo que nos gustaría que fuera y vamos a empezar a vivir aquí y ahora. Que en mi caso, ahora mismo, significa comer galletas.
Muescas en el cinturón
Hace un rato estaba ordenando las notas que tomo para escribir luego aquí y me encontré una que decía
"Para los hombres, el éxito sentimental es sexual. Para las mujeres, es una cuestión de atención".
No sé de cuando es esa nota. Debe tener unos meses, de cuando aún Alisa y yo andabamos, según yo tonteando, según ella hablando. Que exhibicionista me he puesto con mi vida, coñe. Pero tampoco es que tenga demasiado sentido esconder una privacidad que, realmente, tampoco es tan importante.
A lo que iba. Hay una cuestión cultural entre nosotros, que hace que un tío que se acueste con cinco pibas sea un triunfador y una tía que se acueste con cinco sea una puta. Esa es la visión "clásica", pero tiene un corolario. El tío que tontea con quince sin comerse nada es un fracasado, mientras la tía que tontea con quince y no se lia con ninguno es una triunfadora. ¿Me vais siguiendo? Aquí hay una pauta de conflicto. Para triunfar el tío, ella tiene que renunciar a su posición dominante, o viceversa. Y al final nos encontramos con situaciones desequilibradas, en las que un tío que tiene una decena de muescas en el cinturón las ha conseguido "a costa" de la derrota de otras tantas femme fatales.
¿No es una visión un poco ridícula? Estoy hablando de la optica clasica, hoy teoricamente superada en un ejercicio de hipocresia asombroso. Porque al final son nuestras creencias las que condicionan nuestra óptica, no al revés, y como animales sociales estamos sometidos a la presión del entorno.
Así que, ¿como se sale de esa retórica del conflicto? Mediante la aceptación de la naturaleza humana. Ayer le decía a una amiga "A nadie le sobra el cariño". Ante la futilidad de la existencia, ante la certeza de la muerte, ante la inseguridad y precariedad de las relaciones... comunicación. Confianza. Responsabilidad. Libertad. Ya con diecisiete años le dije a una chica, que presumía de haberse liado con cinco, que algo debía estar haciendo mal. Porque si uno te gusta, te quedas. ¿Cinco? Muy mala puntería tienes tu. Porque al final, toda esa retorica de la conquista, del womanizer, de la femme fatale... lo que esconden es mucha soledad, mucha tristeza, mucho miedo. Cosas que tienen su utilidad, por contraste, pero son unos cimientos terribles sobre los que construir una vida.
¿Por qué no desprenderse de ello? ¿Por qué no desarrollar nuestro potencial? Es tan fácil como salirse de la linea, exponerse y asumir que, aunque sufriremos, también tendremos vidas más reales.
Que epico me ha salido esto, leñe. Ha sido sin querer, palabrita.
¿Por qué el abuso?
La semana pasada estuve con un amigo mío que, la verdad, lo está pasando mal por una situación de dependencia extrema. Ayer volví a hablar con una ex mía, cuya última carta me saluda cada día cuando llego a casa, donde se planteaba una cosa parecida.
No lo entiendo.
Quizás será porqué, a pesar de mis bandazos, mi estado natural es el equilibrio. Quizás es porqué de pequeño sufrí el daño colateral de una dependencia emocional desastrosa. Quizás es porqué, no sé, salí demasiado orgulloso y testarudo. Pero no alcanzo a entender como puede una persona verse anulada, como puede verse sometida, hasta el extremo que ya no es ella misma. Y, no solo prestarse voluntariamente a esa situación, sino luchar por volver a encontrarse en ella.
De verdad que hago un esfuerzo de empatia. Entiendo que la ausencia de responsabilidad (él/ella me obliga) es muy atractivo. Yo pasé por algo parecido con mi hermano, una causa que justifica tus decisiones y te quita el poder de hacerlo. Es el atractivo de las dictaduras, una figura fuerte que me diga lo que hacer. Pero... ¿qué pasa cuando esa figura no es tan fuerte? ¿Realmente crees que lo va a hacer mejor que tu? ¿En cuanto valoras tus propias capacidades?
Yo creo en la responsabilidad. Creo en la capacidad de desarrollo. Creo en equivocarme y aprender. Creo en el respeto. No me gustaría tener a alguien bajo mi pulgar, adorando el suelo que piso y pendiente de todos mis gestos. ¿Qué puede aportarme esa persona? ¿Donde queda su creatividad, su ironía, su rebeldía cuando el miedo condiciona sus gestos? Ya he bebido demasiado de ese caliz, ya sé a lo que sabe. Ibarruri, resumiendo una tradición española que arranca en Numancia, dijo "Mejor morir de pie que vivir de rodillas". Me cuesta mucho guardar respeto por aquellos de nosotros que han renunciado, voluntariamente, a llevar la cabeza alta y ser dueños de si mismos.
Que nadie dice que no me pueda pasar mañana. Pero, puestas en una balanza, no creo que los pros superen a las contras.
lunes, 14 de diciembre de 2015
Sobre Kurt Meyer
Hoy me han devuelto un libro que compré y leí a principios de año. El libro se llama "Grenadiers" y es la traducción al inglés -imagino- de la autobiografia, por llamarlo de alguna forma, de Kurt "Panzer" Meyer, general que fue de las Waffen SS.
¿Por qué me interesé en ese libro? Hay algo muy curioso sobre Meyer. Es un hombre que, sin tener ninguna vinculación especial con el nazismo, llegó a general de las SS. Y es un hombre que, después de la guerra y con todo lo que les cayó a las SS -con razón-, cuando murió acudió un millon de personas a su funeral. Así que eso me hizo preguntarme, que demonios tendría ese Meyer para que la gente lo quisiera tanto.
El libro está escrito por él y se nota. No sé donde leí que una de las mejores formas de conocer a una persona es leyendo algo que esa persona haya escrito. Meyer se descubre en los libros como un hombre carismatico, valiente, romantico, idealista. Se vé un hombre de pocas creencias, pero sumamente firmes y sencillas. Y lo que más me gusta de él, es un hombre en paz consigo mismo y con el destino. El cree en aquello que hace, entiende que algunos eventos dependen de él y otros no y lo acepta. Sobre su juicio, consta que cuando fue acusado de crimenes de guerra e iba a ser condenado a muerte lo aceptó con estoicismo, tanto que apeló casi obligado por su mujer.
Me gusta eso. Entiendo que a mucha gente también le gustara. Cuando todo el mundo busca responsables, intenta echarle la culpa de sus problemas a cualquier cosa... Meyer se encogió de hombros y lo aceptó, sabiendo que habían perdido una guerra. Pero en ningún momento renunció a su visión estética de la vida -lo que un hombre debe y no debe hacer-, ni a sus lealtades. Defendió hasta el último momento a los combatientes y organizó una asociación de socorros mutuos de las SS para viudas y huerfanos, lo que probablemente tuvo mucho que ver con ese millón de personas o no sé cuantas que fueron a su funeral.
Quizás otra cosa que me gusta mucho de Meyer es que me reconcilia con mi idea de que, dentro del ser humano, convive la capacidad para la bondad y para la maldad. Que cada persona libra una guerra entre lo que sabe que está bien y lo que no y que, a pesar de todo mi relativismo moral y mi desprecio a la idea de los conceptos absolutos, sigo creyendo en cosas.
Esta es mi visión después de haber leído el libro y conocido algo sobre el personaje. Es totalmente parcial y, como todo, está sujeta a revisión. Puede que dentro de poco descubra que Kurt Meyer, realmente, fue un hijo de puta con pintas, un cobarde, un miserable, un ser humano despreciable. Pero hasta ahora, he visto cosas en él que me gustan y me las quedo. Porque para eso estamos, para aprender. Y como dijo D. Vicente, "Si algo bueno he hecho por ti, pagaselo al que venga detrás".
sábado, 12 de diciembre de 2015
Lo que yo te deje
Ayer hablaba con un amigo que está en una situación medio tal. Mi colega lo está pasando mal porque su relación va mal, en parte por mala suerte pero sobre todo por no haber hecho los deberes en las areas de análisis, operaciones y planeamiento. Y la gestión de crísis tampoco está siendo muy buena. Al fin y al cabo, todos sabemos darnos cuenta de cuando algo va bien o no y de porqué. Hace falta pararse a pensar, decir "¿esto es una fase o esconde algo más serio?" y atacar el problema. Ya dije el otro día que, si algo he aprendido este finde, es que los problemas no se superan hasta que se afrontan y se cierran, de una forma o de otra.
Pero no quería hablar de esto. Quería hablar de una frase que dije el lunes. Alguien me quiso ofender. Dijo algo que se suponía estaba destinado a minar mi seguridad en mi mismo y humillarme. Yo suelo dejar pasar esas cosas, pero esta vez consideré importante dejar las cosas claras. Así que contesté lo siguiente
- No sé que pretendes. A ti no te ayuda en nada querer atacarme y, en cuanto a mi, vas a hacerme el daño que yo te permita que me hagas.
Todo esto, dicho con un tono de voz monocorde y hastiado, de indiferencia, supuso una barrera. Fue una línea dibujada en el suelo "aquí estoy yo." Citando a Gandalf "No... puedes... pasar...". Porque realmente todos, todos, tenemos que llegar a ese punto algún día. El abuso existe cuando hay una clara descompensación de fuerzas... pero esa descompensación de fuerzas es evitable. La primera forma, cuando se preveé, es evitar exponerse. Pero una vez uno está ahí, en la pelea, las opciones son luchar o morir. Simplemente. Porque cuando cedemos nuestra identidad hasta el punto de sentirnos débiles, humillados... entonces es el momento de plantarse. Entre otras cosas porque somos nosotros los que nos colocamos debajo de las ruedas del tren en primer lugar. Somos nosotros los que decidimos que tampoco era tan importante nuestro tiempo libre... que queriamos a esa persona más que a nuestros amigos... que la familia podía esperar... hasta que llegó un momento en que no supimos reconocernos a nosotros mismos.
Así que sed conscientes. Cada día tomáis infinitas decisiones y lo que vivís es consecuencia de ellas. Llevad vidas orgullosas, vidas virtuosas, vidas que os hagan felices. Y sentiros bien con quién soís, con lo que hacéis y con lo que compartís.
viernes, 11 de diciembre de 2015
'Tengo miedo de la soledad'
El otro día escuché esta frase y me sorprendió. Pero ahora pensándolo, me parece una de las cosas más inteligentes que he escuchado en mucho tiempo.
Cuando somos jóvenes nos sentimos invencibles. Tenemos problemas y tal, pero siempre son cukpa de los demás. 'Cuando mis padres me dejen' 'Cuando tenga pasta'... Luego, a medida que crecemos, vemos que hay cosas que se nos escapan. Y de repente llega la soledad.
Decía el Doctor Juan que la soledad que se elige es libertad, y la que te imponen condena. Pero da igual como llegues a ella, puedes estar rodeado de gente y sentirte solo. La soledad es la muerte de la esperanza, el frío que sabes que no se irá. La soledad es hielo debajo de la piel.
Y como todo, se puede vivir con ella y superarla. Pero es inteligente darse cuenta que llegará, igual que la enfermedad y la muerte. Lo importante es saber que habrá miedo, habrá lucha y habrá victoria.
Yo no temo la soledad. Yo temo dejar de ser yo mismo. Pero me alegra que esa persona aprenda viendome.
Cuando somos jóvenes nos sentimos invencibles. Tenemos problemas y tal, pero siempre son cukpa de los demás. 'Cuando mis padres me dejen' 'Cuando tenga pasta'... Luego, a medida que crecemos, vemos que hay cosas que se nos escapan. Y de repente llega la soledad.
Decía el Doctor Juan que la soledad que se elige es libertad, y la que te imponen condena. Pero da igual como llegues a ella, puedes estar rodeado de gente y sentirte solo. La soledad es la muerte de la esperanza, el frío que sabes que no se irá. La soledad es hielo debajo de la piel.
Y como todo, se puede vivir con ella y superarla. Pero es inteligente darse cuenta que llegará, igual que la enfermedad y la muerte. Lo importante es saber que habrá miedo, habrá lucha y habrá victoria.
Yo no temo la soledad. Yo temo dejar de ser yo mismo. Pero me alegra que esa persona aprenda viendome.
jueves, 10 de diciembre de 2015
Postales
Las postales son fotos que tienen un significado. La mayoria de ellas son genericas, no contienen más que una imagen "bonita" o juzgada digna de ser recordada. Las postales que llevamos dentro de nuestra alma son las fotos que hacemos y que se rellenan con el texto de nuestras historias.
Mar sentada en la cinta de salida del equipaje del Aeropuerto de Barajas. Yo mirando al lado frente a la pequeña iglesia de pescadores de El Vao. Enterrado en arena hasta los tobillos con el puente de Toralla al fondo. Los dos juntos, poniendo caras, en un concierto heavy que resultó ser el primero al que ella iba. Las vistas desde la ventana.
Y tantas imagenes que no tienen foto. Su cara adormilada mirando por la ventana del autobus. El paseo de Alfonso en Vigo. Su cara de caperucita roja, foto que no tengo pero que saqué.
Recuerdos. Son recuerdos y se quedan atrás, en la mochila con la que vamos viajando. Quizás algún día nos asomemos a verlos. Quizás no. Ahora que pasan los días puedo verlo con perspectiva, digerirlo y mandarlo a su lugar. A la carpeta de "historias pasadas". Me gusta que algunas cosas no tengan una continuidad. Me obsesioné con eso a principios de año, con que todo lo que entraba en mi vida desaparecía. Pero es una idea erronea. Las cosas no desaparecen mientras las tengamos vivas dentro de nosotros. Mi abuelo y mi hermano viven a través de mí y de mis acciones. Yo soy lo que fui y lo que hice y donde estuve y con quién me junté.
Yo soy las postales que he ido coleccionando.Y las que me quedan por coleccionar.
No a los pies sucios
Ayer mi psicologa, en una de esas movidas de facebook que tanto le gustan, colgó una frase "No dejaré que nadie camine por mi mente con los pies sucios". Es muy de ella, muy de "Cuidate". Es un lenguaje que un militar puede entender perfectamente.
El otro día me miraba al espejo y me costaba reconocerme. Tengo la cara más cuadrada, menos tierna. Tengo los ojos más duros y, cuando sonrío, no llega al borde de los labios, como si temiera romperse. Estoy cansado de estar siempre a la defensiva. Estoy cansado de tener miedo de que me hieran.
Así que no voy a permitir que nadie camine por mi mente con los pies sucios. Ni por mi vida. Aunque la solución, como venía haciendo hasta ahora de "adios", no es la buena. El poso queda. La solución es superarlo. Es afrontarlo, mirarlo a los ojos y decir "no me vas a hacer daño". Para eso primero hay que estar bien conmigo mismo, seguro del suelo que piso, confiado. ¿Y por qué no iba a estarlo?
"¿Ves? Mis ojos son mi fé, tu sexo sabe a miel, comienza a clarear... Voy, con el viento a favor, aireando mi adicción, envejeciendo más y más... Arranque de prudencia, estoy pero no estoy. Me pierde la conciencia, cuando dan las dos. Enamorarme cada vez... "
Reincidentes. Cuando iba al instituto, los días que hacía bueno me ponía el Algazara, el directo suyo. Los días que hacía malo, me ponía el "¿Hay alguien ahí?" de los Suaves. Otro directo. Aunque la mayoría de días lo mezclaba con trash metal. Musica. Hace falta musica en nuestra vida, poesía, sensaciones, dudas. Hacen falta emociones, porque la fría logica carente de ella es... fría. Hace falta poder reírse con los amigos y contrastar opiniones, hace falta sentarse a una mesa a compartir una cena, hace falta preocuparnos por aquellos que lo merecen y dejar que se preocupen por nosotros.
Más sonrisas. Hacen falta muchas más sonrisas, más buenos recuerdos, historias. Hacen falta más historias.
Camas en invierno
Esto solo me pasaba antes en casa de mi madre. No recuerdo cuando he llegado a esto. Marc decía que, en un año, solo dos días se ha levantado antes que yo. Pero me da igual.
Se está genial debajo de tres mantas, oyendo los coches al otro lado de la ventana. No hay prisa; estoy libre. Ayer fui a jugar a muñequitos con Javi y moló mucho. El mundo puede esperar.
Estas semanas han sido una maldita locura. Siempre queriendo algo, siempre con miedo, siempre con prisa. Ahora, de repente, todo está bien. Sé quien soy, sé como soy, sé que quiero. ¿ Lo tendré? No depende de mí. Si no lo tengo también estaré bien, porque sé quien soy.
Que bien se está debajo de las mantas. Lastima tener que ir a bajar la basura.
Se está genial debajo de tres mantas, oyendo los coches al otro lado de la ventana. No hay prisa; estoy libre. Ayer fui a jugar a muñequitos con Javi y moló mucho. El mundo puede esperar.
Estas semanas han sido una maldita locura. Siempre queriendo algo, siempre con miedo, siempre con prisa. Ahora, de repente, todo está bien. Sé quien soy, sé como soy, sé que quiero. ¿ Lo tendré? No depende de mí. Si no lo tengo también estaré bien, porque sé quien soy.
Que bien se está debajo de las mantas. Lastima tener que ir a bajar la basura.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
Demasiado intenso
A lo largo de mi vida, al menos en dos ocasiones, he sido acusado de besar demasiado intensamente. Algo que nunca he entendido. ¿Como se puede besar demasiado intensamente? ¿Como se puede vivir demasiado, pensar demasiado, sentir demasiado? Solo tenemos una vida. ¿Por qué tenemos que guardarnos cosas para después?
Si entiendo que se me acuse de besar con demasiada prisa. Como si no hubiera un mañana. Relajate. Vamos despacito. Los viajes, el trabajo... todo puede hacerse a un ritmo del noventa por ciento. Es casi tan rapido como el cien, pero menos asfixiado. Eso puedo entenderlo.
No entiendo la falsa modestia. Si eres bueno, eres bueno. Si no, entonces puedes mejorar o dedicarte a cosas que se te den mejor. Hay quien dice que, si eres demasiado amable, la gente se aprovecha de ti. Pero, como leí en una tira comica brasileña buenisima una vez, en ese caso el problema no es mío sino de los demás. El abuso sabe feo. La injusticia sabe fea. Se te meten debajo de la piel y te distorsionan los rasgos. Ni todo el maquillaje del mundo puede esconderte una mala conciencia. Y al final, la balanza siempre se equilibra.
No creo en no creer. No creo en dejar de soñar, en dejar de esforzarme, en dejar de intentarlo. A veces me canso. Entonces, descanso y vuelvo a ello. A veces hace falta salir, cambiar de perspectiva, pensar. A veces hace falta tiempo. A veces las cosas, simplemente, no son tan importantes. Pero en nuestro interior siempre sabemos lo que lo es, siempre sabemos lo que queremos. Siempre sabemos cuando compartimos y siempre sabemos cuando nos están robando, o nos estamos dejando robar.
Puedo vivir siendo demasiado intenso. Sobre todo porque ese exceso de intensidad compensa ausencias en otras areas. La onda senoidal sube y baja, no es continua, aunque desde un determinado eje solo se vea una de sus formas. Para tener una visión más completa, para ver ambas señales, uno necesita dejar los prejuicios y sumergirse sin miedo. Pero para eso hace falta estar muy seguro del suelo que uno mismo pisa, antes de pisar el de otro.
Este fin de semana me preguntaron porqué no pienso antes de hablar, en vez de equivocarme y luego disculparme. Es lo mismo. Todo está relacionado con experimentar. Si te equivocas, lo arreglas. Si aciertas, está bien. Si no puedes arreglarlo, es que nunca iba a estar bien así que es mejor darse cuenta ahora. Yo creo en meter el pie en el agua para ver como está de fría. A veces ves hielo y te ahorras meter el pie pero... salvo en casos tan extremos, es mejor probar y equivocarse que no haber probado. Y esto no es sabiduria de Paulo Coelho. Espero.
Conocerse mediante la victoria
Lo siento. "Conocerse mediante el amor" suena a mensaje eucaristico de esos que te dan unos tíos con corbata y chaqueta a la puerta del metro. "Conocerse gracías a la victoria del amor" suena a canción de tíos con pelos cardados y guitarras de flecha. Así que he optado por la versión más asumible y más épico militar, que no sé porqué parece aceptable y menos moña.
Este fin de semana he pasado por muchas cosas. Me he sentido débil, me he sentido expuesto, me he sentido desnudo. Mi hambre ha sido tan intensa, tan descarnada, que no he podido ocultarla y he terminado poniendome en ridículo. Son cosas que pasan. En descargo de esta persona, diré que no se ha mofado de mí y ha sido paciente. Me hacía falta, porque no era consciente de que aún tenía una herida, terrible, descarnada, de cuando fui humillado. Y esa herida estaba pidiendo retribución.
Finalmente, desperté por la mañana y me ví solo. Y supe que iba a estar solo. Así que decidí quererme. Decidí darme un baño de agua hirviendo, no solo hacer flexiones, no solo dormir lo que debo. No solo darme golpes, sino también caricias. Esas caricias que a veces te dan con palabras o con miradas o con gestos, como cuando llego a casa hecho mierda y Marc apaga el ordenador para sentarse a mi lado. Caricias que me gano y me merezco, y a las que correspondo. "Tu no te mereces esto". Es verdad. Pero la unica forma de no recibir algo que no me merezco es evitar que pase.
Hay otra forma de conocerse. El prejuicio consiste en una idea fija que colocamos por delante de la realidad. A veces el prejuicio llega a extremos patologicos, cuando distorsionamos tanto la realidad que esta se vuelve irreconocible. A veces, nos colocamos estandares imposibles, forzamos la maquina. A veces, nuestra mente crea monstruos que nos devoran.
Siempre es más fácil confrontar la imaginación que la realidad. Es más fácil odiar nuestra idea de una persona que a esa persona real, y es por eso que el mensaje de la xenofobia arranca en la discriminación. Sin ella, es imposible el odio, porque el mero contacto disipa la posibilidad de irracionalidad. Es por eso que, a medida que pasaban los días, yo me iba sintiendo más comodo con la realidad y ella más incomoda.
Pero no solo conocemos a la otra persona. Haciendolo, nos conocemos a nosotros mismos. Medimos nuestras reacciones, nuestras debilidades, nuestras fortalezas. Me gusto. Me he gustado durante mucho tiempo y sigo haciendolo. Ya dije alguna vez que la suerte está muy limitada. Suerte es ser hijo del jefe, pero si eres un inutil la empresa va a la mierda. Yo tengo muchos amigos y la gente me quiere porque soy una persona fantastica, que hace a los demás sentirse mejor. Yo sumo. Y al darme cuenta de ese hecho, de que yo soy positivo, disipo todas las dudas. Hacer magia. Medir resultados. Evaluar daños. Todo eso es secundario. La "esencia", como decía mi colega, es saber quién somos y de qué somos capaces. Y al hacerlo dejamos atrás el miedo, abriendo nuestra alma a la posibilidad de crear, de amar, de ser.
El miedo es el asesino del espíritu, pero es necesario para evitar ir metiendo las manos en cuanto enchufe encontramos. Más allá de eso, nos encoge, nos limita, nos vuelve irracionales. El miedo es lo que nos separa de nosotros mismos y hay que vencerlo y darle su lugar. Por eso, mientras el miedo sea un biombo entre personas, esas personas no podrán conocerse. Lo unico que vence el miedo es el valor... y el valor solo existe cuando nos miramos a nosotros mismos, nos aceptamos y nos conocemos. Siempre dudamos cuando no sabemos lo que estamos haciendo, pero si conocemos nuestras herramientas, nuestros limites y capacidades... entonces solo hace falta aplicarlos.
A por ello. A vivir.
Todo es un desastre contigo
Esta frase me la dijo Rali un día cuando, de broma, le comenté que no estaba tonteando con rusas ni ucranianas. Me dijo "Bien. Todo es un desastre contigo". Luego pidió disculpas por haberse pasado, pero tenía razón.
Este ha sido un fin de semana terrible, maravilloso, emocionante. Ha sido un fin de semana de pasear descalzo por un cementerio, acariciando con la mano, casi sin mirar, sitios y recuerdos de cuando yo aún era demasiado joven. He vuelto a Vigo. He vuelto a caminar por Castrelos, a comer empanada, a quedarme en la cama. He vuelto a Samil, al Vao, a Coruxo. He caminado por delante de la casa de mi abuelo, he vuelto a verme, pequeñisimo e impresionable, comprando revistas y periodicos enfrente, viendo a mi abuelo en camiseta de tirantes, volviendo a casa en bicicleta, escribiendo cartas en una silla de playa debajo del limonero. Este fin de semana me he asomado a mi pasado.
Lo he hecho de la mano de alguien que me golpeaba cuando quería abrazarla. De un vano fantasma de sombra y de luz, un imposible, que cuando se ha ido ha dejado mi casa hecha un desastre y mi alma hecha unos zorros. Riéndose. Pero en el proceso, me ha recordado quien soy. Me ha arrancado el frío de la soledad, me ha emocionado, me ha hecho susurrar palabras que no creí que tuviera dentro. Como hizo hace tantos años, me ha despertado a un mundo de posibilidades que creí que no eran para mi.
Y a la vez... esta mañana me he levantado, duchado y empezado a ordenar y limpiar la casa, a ordenar y limpiar mi vida. Quien con niños duerme, meado se levanta. Ya en el Retiro dije "no sé que crees que ganas mordiendo. Tu no consigues nada y a mí me vas a hacer el daño que yo te permita que me hagas". Princesitas. Necesito en mi vida mujeres de manos rojas y corazón valiente, con arrugas de sonreír, que estén locas. Ayer hablaba con Marc, que se quedó hecho polvo cuando vio la cocina. Con otras palabras dijo "tu no te mereces esto". Y no le falta razón. Supongo que es el precio que pagamos por la magia, la sangre que se escurre entre los dedos y el pinchazo, lejano ya, de un dolor que ni siquiera sabiamos que podiamos sentir.
Todo es un desastre conmigo. Pero me levanto, cuando debería estar agotado, y me pongo a limpiar y se vé que, detrás de todas las bromas y las tonterías, tengo un fondo de gallego. Soy testarudo, soy trabajador, soy buena persona. Puedo encargarme de todo menos de mi mismo. Soy un desastre. Aún no sé que haré este fin de año, pero ya he empezado a recoger los pedazos.
¿Por qué tiene que hacer que el resto del universo parezca aburrido y gris, palido, vacio? ¿Por qué se mete debajo de la piel y crece ahí? No lo sé. Pero hace mucho aprendí a que, aunque duela, hay que continuar. Y que al final, con tiempo y esfuerzo, el dolor termina convirtiendose primero en parte de ti, luego en un recuerdo que se desvanece y, finalmente, en una cicatriz de la que presumir y a la que mirar cuando nos preguntamos "¿Como he llegado hasta aquí?".
viernes, 4 de diciembre de 2015
Problemas de percepción
Ayer estaba leyendo un debate muy interesante sobre el conflicto en Oriente Próximo, cuando uno de los comentarios me llamó la atención. Decía algo así como "uds son tan presa de su dogma que, cuando la realidad no se acomoda a lo que quieren, deciden desdeñar la realidad".
Interesante. Hoy me he encontrado con un conflicto similar. Colocamos nombres y etiquetas a la gente y a las cosas como si eso fuera su naturaleza. Llamamos amigo, amante, conocido, colega, compañero... y esperamos que la gente se comporte de acuerdo al rol que nosotros le atribuimos, ignorando totalmente que es una persona. No es un proyectil que actue de acuerdo a las leyes de la física, ni una solución que siga los dictados de la quimica. Es una persona con inquietudes, sentimientos, opiniones, situaciones. Y esa persona no tiene porqué aceptar el rol que le impongamos, mucho menos actuar de acuerdo a él.
Aún así, esta es una lección que todos debemos aprender tarde o temprano. Y es parte de mi exclamación, socorro, auxilio. Comunicación. Es mucho mejor preguntar y quedar de tonto, que callar y terminar confirmandolo. Ocasionalmente con resultados peores. Por eso, cuando vemos que podemos tener un problema con alguien, es mejor preguntar. Interesarse por esa persona y dejar que la información fluya. La empatía, esa capacidad para ponernos en el papel de la otra persona, es mucho más fácil de ejercer cuando comprendemos a la otra persona. Y a veces el problema de percepción surge por dar cosas por supuestas, por prejuicios o por "esto es lo normal".
Por favor. No dejéis que la percepción os impida disfrutar de las cosas buenas.
Permitete ser feliz
Ayer me encontré con una situación sorprendente, pero en cierto sentido previsible. Ayer me encontré con que, otra vez, estaba torpedeandome a mi mismo. Otra vez estaba impidiendome disfrutar de las cosas como venían, preocupandome por cosas que no podía controlar, obsesionandome con el futuro. Otra vez estaba negandome a mi mismo la posibilidad, curiosa, de que algo saliera bien en mi vida. Que tampoco es una gran cosa pero... ¿por qué siempre me pasa igual? ¿Por qué me empeño en ponerme palos en las ruedas?
Porque se vive muy bien a la contra. Se vive muy bien sin tener que asumir responsabilidades, sin arriesgarse, sin salirse de la linea. En tu zona de confort.
¿Y como es esa zona de confort si hay viajes, y trabajos raros, y personas nuevas? Es una zona de confort "controlada". En la que me implico a medias, en la que no pongo sentimientos sino que me los guardo, en las que siempre tengo dinero ahorrado de sobra. No me expongo. Digo lo que elijo decir y lo que no, lo callo.
El problema es cuando esa zona de confort salpica a los demás. Cuando no permito que alguien se me acerque por miedo a sentir, cuando quedo solo para hacer lo que me gusta. Entonces personas maravillosas, que aportan muchísimo, sufren.
¿Y como evitarlo? El primer paso es analizarse a uno mismo. Igual que soy intransigente con conductas que considero patologicas, esta debe ser tratada como tal. No podemos hacer daño solo a quienes tenemos muy cerca, a quienes de verdad se preocupan por nosotros. Precisamente a ellos debemos cuidarlos más, valorarlos, hacerlos sentir queridos. ¿Si luego sale mal y sufrimos? La vida es sufrir. Un hermano te dejará tirado, tu madre tendrá días malos. Hay que salir de la burbuja y vivir.
Claro, es difícil. Hay mucho cansancio acumulado, mucho dolor, mucha tristeza. Mucha soledad. Pero va a seguir allí. La unica forma de quitarse todo eso de encima es afrontarlo. No esperar a que algo o alguien aparezca y, zas, de un plumazo lo quite todo y volvamos a estar enteros, felices, bien. No van a volver los días dorados. Las personas que murieron no van a resucitar. Con suerte, los veremos al otro lado. Con suerte. Pero hay que vivir aquí y ahora y eso implica sentir cosas.
Tenemos que permitirnos equivocarnos. Si cometemos un error en el trabajo, si se nos escapa algo que creiamos saber, si se nos pasa un cumpleaños... no pasa nada. ¿Hay algún muerto? Pues a seguir adelante. La próxima vez lo haremos mejor. Y vamos a disfrutarlo. No podemos vivir entre la nostalgia del tiempo presente y la nostalgia del pasado, ¡ ni que fueramos portugueses!
Como cantaban Extremoduro "Ama, ama y ensancha el alma".
jueves, 3 de diciembre de 2015
Una bola oscura
Los días pasan, la presión se acumula. Un día sucede a otro y... de repente sientes como te hundes. Como parece que te puede. No tienes ganas de nada. El gimnasio no te motiva, comes a disgusto, te cuesta dormir. ¿Qué te pasa? ¿Qué te falta?
Es hora de salir del circulo. Busca algo que te haga reír. Distraete. Queda con alguien que te aporte algo positivo. Haz planes. No estás tan lejos de ti mismo: buscate. Escribe algo. ¿Por qué la vida es genial? Mira a alguien que te inspire. Descansa y mimate. Duerme. Come. Ama. Emocionate un poco y rompe el bloqueo, porque esa bola que te ha mordido no te va a soltar y vas a tener que ser tu el que te la arranques de encima.
Vive. Que solo tienes un ratito para hacerlo y el resto te va a pasar por encima sin que te dé tiempo a darte cuenta.
martes, 1 de diciembre de 2015
Igual algo se me escapa
Ayer estaba haciendome la cena, sintiendome bastante mal conmigo mismo por mi enesimo fracaso a la hora de juzgar a la gente (o quizás al volver a acertar), y mientras me miraba las manos se me ocurrió una pregunta un poco extraña.
¿Cuanta gente hay como yo ahí fuera? Vivo en una ciudad donde hay cerca de cuatro millones de habitantes. De toda esa gente, vamos a intentar hacer un perfil. Hombre de treinta y pocos, con un trabajo más o menos bueno, un nivel cultural alto, varias aficiones, no feo del todo (dejemoslo en "aceptable"). Tampoco soy tan extraño. Pero en cambio, estoy solo, me siento solo y no tiene pinta de ir a resolverse en breves. Salgo de vez en cuando. Tengo colegas. Estoy metido en redes sociales. Pero nada de lo que hago parece atajar el problema.
¿Por qué? Si lo pienso friamente, no conozco a casi nadie como yo en femenino. A alguna, claro, pero son novias de colegas míos. ¿Será verdad lo que decía Luichi y, a partir de una determinada edad, no existen mujeres solteras? Pero no lo creo. No soy tan mayor y, moskis, cuatro millones de personas suponen un numero bastante alto de mujeres. Lo suficiente como para que no sea, no sé, que me toque la loteria.
Es obvio que algo estoy haciendo mal. Seguramente tenga algo que ver todo lo que viajo pero... la verdad, sigo sin verlo. ¿Qué estaré haciendo mal?
domingo, 29 de noviembre de 2015
Decisiones que se toman solas
El otro día hablaba de poner límites temporales a algunas personas. O quizás solo de poner límites a cuanto permitimos que sus decisiones y sus actitudes afecten a nuestra vida.
Toda regla existe para saltarsela. Tal y como me ha surgido el primer examen de dicha regla, lo he suspendido.
Esta semana he estado nervioso y tenso. He tenido problemas y lo he pasado mal. He estado inquieto. Todo porque no he sido capaz de aislarme de las consecuencias de una decisión que, sinceramente, tampoco es tan importante.
Dicen que, quién con niños se acuesta, meado se levanta. También dicen que la gente no cambia, aprende a comportarse en sociedad. Determinadas normas de respeto son basicas. Si no se tienen en cuenta, surgen problemas. Este es un acuerdo entre personas.Una vez se saltan dichas normas de respeto, dejamos de comportarnos y actuar como personas independientes y empezamos a valorarnos como objetos. ¿Cosificación? Esa palabra la he escuchado hace poco y viene bien aquí. ¿Qué puedo obtener de ti? ¿Cuanto me cuesta conseguirlo?
Es tan facil como eso. Una vez se rompe el acuerdo tácito de respeto y aprecio, lo que queda es... cosificación.
Y bueno. No me parece mal. Ya hace unas semanas hay gente que está siendo expelida de mi vida en capsulas de salvamento, con una baliza por si quizás algún día vuelven. Me da un poco de pena, lo reconozco, como siempre que algo se acaba, pero el otro día hablaba sobre una chica con la que tuve una historia en preterito perfecto simple. Antes empleaba el imperfecto. Ese cambio es muy importante porque el pasado, que siempre ha sido una sombra que me lastraba (y me lastra) en el caso de esta chica va quedando atrás. Cerrando cosas.
La decisión está tomada. Mañana cerraré esto y seguiré con mi vida. Y el fin de semana que viene daré por acabado esta tontería.
sábado, 28 de noviembre de 2015
Cuando tu cuerpo te tira indirectas
Llevo una semana un poco regular. Ayer, ya agotado, hice una revisión de mi estado. Dolor de espalda, un cierto estreñimiento, los hombros cargados, agujetas en las piernas... hay una parte de exceso de esfuerzo físico mezclado con poco estiramiento. Correcto. Pero hay otra parte de estrés, de no saber gestionar emociones. Al fin y al cabo, nuestro cuerpo sabe lo que nos conviene muchas veces mejor que nosotros.
¿Como hacemos caso a nuestro cuerpo? Siendo cuidadosos. Si tenemos un exceso de tensión... hay que eliminarlo. No sirve de nada atacar los sintomas, hay que atacar el foco. Tenemos que sentirnos bien, cuidarnos. En mi caso, poner orden empieza de fuera adentro y viceversa. Ordeno mi cuarto. Limpio la casa. Ordeno mi cabeza. Las cosas que he ido dejando caer por cualquier sitio de cualquier manera mientras llevaba prisa, vuelven a su sitio. Planeo. Tomo decisiones y evaluo sus resultados. Cada uno sabemos que nos sienta bien y como conseguirlo, pero lo importante es lo siguiente: tenemos que escucharnos. Porque si nos duele algo, aparte de por un motivo físico obvio, es probable que haya un motivo emocional detrás. Cuidarse uno mismo empieza por respetarse y tratarse bien.
Vamos a por ello. Estoy cansado pero contento. Tengo ganas de ir haciendo cosas y ver sus resultados así que al lío.
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Caricatura de ti mismo
Todo rasgo llevado al extremo termina siendo parodico/comico. El humor es un refugio tan seguro o incluso mejor que la hostilidad.
Partiendo de esas dos bases, ayer me dí cuenta de algo bastante curioso. Cuando me va mejor en la vida es cuando dejo de reírme de mi mismo. Y a la vez, reírme de mi mismo es la forma que tengo de esconderme de rasgos que no me gustan, de evitar situaciones tensas. Si uno lo piensa friamente, es una actitud adoptada durante la adolescencia, ante el miedo a no encajar, ¿qué mejor que ser divertido? A todo el mundo le gusta la gente que le hace reír. Es agradable. De hecho una de las mejores formas de conquistar a una chica es hacerla reír.
Pero, como en todo, llega un momento en que el medio se convierte en un fin y perdemos la logica que nos impulsó a tomar un camino, conviertiendo la costumbre en ley y vaciandola de contenido. Se difuminan los limites. Y en el camino, nos perdemos el respeto a nosotros mismos.
Es una parte más del proceso de madurez y revisión en el que estoy involucrado. Darse cuenta de que no pasa nada si uno no está todo el tiempo haciendo reír a los demás, que la alegria se mide de muchas formas diferentes. Y que la ídea de ocultarme en una imagen exagerada de mi lo unico que sirve es para distorsionar la percepción que alguna gente tiene, sin obtener más fin que el de distraerlos de la realidad.
O quizás es que, un poco a mi pesar, mis dos vidas están convergiendo en una unica.
lunes, 23 de noviembre de 2015
Una herida abierta
Hace un momento he estado a punto de escribir "ya se han reido lo suficiente de mi". Ha sido al ir a teclearlo, asomandome a esas partes de mi mente que suelen estar latentes, que he visto la herida. Que fea. La herida que te deja la humillación, el desamor, la soledad. Una herida que aumentas voluntariamente, cortando un poquito más de carne para justificar tus lagrimas, en una espiral que no lleva a ningún lado. Estoy mal porque me hicieron daño y me hago daño para estar mal.
Ya basta. El dolor, la tristeza, tienen una potencia creativa obvia. Nos conecta con parte de nuestra vida que no queremos mirar y permite que de ahí salgan cosas buenas. No hay que desterrar lo negro. Pero tampoco hace falta bañarse en negro. Es muy sugerente y tentador el dejarse embriagar, el justificarlo todo, el obsesionarse.
Eso no funciona. Ahí fuera hace un día maravilloso, o eso creo. Y si no, seguro que es maravilloso para alguien. ¿Por qué no para mi? ¿Por qué no disfrutar de un libro, sonreír a un desconocido, sentirme querido y especial? Porque soy querido y especial. O como decía una amiga, "Eres unico y especial, como todos los demás". Que frase tan divertida.
No dejad que vuestras heridas se extiendan, que empapen todo, que os abrumen. El silencio, el aburrimiento... son malos consejeros, igual que el hambre, el sueño o el dolor. Cuidaros. Cuidaros por dentro y por fuera, dejad que lo malo salga. Encontrar algo que lo justifique o crearle una justificación y luego seguir adelante. Todo lo bueno, como todo lo malo, termina.
Y por Dios, no dejéis que el rencor os impida ser justos. Si una persona X os agravió, la culpa es de la persona X. El resto del mundo no tenemos nada que ver. En serio.
Demasiado frío
Decía una colega en un correo que se siente "mal, demasiado fría". Curiosamente, coincide con un momento en mi vida que yo he pasado por algo similar. Pero no veo nada malo en ello.
Entendedme. A todos nos gusta sentirnos queridos, sentirnos valorados y apreciados. A veces peleamos por ello y lloramos, como niños pequeños a los que nos quitan el chupete. Pero ya no somos niños pequeños. Somos (algunos) adultos responsables de nuestras acciones y debemos entender que tienen consecuencias.
También he sido acusado de ser "demasiado logico". Es curioso como, cuando uno plantea una solución desagradable a un problema aún más desagradable, mucha gente prefiere poner excusas o mirar para otro lado. Como si el problema fuera a arreglarse solo o no existiera, como si dejandolo debajo de la alfombra fuera a arreglarse.
Creanme, ya he probado eso y no funciona. Lo que funciona es endurecerse, hacer lo que hay que hacer, cortar por lo sano y reconstruir los pedazos. Y cuando digo "reconstruir" no quiero decir pasarme el día llorando sobre la porcelana rota, sino levantar la cabeza y construir algo nuevo. ¿Que es duro? Sí. ¿Qué es desagradable? Cuanto más vueltas le des, más duro será. Decía un ex de mi hermana que "cuando uno tiene que comerle el culo a un perro, no sirve de nada mirarle el rabo".
No. No creo ser demasiado frío. Si he tenido un momento en que me he asustado de mi insensibilidad, pero ha sido por las expectativas, por el bloqueo emocional. No hace falta estar todo el día a la defensiva. Pero tampoco hay que quedarse mirando la nada, convertir un problema pequeño en una crisis o castigarnos por algo que, simplemente, es mala suerte. A veces las cosas no salen bien porque... porque no tienen porqué salir bien. Mientras hagamos aquello en lo que creemos, nos mantengamos honestos y no rehuyamos el contacto con la realidad, todo irá bien. Más tarde o más temprano. Y si para ser feliz a veces tengo que ser demasiado frío, sea.
domingo, 22 de noviembre de 2015
Despidiendome de sitios
Esta semana he estado de vacaciones suave, suave, su su su ave en una isla a la que hacía años que no iba. Me ha gustado volver, aunque me molesta como habla la gente, como interactua y me veo incapaz de acercarme allí. Parece una tonica de estos últimos años ir a sitios para saber que no volveré, y es una tónica que no acaba de gustarme. En cambio, otros sitios a los que voy yendo me gustan y aparecen nuevos destinos. Como dice la gente, cuando Dios cierra una puerta abre una ventana.
La verdad que no tengo de qué quejarme. Esta semana he sido mimado y he descansado mucho. Pero reconozco que tengo una presión vital, una cierta "prisa por vivir". Como si tuviera que llegar a alguna frontera y cruzarla, como si hubiera algo que tengo que hacer antes de morir. Es algo interesante. Hasta ahora siempre he deambulado, sin saber lo que buscaba. Ahora sigo sin saberlo, pero me he dado cuenta que hay cosas que no me gustan y que no quiero hacer. Cosas que antes me parecían normales e interesantes pero ahora... me debo estar haciendo viejo.
Aún así ha sido un buen periodo de tiempo y lo he pasado bien. Ahora tengo un "examen" dentro de tres semanas que a ver como se plantea. Aparte eso, he vuelto a Madrid y tengo unos días de estres para ir resolviendo cosas. Y la navidad está ahí, a un mes vista. Vamos a ir empezando a pensar cosas para esa epoca y para el año que viene. Que contento estoy de como está yendo este año.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Sueños raros
Hoy me he echado una siesta un poco extraña. Estaba cansado y supongo que se me relajaron las defensas, pero no sé que me ha pasado.
He soñado que estaba con un oficial al que conozco solo de vista. Es serbio y se llama Iban. Estuvimos cuatro meses currando en el mismo sitio y, aparte el día que nos presentamos y el día que nos despedimos, en ese tiempo quizás hablamos una vez. En cambio he soñado con él.
Estabamos charlando en un restaurante. Yo no recuerdo de que le hablaba, pero le decía que mis sensaciones eran raras. Que estaba aquí, en medio de la nada. Sin amigos, sin novia, sin perspectiva. Él me decía que dejara el tema, que habláramos de otra cosa. Es un oficial superior y obedecí. Así que saqué unos trozos de papel y nos pusimos a ordenarlos, intentando crear algo que tuviera forma. Una especie de puzzle. Y la verdad, no sé porqué hicimos eso. ¿Quizás mi cerebro está intentando crearle un sentido a mi vida, a la vez que mis emociones protestan? No lo sé. Pero estoy bien. Estoy siendo mimado, contento.
sábado, 14 de noviembre de 2015
Don't stop believing
Hoy me he llevado una sorpresa. He conocido a una chavala que es buena persona. No debería de sorprenderme, pero en esta epoca de cinismo, de venir de vuelta de todo, de no comprometerse y de no creer en nada, es sorprendente cuando das con alguien que se sale de ese patrón. Y alguien con quién se puede hablar y que resulta bastante inteligente.
El caso es que hablabamos con Aliusha de como está la cosa. Y Alina decía que creer equivale a dejar que te jodan. Si te expones. Pero si no te expones, no vives. Y lo curioso es que yo creo en eso. Que a pesar de las decepciones, los golpes, los errores, las tonterías... aún creo que deben pasar cosas buenas, si uno tiene la actitud y el talento. Que puede salir. Como dice la canción, no dejes de creer.
viernes, 13 de noviembre de 2015
Feliz aniversario
Ocho años. Como pasa el tiempo. O no. A la vez que va a toda velocidad, va lentísimo y las experiencias, las historias, los momentos, se acumulan y se apilan.
La gente. La gente es lo que te hace seguir. Lo que te hace sonreír, aguantar, querer pelear. Ayer mandé unos cuantos correos y estoy recibiendo respuestas maravillosas. Eco eco, ¿hay alguien ahí?
Lo hay. Hoy he leido una de las cosas más bonitas que me han dicho nunca. "Si algo te he enseñado o alguna deuda tienes conmigo, pagasela al que venga detrás". Esa es la clave. Saber que haces algo que te gusta, con gente con la que te lo pasas bien. Que supones una diferencia. Que tu trabajo ayuda a los demás y que los demás te ayudan a ti.
Hoy ha sido un gran día, entre otras cosas por eso. Por los mensajes. Por recibir un correo de un tipo al que no conozco de nada, pero al que he ayudado, que me dice "si algún día te aburres de Madrid, vente por aquí. Nos hace falta gente como tu". Eso es. Saberse útil, saberse bueno.
Y eso hay que celebrarlo. Como decía d. Salvador por la ilusión, por las ganas. A seguir sonriendo por las mañanas, porque a Joe le sorprende, pero él también lo hace. Y a seguir haciendo sonreír a más gente.
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