miércoles, 26 de diciembre de 2018

Corrupción e inseguridad


El otro día hablaba sobre corrupción y me daba cuenta de que, lo que entendemos aquí por corrupción, es una visión muy superficial del problema. Corrupción es que un político robe dinero y no se construyan obras públicas, pero también lo es colocar a nuestro amigo para el puesto de trabajo, escaparnos de pagar impuestos, recibir un dinero que no nos corresponde. Corrupción es dificultar la labor del Estado, por ejemplo avisando de donde hay radares o controles.
El problema es que la corrupción entra despacio y solo se ven sus efectos al cabo de mucho tiempo. Y entonces ya es demasiado tarde, porque se ha convertido en "lo normal". El problema real es que la corrupción acaba con la confianza en el Estado y, una vez perdida la confianza, es difícilisima de recuperar. Vas a un juicio y no sabes si el juez será justo. Te para la policía y no sabes si aplicará la ley. Solicitas una licencia y dudas si llegará a tiempo o hay que sobornar.
"Hay que". El problema de la ausencia del Estado es que la función de este es mediar en los conflictos para conseguir el interés general. Que no es mi interés, sino el de la mayoría. Y claro, a veces yo pierdo. Esa es una de las reglas del juego y hay que entenderla, aceptar que para poder vivir en un espacio compartido tengo que renunciar a parte de mi libertad. Pero mientras no lo hagamos, mientras solo defendemos al Estado cuando nos ayuda y facilita nuestros objetivos, entonces estamos debilitandolo. Y al debilitarlo, nos debilitamos a nosotros mismos.
"Si no crees que deba existir la Guardia Civil, cuando roben tu casa llama a los Cazafantasmas".
"Si no das partidas para sanidad, luego no te quejes de las listas de espera"
Y demás otras frases de este estilo, son una forma de hacer consciente a la población de que las herramientas del Estado no están al servicio de un determinado elemento, sino de todos. Se puede (y se debe) cuestionar la gestión de los recursos, exigiendo transparencia, eficacia, eficiencia. Pero eso son principios fundamentales de la Administración y, o se cumplen, o son exigibles. Lo que es peligroso e irresponsable es cuestionar la existencia misma de esta o su utilidad. Porque existen otros entornos donde no hay y su ausencia causa una diferencia fundamental entre la vida allí y aquí.
Me gustaría reflexionar un poco más sobre esto, pero me voy a dormir. Quizás vuelva. O quizás no. Pero es un tema interesante.

Las mejores Navidades de mi vida


¿Quién me iba a decir a mi que todo podía salir tan bien? Días tan buenos, con tan buena compañía y haciendo tantas cosas. Que todos estuviéramos a gusto. Que la gente se riera, compartiera... eso que aparece en las películas pero nunca creemos que pase en la vida real.
Que maravilla. Casi no me lo creo.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Algunas ideas a tener en cuenta


Hoy he ido al medico a dejarme aconsejar. Porque llevaba unos cuantos días algo locos y porque no tengo demasiado claro lo que me está pasando.

El medico me dijo los siguientes apuntes:

- El trabajo es tiempo, esfuerzo y conocimiento a cambio de dinero. No hay emociones ahí.
- Te conviene repartir tu vida entre todos los aspectos. Persona, familiar, social, laboral y de pareja.
- Cuando tu cabeza te diga algo que las evidencias te demuestran que es falso... pelea contra ello. No dejes que la duda eche raíces.
- No te pases de sincero. Las emociones extremas son para los poetas; la gente de verdad filta.
- No rescates a tu pareja. Acompáñala a ser ella misma.


Si uno es alérgico a los pimientos, debe evitar tomas pimientos. Sí uno sabe que tiende a minarse a uno mismo, tiene que poner remedio a esa situación. Mantenerse ocupado constantemente no es bueno, porque simplemente lo que haces es posponer el problema. Ni tampoco crearse situaciones de estrés para luego poder quejarse de que uno está estresado. La solución es vivir bien, fluir, dejar las cosas que no tienen solución, preocuparse de aquello que merece la pena preocuparse. Hay que entender que, a veces, lo mejor que se puede hacer es no hacer nada.
Aún tengo que digerir todo lo que me han dado para procesar hoy. Pero me siento muy bien. En general, creo que es un apunte hacía como ir en la dirección correcta. Y dejar que las cosas avancen hacía donde tengan que avanzar.

Que difícil es surfearse a uno mismo



Hay días en que todo te va bien y piensas que, pase lo que pase, sabrás lidiar con ello. Hay días en que el mero hecho de levantarte ya te quita las ganas de todo. Y hay días en que, en media hora, pasas de un estado al otro quince veces.
Lo que pasa es que no estamos solos en el mundo. Existimos en un entorno de relaciones, responsabilidades, desafíos. También en un mundo de relax, de confidencias, de humor, de amistades. Vivimos en un mundo de emociones e inspiraciones, a la vez que de esfuerzos y sacrificios.
¿Cómo lidiamos con todo eso? Esa es la pregunta que debemos contestar. Y a veces, aunque estamos super convencidos de conocernos a nosotros mismos y saber que pasa dentro de nuestra cabeza, nos equivocamos.
Me conviene tomarme las cosas de otra manera. Pero no sé como hacerlo. Quizás es el momento de preguntar.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Te conviene qué



Ayer hablábamos sobre cosas que pueden mejorar en nuestra vida. Muchas veces, decimos "tengo que" o "tenemos que". Y es mucho más interesante convertir esa frase en "me conviene" o "nos viene mejor que...". Tener implica una obligación y una presión, una cierta angustia, mientras que convenir deja todo el margen a la elección y reduce el estrés.
Esto es importante. Cuando decimos que el idioma no nos condiciona estamos diciendo una tontería inmensa. De hecho, Ira decía que no entendía como parejas que no compartían un idioma podían llegar a sentirse siquiera atraídas. Que el físico está muy bien pero eso aburre. Y no le falta su punto de razón.
Esto es interesante meterlo en mi vida. Yo soy muy dado a frases taxativas, sobre todo conmigo mismo. Durch Streit zum Sieg, hacía la victoria a través de la lucha. Este es un eslogan nazi, pero en cierto sentido lo he hecho mío. No concibo conseguir algo sino es mediante el esfuerzo, el sacrificio.
Y eso no es necesario. En muchas ocasiones es mejor... simplemente hacer lo mejor. O como decía el Pater, elegir entre lo bueno y lo mejor. No todas las elecciones son a cara o cruz, blanco y negro. Y, al igual que es bueno dudar, es bueno preguntarse porqué dudamos y como dudamos.
¡Hay tanto margen de maniobra! Es fantástico pensar que aún queda tanto por aprender.

martes, 27 de noviembre de 2018

¿por qué todo el mundo está tan triste?



Estoy fijándome en la situación a mi alrededor y, o soy yo, o hay una ola de tristeza recorriendo el mundo. Parejas que se rompen, grupos de amigos que no se hablan.. hasta los rusos y los ucranianos (que no ucranios) van a empezar otra ronda de su baile. Y la verdad, no tengo muy claro porqué. Puede que sea el clima. Puede que sea la proximidad de las Navidades. O quizás el trabajo y el estrés que conlleva el fin de año en tantos sitios. Pero ninguno de esos motivos me parece suficiente para justificar lo que, desde fuera, se percibe como el fin de una era.
¿Por qué esa apatía y esa falta de motivación? Por los días más cortos, la rutina... el verano que queda atrás ya olvidado, ni siquiera un buen recuerdo.
Quiero ser optimista. Y seguro que será mejor. Tiene que serlo.

Aprender a vivir sin ti



Hace unas semanas, cuando nos vimos, te acusé de haberte montado una vida en la que yo no pintaba nada. Y tu me explicaste que era eso, o volverte loca. Porque la ausencia duele, la ausencia corta, y uno no puede estar viviendo en dos realidades a la vez.
Y tenías razón. La independencia consiste en que, si alguien aparece en tu vida, sume. Pero que si no aparece, puedas seguir adelante como si no pasara nada. Al fin y al cabo una pareja, un amigo, un familiar, solo es una relación. Alguien que se comunica contigo y que te une al mundo. Pero no es el mundo. Tienes múltiples relaciones, actividades, desarrollos. Puedes hacer muchísimas cosas y quedarse parado contemplando solo una opción te elimina de todas las demás.
Hay que ser libre. Es la única forma de ser digno, de respetarse a uno mismo. De crecer. Y compartir algo con alguien no implica ser esclavo de esa persona o esa relación.
Estoy haciendo cosas y voy a hacer más. Voy a construirme una vida en la cual, si vienes, todo será mejor. Pero no puedo dejarla parada esperando a que tu vengas, porque ese no es mi espacio. No puedo construir nuestro espacio sobre las cenizas del mío, sino dejar un margen, un hueco en blanco que pueda ser rellenado más adelante y vivir en lo que queda.
No es tan complicado. Cuando compartes piso con alguien, cuando trabajas con gente, cuando organizas un viaje en el que no vas solo... en todas esas decisiones hay relaciones de subordinación, pero también hay un espacio independiente. Hay que centrarse en ese espacio, desarrollarlo, hacerse cómodo dentro de él.
Ayer, pasando frente a un muelle, vi a un hombre bajando la basura. Y recordé como, en otros lugares, yo he tenido esa sensación que probablemente tendría él. ¿Qué demonios es este sitio? Mejor me vuelvo al barco. Porque el barco es el hogar. Y me di cuenta de que no la he tenido en mucho tiempo, de que "el hogar" ha sido solo en determinados instantes.
Tengo que dejar de mirar el hueco en la foto y seguir adelante. Y tengo que disfrutar haciéndolo.

¿No te sientes lo suficientemente querido?


Ayer estaba pensando sobre este tema. Sobre como la percepción condiciona nuestra realidad y no es "somos queridos" sino "nos sentimos queridos".
El afecto o sus demostraciones es un dialogo. Hay gente que te quiere muchísimo pero no sabe demostrártelo. O gente cuyas demostraciones tu no percibes. Esa persona que te saluda con una sonrisa siempre que te ve. Ese amigo que te pregunta como estás. Son formas de decir "te quiero, tío. Me importas".
Si hablamos de amor romántico ya es más difícil. El amor romántico es un dialogo y, a veces, estamos distraídos. No prestamos atención o nos centramos demasiado en nosotros mismos y en nuestro entorno. No percibimos la realidad. Si hay distancia, además, es especialmente complicado. No se es consciente de la realidad de la otra persona y surgen inseguridades, celos, miedos. Es necesario mantener una comunicación constante, apoyarse mucho, compartir. Si una de las dos personas es reservada, muy sarcástica o egoísta, está condenado al fracaso. No por un rasgo de las relaciones a distancia, sino porque exigen un esfuerzo extra que esas personas no son capaces de hacer.
Hay dos frases que se me vienen a la cabeza ahora mismo. Una es "cada uno da lo que tiene" y la otra es "me merezco algo mejor". Ambas frases son tramposas, claro. La primera da por hecho que la gente no puede cambiar y ofrecer mejores versiones de si mismo. Yo lo estoy haciendo y no soy tan increíble, otras personas también pueden. En cuanto a la segunda, volvemos a James Rhodes hablando del capitalismo en las relaciones. ¿Qué es algo mejor? ¿Más fuerte, más rápido, más grande? Mejor en una relación es que me haga sentir mejor y, sinceramente, hay que plantearse que una relación son momentos buenos y momentos malos.
No. No creo que la pregunta del enunciado sea una pregunta correcta. Es una pregunta egocéntrica. Si bien la única persona importante en mi mundo soy yo, y esto es obvio, también me relaciono con otras y, el fruto de esas relaciones, no es una recompensa para mi. El fruto de esas relaciones es una interacción que produce el fruto, así que yo también tengo mi parte en cuanto a sentirme bastante querido. Tanto en percepciones como en conductas.
Tengo que pensar más sobre esto.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Sobre relaciones



El otro día Pedro me explicaba las relaciones mediante un gráfico. Hay dos líneas que van paralelas. Y en un momento dado se cruzan. O se separan. O se para una y la otra sigue. Y luego esta sigue más rápido.
Eso representa el momento vital. En un determinado momento de nuestra vida nuestra pareja es la prioridad. En otro el trabajo. En otro nuestros amigos son nuestra relación más importante. En otro nuestros padres. O la pareja.
Y en cada momento, existe una pregunta. ¿Esto merece la pena para mí? ¿Me compensa? Porque en toda interacción existe una elección. Entre hacer o dejar de hacer. Entre estar o no estar. Entre moverse o quedarse. Y todas esas decisiones, esas elecciones, deben ser libres y conscientes. Yo no creo en el sentimiento de culpa, en la lastima, en la esclavitud. Yo creo que entre iguales debe existir comunicación y confianza y naturalidad. Y que de ese dialogo constante, de ese mirarse a los ojos, debe surgir algo que conteste a la pregunta. A veces es un silencio compartido. A veces una palabra, un gesto, un momento.
Es complicado. Y para mí es muy nuevo, esta idea de "nosotros" en lugar de "yo". Y es complicado establecer una forma de sentirse cómodo, sin forzar ni olvidarse de uno mismo. Pero merece la pena. Tiene que merecer la pena. Y en muchísimos momentos ha sido así.
A veces, uno tiene que pasar hambre. Para que nos demos cuenta de lo valioso que es disfrutar de la comida. Si no, la vida sería demasiado fácil y eso siempre me produce sospechas.

Dudar es humano



A veces, miras atrás determinados momentos y decisiones de tu vida y te preguntas si fueron las correctas. Y a su vez, te preguntas si el camino que estás llevando es el que quieres llevar. Si no estás aquí porque no te surgió otra opción.
En un momento dado, alguien aparece en tu vida. Y esa persona se impone sobre el resto del universo. Y de repente... esa persona y tu no estáis como siempre. Son crisis. ¿O es la consecuencia de una forma de ser? Resulta que ese rasgo que te gustaba y apreciabas... ¿sigues pensando así? ¿O quizás otras consideraciones te distrajeron?
A veces, tengo la sensación de que somos balas perdidas. De que somos electrones que giramos en el vacío y que este es tan grande, tan enorme, que nos resulta inconcebible la idea de que haya otro electrón en el universo. Y entonces nos chocamos. Pero... ¿podemos decir realmente que somos los únicos electrones del universo? ¿Qué todo va de la forma en que tiene que ir? ¿Cómo podemos tener seguridad sobre nuestras decisiones?
No somos criaturas hechas de piedra. Somos sujetos volubles, creados en el conflicto entre nuestro entorno, nuestras aspiraciones y nuestras realidades. Y de ese choque surgen decisiones, en un sentido o en otro.
Este ha sido un fin de semana durillo. Después de una semana dura. Y no sé si mejorará. Lo que queda es hacer todo lo posible porque las cosas vayan bien, para estar bien. Hay que luchar por ser feliz.
Y a veces, cuesta.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Proyectos


Como me pasa siempre que vuelvo, llevo una semana "expansiva", con la cabeza metida en dieciocho proyectos. Quiero jugar a esto quiero pintar lo otro quiero escribir aquello... no sé porqué, a veces me dan esos impulsos. Como si tuviera un vacío interior y necesitara llenarlo ya, sí o sí. Y la verdad, no lo entiendo. Esos vacíos interiores lo unico que hacen es generarme presión, porque casi todos esos proyectos esconden un impulso de sociabilizar. De comentar con gente, de charlar, de hacer cosas. Casi todos esos proyectos, incluso el de escribir, son proyectos conjuntos. Implican salir de casa, conocer otra gente, ir a otros sitios.
¿Por qué? ¿Por qué me tiro a cosas para no pensar en lo que tengo entre manos ahora? ¿Por qué no me paro a disfrutar del momento? Quizás porque tengo la cabeza puesta en el mañana y estoy tachando días del calendario, con lo que no disfruto lo que estoy haciendo ahora.
Es un error. Tenemos que aprender a disfrutar de lo que hacemos ahora de lo que somos de con quién estamos. Dejar de mirar el móvil. Y hay que empezar a hacerlo ya, antes de que se nos acabe el tiempo. Porque si pensamos tanto en el mañana, cuando llegue estaremos ansiosos, nerviosos, con miedo de equivocarnos. Repito, es un error. Hay que hacer las cosas porque nos apetecen, no porque tememos equivocarnos.

No empujes. Desconecta


Hay un refrán que dice "el que no llora no mama". Correcto. A veces. Y en determinadas situaciones. En otras, cuanto más empujas peor es. Y esto es importante tenerlo en cuenta porque, sin darnos cuenta, muchas veces presionamos. Y lo hacemos sobre gente o situaciones que no saben como digerir esa presión.
Hay que equilibrarse. Hay que estar bien uno mismo y crear una rutina que lo haga feliz. 
Y hay que hacerlo solos. Porque nos hemos acostumbrados a colgar del móvil, a colgar del facebook, a colgar de... 
Hay que entender que estamos solos. Y que nuestra felicidad depende de nosotros mismos. Una vez comprendamos eso y consigamos construirnos una rutina buena que nos haga feliz... lo demás va solo. 
Así que animo. Y a por ello. 

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Madurar es tomar decisiones


Hoy charlaba con una colega que dice que quiere ser su propio jefe. Pero porque está cansada de su trabajo. Y cuando le he preguntado que quiere hacer dice que no lo sabe.
La vida no consiste en escaparse de un sitio. Consiste en ir hacia algún lado. Consiste en saber que el camino será difícil pero que merecerá la pena.
Cuando tenemos quince años pensamos que, una vez crezcamos, todo será como queremos. Pensamos que el mundo se plegará a nuestra voluntad y, cuando nos dicen lo contrario, lo desechamos. ¿Eso como va a ser? Los adultos hacen lo que quieren.
Y luego nos damos cuenta de que no es así. Pero ante cualquier problema en la vida existen dos alternativas. Podemos afrontarlo o esquivarlo. Si lo esquivamos, lo único que estamos haciendo es posponerlo.
No tiene sentido. No sirve. Es mejor asumir el entorno, comprobar las herramientas a nuestro alcance y empezar a trabajar en una solución. Es la única forma en que nos sentiremos bien con nosotros mismos, por nuestro poder transformador. Nosotros hacemos nuestro entorno. Y si no podemos trabajar en las circunstancias externas, deberemos trabajar en nuestra percepción de ellas.
Le deseo mucha suerte a mi colega, pero no le veo buen camino. La negación o la huida no suelen ser buenas bases con las que comenzar ningún proyecto. Aunque ojalá me sorprenda.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Vocabulario agresivo

Tenemos un problema con la despenalización del lenguaje. Empleamos palabras muy extremas con normalidad, lo que las vacía de carga y contenido. Se habla de "censura" cuando nos critican un comentario, de "terrorismo" cuando nos insultan. Se usan exageraciones y cuestiones fuera de lugar como algo habitual, supongo que porque gracias a Dios, no tenemos que sufrir el verdadero.
Pero buena parte del mundo sí lo hace. Es una falta de respeto a aquellos que sufren una dictadura de verdad, decir que en España "no existe libertad de expresión". O cuando a alguien lo apedrean hasta la muerte en su país, decir que en España "existe una persecución sobre el colectivo X".
Quiero creer que empleamos ese vocabulario tan extremo por falta de conocimiento, en lugar de porque queremos generar una alarma desmedida o provocar emociones en nuestros oyentes. Y quiero creer que lo hacemos sin ser conscientes de las reacciones que pueden provocar ese vocabulario tan agresivo.
Es decir, quiero creer que somos más tontos que malos.
El problema de emplear gratuitamente palabras brutales es, por un lado, que las vacían de contenido. Y por otro lado, que el que las escucha las entiende como lo que son. Si hablamos de que ha tenido lugar "un genocidio" hablamos del exterminio de poblaciones enteras. Y eso va a provocar horror y repulsión de forma natural. Si luego resulta que ha sido una pelea de bar... la decepción destruirá nuestra credibilidad.
- continuará-

martes, 6 de noviembre de 2018

Como aprender algo


Hoy me he sorprendido a mi mismo leyendo en otro alfabeto y entendiendo cosas. ¿En qué momento he interiorizado esos conocimientos?
Mientras pensaba en eso, me daba cuenta de que hay cosas que he conseguido entender de forma natural, pero que ahora estudio y comprendo porqué. Y me he dado cuenta de que, en mi caso, el proceso de aprendizaje va por escalones y cada escalón comprende un ciclo completo. Primero me intereso por algo. Me documento. Práctico. Y luego vuelvo a lo que he leído, comprendiéndolo. En mi caso no existe simplemente la práctica o la teoría; ambos elementos componen un mismo ejercicio, mediante el cual algo nuevo aparece en mi vida y se queda.
Ese ciclo es aplicable a tantísimas cosas. Lo único que debemos tener claro, si queremos aprender algo, es que tenemos que abrir la mente, esforzarnos y ser curiosos. Y entender que existen periodos de trabajo y periodos de descanso para conseguir que algo entre a ser parte de nuestro mundo.
Si queremos, podemos. Solo hay que querer.

No dejamos a nadie atrás


El otro día me estaba preguntando que había pasado y porqué seguíamos así. Y hoy, volviendo, pensaba en tu amiga de Crimea que tiene esquizofrenia y en tantos amigos que tienes con problemas.
Y dices que yo soy demasiado bueno para este mundo. Mira quién fue a hablar.
Pero me gusta. Me gusta que no te rindas, que seas fiel a tus principios. Que una vez decides que alguien es importante como para quedarse en tu mundo, le hagas que se quede. Me gusta que seas una luchadora y que seas tan generosa con tu tiempo y con tu afecto.
Yo no lo soy. Y no me lo merezco. Pero desde que te conozco estás obligándome a sacar lo mejor de mi, a crecer, a esforzarme. Y no voy a dejar pasar la oportunidad. Quiero ser mejor persona. Y gracías a ti, lo voy a hacer.
Así que gracias. Y que sepas que esto lo aprendo.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Otkuda salas pechal?



Es el estribillo de una canción de "Kino" que se llama precisamente Pechal (pena). Kino son un grupo ruso que es el equivalente creo yo a Mecano de la Unión Soviética. En una época en que todo era raro y nadie sabía de que íbamos, esa gente sacaron unas canciones que se sabe todo el mundo. Ya he comentado alguna vez como flipé cuando, en Ucrania este verano, unos chavales de instituto borrachos con una guitarra  estaban cantando una canción de ellos. Un grupo que se disolvió en el noventa y algo, más o menos como si me encuentro a pibes de instituto en Cádiz cantando algo de Heroes del Silencio.
A lo que iba. El estribillo se pregunta "¿de donde sale esta tristeza?" y es una buena pregunta. Todos tenemos historias. Todos tenemos fantasmas. Y a veces vamos a visitarlos o a veces nos visitan ellos. Eso es bueno. Hay que mantener vivo los referentes, saber de donde venimos para entender a donde vamos y, quizás, incluso porqué.
Pero hay que dejar que los fantasmas descansen. Hay que entender que lo que hicimos o hicieron está hecho y queda ahí. No hay que removerlo. Es importante cuidarse, por ellos y por nosotros. Para hacer una historia digna, para mantenernos en el camino. La tristeza tiene que mantenerse a raya.
Eso sí, sin dejar asuntos pendientes. Porque esa pechal, esa tristeza, seguramente venga de algo que enterramos y aún estaba vivo. Algo que quisimos decir y no dijimos, algo que sentimos y nos hemos comido. Algo que se quedó debajo de la alfombra y ha crecido hasta ser un monstruo que nos come.
No puede ser. No es justo. Así que quizás haya que desempolvar las alfombras, revisar las historias y corregir lo que haya que corregir. Entonces, ya contestada la pregunta, podremos seguir adelante. Más ligeros de espíritu y de corazón, pero con la misma fuerza y ganas de hacer las cosas bien. Porque merece la pena. Tiene que merecer la pena.

Señor, ten piedad



Atención, oración


Tu que dispones de viento y mar
Haces la calma y la tempestad
Ten de nosotros Señor piedad,
Piedad Señor
Señor Piedad.


Hay momentos en la vida en que uno no sabe muy bien a donde mirar. Momentos en que uno está perdido y no tiene referentes, en que no recuerda como llegó aquí ni a donde quiere ir. A veces, hay momentos en que uno cree que sabe donde está pero realmente no tiene ni repajolera idea.
Por eso es bueno pararse y reflexionar. Y la oración o la misa, que son cosas de las que yo llevo toda la vida renegando, a veces son un buen momento para ello. Es un sitio donde se te obliga a estar callado, donde tienes que seguir un ritual y puedes dejar que tu mente vague libremente. Casi como cuando corres, solo que en este caso es algo que no haces habitualmente y puedes dejarte sorprender. Bajas la guardia.
Relajarse es una de las cosas más difíciles que existen, cuando has construido tu vida en torno a estar siempre preparado y a dar siempre el 150% de ti.


"Madre es la palaba que significa Dios en las bocas y los corazones de los niños" o algo así recuerdo que decían en "El Cuervo". El hecho de que nuestras madres nos quieran, después de todo lo que les hacemos, les hemos hecho y peor aún les vamos a hacer, es señal inequívoca de que Dios existe. O eso, o hay algo que está muy jodidamente mal con nuestras cabezas. Porque vaya tela. Y sin embargo ahí siguen, inasequibles al desaliento. Siempre fuertes, siempre cariñosas, siempre con un abrazo o un plato de tortilla o una habitación donde quedarte cuando todo lo demás se va a la mierda.
Piedad señor, señor Piedad. Cuida de nuestras madres. Deja que nosotros cuidemos de ellas. Porque no existe nada más grande que eso. Porque todo lo que hacemos o dejamos de hacer debe estar orientado a recibir el amor que nos dan y a crear más. A hacer del mundo un lugar mejor. Porque para eso venimos, o al menos eso creo yo. Y tenemos que hacer nuestra parte, aunque sea pequeñita, porque puede suponer una enorme diferencia para alguien.
A por ello. A por otro día. A hacer que merezca la pena.

domingo, 14 de octubre de 2018

A veces...



A veces pasa, que crees que estás bien y no lo estás. Que te ves contento y fuerte así que tiras para adelante. Y luego dudas. Porque de repente algo te ha hecho encogerte o una parte de ti se arrastra y tira de ti para el fondo.
Entonces no sabes que hacer. Y te das cuenta de cositas que antes no le dabas importancia. De tu hogar, ese que nunca habías tenido y que ahora de repente empezaba a crecer, como un jardincito. Como si hubieras dejado un terreno vacío, la lluvia hubiera caído y ahora estuviera creciendo algo.
No puedes seguir dejando cosas atrás. No puedes hacer como que nada te afecta y seguir dirigiéndote hacía el horizonte, porque lo que llevas contigo no se va. Eso sigue pesando en la mochila. Y a veces, una piedrecita que en circunstancias normales no te haría nada, ahora te destruye.
Hay que saber cuando parar. Y hay que reconocer los problemas y afrontarlos. Hay que saber salir de uno mismo. Y hay que entender.


Hoy he ido a misa. Hacía muchísimo que no lo hacía. He ido pensando que algo está mal conmigo... y parece como si la palabra fuera para mi. Me ha venido muy bien. Como le dije a Ira en su momento, cuando no sabes que hacer deja que la vida te guie. Te dará signos y te mostraré que es lo bueno para ti, incluso aunque tu no lo creas. Solo tienes que escucharte a ti mismo y escuchar al mundo.
A veces es difícil. Sobre todo para los que, como ella, son cabezotas y están acostumbrados a conseguir cosas solo mediante mucho, muchísimo esfuerzo. Pero a veces, hay que dejarse llevar.
A veces lo único que uno necesita, es dejarse llevar.

sábado, 13 de octubre de 2018

Cuando tu vida no depende de ti



Existen determinadas circunstancias en tu vida en que tus circunstancias condicionan tus decisiones hasta el punto de que... bueno, de que no decides. Cuando yo tenía apenas quince años mi abuelo me contó que él entró en el Ejército, pero no se quedó porque la principal obligación de un hombre es para con su familia. Esta es una conversación vieja que he tenido en diversas ocasiones.
Gracias a Dios, hasta ahora no he estado en una guerra. Siempre se ha podido racionalizar, entender, actuar. Hasta ahora he dado con gente maravillosa y extremadamente humana. Pilar, la civil que trabajaba conmigo en Madrid, estuvo casi un año yendo al trabajo a veces porque su madre tenía cáncer y era lo único que tenía en la vida.
Pilar es una grande, por cierto. Parece que no, ahí metida con sus ordenadores y sus cosas frikis, pero ahora mismo me encantaría poder hablar con ella.
En los momentos en que tu vida no depende de ti, solo puedes agarrarte agarrarte. Abrazarte a las cosas buenas, intentar ser positivo. Dar lo que puedas. Como decía Adolfo el otro día, el carácter te obliga a ser así. A dar y no recibir. Y eso está bien. Pero cuando eres así tienes que empezar a racionalizar. Porque llega un momento en que das y no te queda nada para ti.
Ayer hablaba con Aivis, el letón, que dice que a él le viene pasando así siempre. La gente acude a él para que los apoye. Porque es un tío firme, es un tío fuerte. Yo lo he sido. Dominik lo es. Por suerte, muchos de mis amigos lo son. Mi problema es que ahora no tengo ninguno de ellos cerca y estoy rodeado de gente que no me entiende, que es diferente. Pero lo superaré. De alguna forma o de otra, lo superaré y volveré a sonreír y disfrutar de la vida.
Porque ahora tengo miedo.

Bog s tovoi



Ayer por la noche me escribiste que estabas borracha y contenta y venías de vuelta a casa. Yo te dije que disfrutaras. Que mañana hablaríamos, que vivieras el momento.
Luego, reconociendo mi tristeza, te dije que te echaba de menos. Tu me contestaste "Dios te ayudará".
Bog s tovoi. No sé ni siquiera si estábamos juntos en esa época, creo que no. Fue el día internacional de la poesía y Natalia me lió para que leyera un poema. Tu me presentaste "Na samem dele" (en verdad). Un poema precioso sobre pasarme toda la vida buscándote. Como he dicho, llevo toda la vida preparándome para ti.
El poema, en cambio, no es un poema alegre. Habla de todo lo bueno compartido y acaba con una despedida. Que Dios te acompañe o que Dios sea contigo. Bog s tovoi.
No quiero perderte. No sé que sería de mi vida sin ti. Y sin embargo.... como decía Sabina, y sin embargo.
La gente piensa que estoy loco. Que quiero dejarlo todo por ti. Que me he vuelto un adolescente.
La gente no sabe nada. Tu eres la que me ha dado cuenta de lo que es importante en la vida. Tu me has abierto los ojos. A los viajes cogidos de la mano. A los atardeceres en el sofá comiendo nachos con guacamole. A verte ponerte guapa y no creérmelo. A que te rías de mi porque voy hecho un trapo.
Pero a muchas otras cosas que yo pensaba que venían solas y no. A un billar y unas cervezas con Charlie. A un futbolín medio borracho. A que Joey y yo nos curtamos el lomo jugando a muñequitos. A la tranquilidad del salón de mi casa después de comer con mi madre. A ir a la playa en bici. E incluso a las cosas que no me gustan. A salir de la cama demasiado temprano para coger el coche e irme a Rota. A ir a clase a las cuatro, apenas con un bocata en el cuerpo. A que mi madre de cincuenta mil vueltas para contarme algo que, realmente (na samem dele) no me importa una merda.


Tu me has dado todo eso. Y no lo voy a perder. Incluso aunque te pierda a ti, que ojalá que no porque aún puedo darte mucho. Aún podemos ser un equipo y podemos compartir mucho. Y la historia que empezamos durará lo que nosotros queramos que dure.
Pero si no, bog s tovoi. Y muchas gracias por todo. Eres, desde que murió mi hermano, lo mejor que me ha pasado en la vida. Y aunque da un poquito de miedo, lo reconozco y celebro.
Gracias. Gracias por tanto bueno.

Cuando se te acaba la gasolina



Durante muchísimos años he sido una figura de referencia. He sido aquel al que se acudía cuando no se sabía que hacer. He sido el hermano, el padre, el colega. He sido el ídolo. Y siempre he renegado de ese rol porque yo no quiero ser un líder. Yo soy un compañero, otro más agarrado al remo y tirando.
Me he venido abajo. Y la gente no para de señalarme con el dedo y decirme "¿ves todo lo que has conseguido? Lo vas a perder". Y no se dan cuenta de que, todo eso, lo he conseguido solo. Con mi esfuerzo. Nadie me ha regalado nada. Y todo eso vale tanto como vale mi esfuerzo, mi voluntad para conseguirlo y defenderlo. Vale tanto como mi sacrificio.
Y ahora me pregunto. ¿Cuánto he sacrificado? ¿Cuándo acaba el sacrificio? ¿Cuándo puede uno plantearse "ya basta"? Imagino que es legítimo para todo el mundo elegir bajarse. No puedo más. Necesito unos días. Necesito un descanso.
Pero no para mí. Ya ha empezado. El señalarte con el dedo, juzgarte, acusarte. Todo el mundo sabe más que tu. Todo el mundo opina. Algunos lo hacen con la mejor intención y otros por maldad. O por envidia.
Hoy recuerdo algo que me dijo d. Adolfo el otro día y que me encantó. Cada uno da lo que tiene. Yo siempre he dicho que no se puede pedir a nadie algo que no es capaz de dar. Mi jefe, que es una bellísima persona, no lo entiende. Porque no puede entenderlo.
Me dicen que madure. Y no ven que, precisamente, es lo que estoy haciendo. Madurar es entender que todos somos distintos y perdonar y aprender. Yo hablo cinco idiomas. Pero no le digo a alguien que es incapaz de hablar dos "cualquiera puede. No te estás esforzando lo suficiente". Porque además de injusto es cruel.
Pero la crueldad tiene su lugar. Funciona. Sirve para algunas cosas. Me estoy endureciendo. Y va a ser para bien. Siempre es para bien, demonios. Aunque sea para reconocer quienes son mis amigos y quienes no y quien soy yo.

viernes, 12 de octubre de 2018

Sigue nadando, nadando, nadando



Dentro del proceso de reseteo emocional en el que me encuentro, ayer mi hermana tuvo un momento estelar. Básicamente me dijo " si tu siempre nos dices que hagamos esto... ¿por qué no lo haces?".
A veces, necesita uno un espejo y una cachetada. También necesita silencio complice. Y a veces, que le digan "para, por ahí vas mal". Uno necesita amigos.
Faltan. Faltan mucho y más ahora mismo. Acabo de leer un artículo en JotDown donde dice que los amigos se hacen antes de los treinta, porque entonces se comparte aburrimiento. Que cuando uno tiene amigos para hacer esto o lo otro o amistades construidas sobre elementos comunes, no son amistades reales.
Hasta cierto punto lo comparto. Estar encerrado con alguien mucho tiempo te permite formar una cierta amistad. Debería. Porque efectivamente estáis compartiendo aburrimiento y, además, no tenéis más que apoyaros los unos en los otros.
Pero no pasa. Porque alguna gente tiene un carácter de una determinada manera y hay elección. No todos tus compañeros son tus amigos. De hecho, puede que con suerte, alguno lo sea.
Da igual. Eso no te va a arreglar ni a complicar la vida. Tienes que entender que habrá gente que quiera ayudarte y gente que no. Como decía d. Adolfo (no el de la chirigota, sino el cirujano), cada uno da lo que tiene para dar. Y con eso se trabaja.
Yo estoy agradecido a la gente buena. La que me ha ayudado y me ayuda. Y no pienso ni siquiera tener en cuenta a los que no. Porque a veces la gente no te ayuda no porque no quiera, sino porque no sabe. O porque su forma de entender el mundo no le da pie a entender tu postura.
Que ojo, que puede que yo esté equivocado. No soy perfecto ni infalible. Pero cuando me mojo, a veces puedo decir que llueve. Es lo más probable. Y no considero que sea histérico decir que, la lluvia, moja.
Una vez dejado esto claro, el bajonazo que me ha entrado esta tarde se acaba aquí y ahora. No pienso permitírmelo. Mi madre ayer me dijo algo que es una gran verdad: "tu madre no se merece eso".
Así que a por ello. Dignidad, demonios. Levanta la cabeza y que no se diga. A por otro día. A seguir.


P.D: En ruso no existe una palabra para "navegar". Se dice "plavat", que significa nadar. Aunque los marinos no dicen que los barcos navegan, sino que van "idiot". Ya, suena mal, pero es el verbo en ruso, que le vamos a hacer. Me encanta aprender idiomas.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Hola, chica



Una de las cosas que he perdido en este agujero en el que me he metido yo solo, a base de creer que podía comer hierro y que la soledad afecta a los demás, pero a mi no, es la capacidad para fascinarme y sorprenderme. Es la capacidad para percibir, no mis necesidades, sino lo que el entorno me responde. Para disfrutar de la comunicación, del espacio, del momento. La semana pasada sucedió algo un poco loco, pero lo resolvimos como solemos. De forma absurda, ridícula, divertida y practica. Que dicho así suena complicado de entender, pero yo sé lo que me digo.
Somos unos personajes. Te felicito el cumpleaños, me dices que que saludo más formal, te digo que le eches las culpas a mi secretaria, me dices que esperas que al menos folle bien, porque escribir no escribe una mierda. Y lo hacemos como si tal cosa, porque somos así. Ayer te preguntaba a cuanto se cotiza el "te quiero" en bolsa hoy. Tenemos nuestro propio lenguaje y nuestra propia forma de vivir, entre la desesperación, la angustia, el miedo, el dolor, el esfuerzo, la alegría, el entusiasmo, la pasión. Tenemos un mundo hecho entre los dos.
Y yo no puedo tocarlo. Hablo contigo como si no te conociera, porque no me conozco a mi mismo. No me encuentro en esa persona extraña que me mira desde el espejo, que sale en las fotos. Que no sonríe.
Pero de alguna forma extraña tu sigues ahí. No sé por cuanto tiempo ni como. Teníamos un plan. Pero los planes cambian, igual que las personas. Ahora tu tienes algo en tu vida importante, algo que te llena y hace feliz, algo que te hace crecer. Y a mí me encanta y te apoyo con todo. No sé cuando o si ese algo me sustituirá. Ahora mismo yo soy unos caracteres en una pantalla o, como mucho, una voz al otro lado de una línea que se corta y salta. Ayer intentaba recordar tu cara a mi lado o el tacto de tu piel y no podía. Y creo que eso es lo que más me duele y me corta.
Pasará lo que tenga que pasar. Como en su momento pasó para un lado, puede pasar para el otro. No quiero gotear desesperación. Porque realmente lo que necesito es estar bien, estar fuerte. Por mi, por ti, por mi familia, por todos. No "podrías llamarte Jesús", sino que soy lo que soy. Yo no me doblo, no me rompo, no me hundo. Yo sigo.
Y espero poder volver a verte algún día y decirte "hola, chica".

¿Y cuando se te acabe el amor, que harás?



Hoy recordaba una conversación de hace años. Eva, una amiga mía y compañera, me decía asombrada "Ale, tu amas el trabajo. No es que te guste, es que lo amas. Como el que ama a una pareja". Yo me quedé pensando, porque la verdad que era una idea que en otras ocasiones se me había asomado por la cabeza, y asentí. Era cierto. Nunca lo había dicho, pero lo era.
Entonces ella hizo, como solía y suele, una pregunta inteligente. "¿Y cuando se acabe el amor, que harás?".
Yo lo pensé un rato y me encogí de hombros. Irme, supongo. No tiene sentido funcionar en el grado de intensidad, pasión y compromiso en el que yo lo hago sin amor. Sin amor... es ridículo, absurdo, hipócrita. Es un insulto a aquellos que realmente creen.


No sé en que momento se acabó el amor. No sé si fue después de lo de mi hermano, que no supieron cubrir. No sé si precisamente lo de mi hermano dejó un montón de preguntas que no pude responder con "trabajo". Quizás dejó de ser suficiente. Y poco a poco me fui alejando. Me fui alejando en los viejos gruñones que no creían en esto, pero aún así mandaban. En los jefes que no cuidaban ni ayudaban a los suyos. En la gente a la que le daba igual, pero te pasaba por delante. En tan poco amor, tan poca gratitud. En tanta frialdad, que acabó pegándoseme a la piel y manchándome.
Cuando uno está en un sitio pequeñito, el mundo es pequeñito y tu amor sufre escasos ataques. Pero cuando sales al Gran Mundo, tienes que llevar una armadura porque hasta la lluvia te va a raspar la piel.


Este año han pasado demasiadas cosas. Ha habido demasiados cambios. Empecé el año solo en casa, yéndome a dormir prontito y corriendo temprano al día siguiente. Cuando Ronald volvió, comentamos que solo atraíamos basura humana. Él dijo que eso era demasiado pero yo le asentí. Lo era. Aún así, era una vida no demasiado mala. Luego cambió mucho. Y cambió para mejor, con una serie de cambios locos y descabellados que me pusieron la cabeza a dar vueltas.
Y de repente, se paró. Y ahora estoy en un espacio sin tiempo, en un tiempo sin espacio. Estoy en medio de la nada y tengo tiempo para pensar, demasiado. Para darme cuenta de que, igual que empezó, puede acabar. ¿Pero no es así con todo? Que hay algo planeado, pero los planes pueden cambiar. No están escritos en piedra. Dependen de la voluntad que tengan las personas de cumplirlos. Y que, aunque existan contratos, compromisos y obligaciones, todos ellos contienen clausulas que permiten romperlas ante motivos de fuerza mayor.
Yo no puedo seguir en este camino. Si lo hiciera, estaría mintiéndome a mí mismo y a toda esa gente a la que mando un correo el doce de noviembre, celebrando mi aniversario. Aún así, no consiste en inmolarse. Cuando se acaba el amor, uno no construye una pira y quema toda su vida. Uno encuentra medios de entenderse y de separarse, de forma que duela lo menos posible.


¿Puede ser que un amor haya sustituido a otro? No lo creo. Hubo historias locas antes. Hubo historias muy locas. Y este amor, tan importante para mí, es tan temporal como todo en la vida. Incluso algo más, porque no depende de una persona sola sino de dos. No. Al contrario de lo que mi madre pueda pensar, no me arruino la vida por una mujer. Me arruino la vida por años de soledad, tristeza, dolor... por la traición a unos ideales y a unos sentimientos. Por la violación de un compromiso que, d. Antonio resumió en "mientras tu des todo, nosotros cuidaremos de ti".
No han cuidado de mi. O quizás yo no les he dejado que lo hagan o no hemos sabido hacerlo.
Y por eso estoy como estoy.

Ronald

Hace muchos meses, en un lugar muy muy lejano, yo tuve una crisis de ansiedad parecida a la que tengo ahora. De no dormir por las noches, no comer, no querer hacer nada. Entonces estaba en mi casa y podía permitírmelo, no estaba obligado a ponerme un uniforme y hacer como que sonrío.
El caso es que, volviendo a aquella situación... que demonios voy a contar de que iba. Fue cuando me declaré a Ira y ella se fue para Granada con Nastya, diciendo que no sabría si volvería o no. Ese fin de semana en que no supe si volvería o no, me desesperé. No quería perder a una de las mejores amigas que había tenido nunca y a la primera persona con la que podía pasarme hablando horas y horas en muchísimo tiempo.
Y ahí estaba Ronald. Es un tío curioso. No ha aparecido demasiadas veces por aquí y reconozco que no le he hecho demasiada justicia. Es alguien que sabe lo que quiere, alguien claro, alguien seguro de si mismo. Es un oficial del ejército alemán y un tío de honor, alguien en quién se puede confiar. A veces es un poco inocente y otras demasiado egoísta, pero en general es un buen tío. Y le suele caer bien a la gente, claro, porque sabe transmitir esa bonhomía.
Como decía antes, ahí estaba Ronald. Y tras proponerme dieciocho planes, de los cuales yo no quise hacer ninguno y seguí encerrado en el cuarto jugando al ordenador, me sacó con un plato de "macarrones a la Buen Pastor" (básicamente con salchichas y tomate o pesto), una de Starship Troopers y palomitas con cerveza. Con mucha cerveza.
Vive Dios que la peli es mala. Pero es mala de una forma que resulta buena. Y la cerveza fue funcionando y, en cierto sentido, me calmé. Dejé de mirar al móvil dejé de volverme loco. Entendí que, lo que tenga que ser, será y que no depende de mí.
Aquel día, Ronald hizo por mí mucho más de lo que en otras ocasiones yo hice por él. Porque muchas veces lo único que necesitamos es alguien que esté a nuestro lado, que nos apoye y que deje que la vida siga su curso. Que lo hará. Hay muchas cosas que no dependen de nosotros pero, si actuamos con la cabeza clara, con el corazón honesto y sabiendo lo que queremos, de una forma u otra llegaremos. Quizás no a lo que queremos, pero sí a lo que necesitamos.
Gracias, Ronald. No puedo comunicarme contigo, así que te dedico esto. Gracias. Eres un amigo.

Hasta donde llega la desesperación



Ayer hablaba con la que todavía es mi novia y me decía que tenía que bajar el nivel de desesperación, que la estoy asustando.
Y bueno, a veces me asusto a mí mismo. Una de las características de "rápido, duro e inmisericorde en la consecución de los objetivos" es la parte de "inmisericorde". Si uno está realmente decidido a hacer algo, la pregunta es cuanto. Y una vez tienes el cuanto, ya la desesperación pasa a ser el medio, no el fin.
El miedo puede conquistarse. La cuestión es hacerlo con la cabeza fría, calmado, tranquilo. Entonces es cuando se hacen las cosas bien. No sirve de nada desesperarse, gritar, perder las formas. No. Eso es un error. El enfoque correcto es ver el mundo con ojo claro y actuar en consecuencia. Las emociones, si bien son un motor de acciones, no pueden ser las que nos guíen. Hay que saber lo que queremos y como lo queremos.
Hoy me hice un par de preguntas en ese sentido. ¿Estoy dispuesto a...? Todavía no. ¿Y a...? Sí. Todo dependerá de como vaya evolucionando la situación, pero a fecha de hoy me coloco una serie de cartas en la mesa.
Porque hablar está visto que no sirve de nada. Determinadas situaciones no pueden ser comprendidas, porque se carece de los elementos para ello. Ese es el problema. Que creemos que podemos acometer un problema sin entenderlo. Yo no me pongo a arreglar un motor. Busco a alguien que sepa. Pero hay gente que cree que, con su mejor intención, basta.
Y si fuera así, no existirían profesionales.
Pero esto es un pataleo y no tiene sentido. Lo guardo aquí porque el otro día estuve saltando por mensajes míos al azar y me gustó mucho. Y me gustaría pensar, dentro de un tiempo si todavía estoy por aquí y puedo leer esto, que fui alguien claro. Alguien digno de respeto.

martes, 9 de octubre de 2018

Gracias por las palabras



Cuando mi hermano murió, vino una profesora que había tenido y me contó una anécdota con él. Y me pareció tan interesante y tan bonita, que llevé un cuaderno al tanatorio y le pedí a todo el mundo que, si podía, redactara alguna anécdota que tuviera con él. De esa forma haríamos un álbum de palabras hecho de recuerdos. Y alguna gente lo hizo. Cuando veo que no puedo más, que la angustia me come, me asomo a ese álbum y lloro.
Porque hay algo enorme en la palabra escrita. Hay algo intensísimo, intimo, en la forma en que dirigimos letras y construimos con ellas una comunicación. Es una botella con una carta dentro, dedicada a algo o a alguien. Es muy grande.
Asomandome aquí descubro cosas de mí. Descubro la alegría con que este año he celebrado a mi familia, a mis amigos. Descubro lo importante de conocer, de viajar, de aprender. Descubro quién y qué soy. Y en esta sopa de letras donde puedo perderme, encantado, descubro algo fundamental.
Porqué hay que seguir creciendo aprendiendo y viviendo. Porque esto no se acaba sino que sigue creciendo, sin parar. Y va a seguir haciéndolo. Así que gracias. Muchas gracias.

En algún lugar de la mar



Mi última entrada es de Junio. No puedo leerla desde aquí así que no sé que contiene. Me encuentro en algún lugar no lejano al ecuador, muy al este, navegando. Desde primeros de julio estoy metido en esto. Reconozco que empecé recalcitrante, porque estaba involucrado en un proceso vital que para mí era (y quizás todavía es) el más grande en el que me he implicado nunca. Montar una familia.
Me explico. Para los que me conozcáis, sabréis que llevo soltero muchísimo y que la búsqueda de una compañera era uno de mis talones de Aquiles. Y de repente, voilá, apareció. Casi sin quererlo. Y por una vez yo hice todas las cosas bien. Hablé razonablemente, propuse, di espacio, tiempo y dejé que las cosas crecieran solas. Fui fluyendo y dejándome llevar, pero también supe cuando dirigir y cuando proponer. Y la otra persona respondió, maravillosamente. Durante semanas vivimos una luna de miel entre locuras y el futuro parecía esperanzador y glorioso.
Pero me salió esto. Una vez más, el trabajo se metió en medio de mi vida. Y no supe o no quise o pensé en las oportunidades... así que aquí estoy. Navegando otra vez. Desde Julio.
En principio éramos optimistas. Creemos en nosotros y podremos hacerlo. Y poco a poco se fueron acumulando los días. Videollamadas y llamadas en algún puerto. Whatsapps. Al principio la ansiedad era enorme por su parte y, poco a poco, la balanza se ha ido alterando hasta que ahora está cargando muy fuerte en la mía.
No puedo controlarlo. Estoy navegando solo. No tengo amigos aquí, ni planes, ni futuro. Simplemente un día sucede al otro. Trabajo, entreno, como, duermo. Y mientras tanto la otra persona sigue con su vida. Ha encontrado un trabajo. Y puedo que pronto encuentre a otra persona. ¿Quién sabe? Yo a fecha de hoy soy solo unas letras en una pantalla.
Y vive Dios que, si hay alguien que merezca mi confianza, es ella. Pero todos somos humanos.
No es la primera vez que me pasa. Pero intento que sea la última. Ya he vivido demasiadas veces como, mi necesidad de irme, deja a otra persona detrás y a una historia inconclusa. Que no sea por mi parte. Voy a hacer todo lo que pueda por arreglarlo.
Porque esto me está matando. No duermo, no como. Me tiemblan las manos. Y todo lo que tengo es la frustración de estar aquí encerrado, otras dos semanas y contando. Miras el calendario, que parecía que iba tan rápido y no. Sigue ahí. Clavado. Y llamas a casa y casi te echas a llorar cuando te dicen que se han encontrado a un amigo por la calle.
Ya no te acuerdas de lo que es eso. Son tres meses. Tres meses de siempre las mismas paredes, la misma gente, los mismos ruidos. Y las últimas semanas han sido las peores porque ha cambiado gente pero tu sigues. Y sabes que, lo que te queda por delante, es casi lo mismo que llevas por detrás.
Pero está en ti. Tu vas a encontrar algo bueno en todo. Ya volver al blog es el primer paso. Leer pensar escribir. Voy a bucear y reencontrarme. Y cuando pueda, encontraré la alegría de vivir que se me escapa día a día. Tiene que merecer la pena. Aunque sea por volver a casa.

La capacidad de crear



Buenos días. Hace muchísimo que no me pasaba por aquí, probablemente influenciado por la luna de miel en la que viví desde abril hasta julio. Y encantado de la vida.
No creí que esto funcionara y me alegra encontrarme con esta sorpresa. Una vez hecho el proemio o introducción, paso a hablar del tema del título.
Decía Nietzsche que lo que define al hombre es su capacidad para manipular su entorno. Para cambiar cosas, crear espacios, diseñar. Para ello tiene que usar sus manos y su cabeza y la relación entre estas cosas es lo que le da una idea de su propia valía.
Estoy en un momento y en un lugar en el que nada está a mi alcance. Mis manos llevan atadas varios meses. Y esto me está afectando, gravísimamente. He perdido autoestima y perspectiva, he perdido empatía. Me he perdido a mi mismo. Vuelvo a este espacio, este blog, donde durante semanas y meses y años he ido creando un personaje, una historia, unas reflexiones. Vuelvo aquí porque este blog, sobre todo, tiene una función terapéutica. Es mi cofre del tesoro de mi cabeza, de mi vida, de mis experiencias. Y vuelvo para encontrar quién soy, para hacer un back-up de mí mismo.
Porque tenemos que crear. Cuando todo se hunde a pedazos a nuestro alrededor y no sabemos quien somos... hay que coger papel y lápiz, o una guitarra, o una piedra. Algo. Hay que proyectar nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestra intensidad. Somos algo más que una serie de acciones o un personaje sobre un papel. Somos elementos transformadores del entorno y al hacerlo, nos reivindicamos. Yo no seré yo si no consigo escribir, leer, sentir, pensar. La vida tiene que ser algo más que trabajar entrenar comer dormir. Tiene y debe y será algo más, porque nosotros lo vamos a hacer.
Este es mi impulso que me trae aquí. Y con esta introducción, empiezo.

martes, 5 de junio de 2018

Que gran fin de semana



Otro de tantos. Y la verdad, ya casi se me confunden los nombres. Arcos, Setenil, Ronda, Tarifa, Bolonia. Son nombres pero son mucho más que nombres. Son horas de coche y música y conversaciones y cenas y atardeceres y abrazos y amigos. Son momentos fantásticos que se quedan con uno, fotos en el álbum de nuestra cabeza.
Y sale así, tan natural. El otro día me dijeron que decir que sí también aburre, mientras comíamos algo en el Burry King. Todo aburre, pero cada historia es distinta y se vive en primera persona del singular.
Para mí, este fin de semana ha sido hermosísimo. Y el que viene también lo será. Está en nosotros. Y lo vamos a hacer.

Una vida en dos velocidades



Hasta ahora mi vida se dividía en dos periodos; rutina y ocio. En el periodo de ocio, viajaba, conocía gente, hacía cosas. Expandía. En el periodo de rutina me recuperaba, descansaba, entrenaba, preparaba, ahorraba. Un periodo equivalía vagamente al otro y me iba organizando como buenamente podía.
Ahora todo ha cambiado. Ha cambiado desde hace unas semanas o meses y me cuesta encontrar el ritmo. Y sin embargo, me encanta. El cambio es para mejor y lo siento. Simplemente tengo que empezar a recortar actividades o distribuir el tiempo de otra manera. Me imagino que debe ser como esa gente que conozco que tiene hijos y le falta vida, pero está encantado.
De todas formas es un periodo de transición. Pronto vienen nuevos desafíos y cuestiones. Hay que aprender y adaptarse, hay que entender lo nuevo. Y disfrutarlo. Con películas y series y conversaciones y comida y momentos.
A veces, la tensión se acumula hasta que parece que va a explotar. Y ese es el momento de relajarse, dejar que todo fluya y compartir. No es tan difícil. Simplemente hay que entender que es otro ciclo. Y cuidarse. En todos los niveles, cuidarse uno y cuidar a los que tenemos cerca.
Hay que aprender como funciona esta nueva vida. Pero seguro que merece la pena.

"Estás muy cambiado"



Existen muchas formas en las que confrontamos nuestra imagen de la identidad de una persona contra la que él mismo defiende. La frase que da titulo a este artículo es una de ellas. En mi vida es una frase que he encontrado a menudo, normalmente después de algún cambio existencial que, para mí, no ha supuesto ninguna diferencia. Voy a tirarme un poco de la moto; es una frase de consumo propio. El que la emite no la dirige al oyente, sino a sí mismo, para justificar algo que él cree que debería ser. Como si, después de ver a tu compañero comerse un chuletón, dijeras "estás más gordo". Sin tener ninguna prueba empírica ni molestarte en comprobarlo, sino porque, según tu punto de vista, sería terriblemente injusto que esa persona se comiera un chuletón sin sufrir ningún cambio.


Falta empatía y respeto. Lo digo mucho pero tengo que insistir. Me molesta muchísimo cuando la gente se mete en la vida de los demás, saca conclusiones disparatadas y proyecta ese discurso. Todos deberíamos pararnos un momento a pensar antes de hablar, yo el primero. Porque entonces te encuentras con violaciones de intimidad absolutamente groseras. "Estás muy cambiado" es una de las frases que más me molestan, en la línea de "hasta cuando te quedas" o "y cuales son tus planes". Normalmente vienen por parte de gente que no está interesada en que tu les respondas, sino que se confirme la respuesta que ellos ya tienen preparada antes de hablar.


Creo que, realmente, todos podríamos dedicar un poquito de esfuerzo a interesarnos honestamente por aquellos que nos preocupan y dejar en paz a los que no. Y entender que la conversación ligera, aquella que solo busca entretener y compartir un espacio, rellenar tiempo, no puede llegar a grandes niveles de profundidad. Y una vez tengamos eso claro, asumir que no conocemos de la persona que tenemos delante más de lo que ella muestra y nosotros deducimos. Y que ni una cosa ni otra son verdades absolutas e inmodificables.


La única constante en la vida es el cambio. Teniendo eso en cuenta, en lugar de lamentar que las personas sean diferentes deberíamos redescubrirlas y celebrar ese descubrimiento. La vida se vive mirando hacia delante, en nuevos proyectos, nuevos escenarios, nuevos desafíos. En el momento en que perdemos eso de vista e insistimos en dirigir la realidad a nuestra visión de ella, a un pasado idílico que quizás nunca existió, nos equivocamos. Y nos seguiremos equivocando.
Pues claro que estoy muy cambiado. Y a la vez, soy totalmente igual.

viernes, 1 de junio de 2018

Eres lo que eres


A medida que te haces mayor, tu identidad cada vez se vuelve más asentada y profunda. Más dificil de cambiar y más estable. Y con esa estabilidad viene una cierta... tranquilidad, una forma de afrontar la vida. Tienes claro en que dirección te mueves y puedes dirigirte a otros proyectos. El suelo bajo tus pies es más firme; puedes proyectar.
La ventaja de la estabilidad es que te da un punto de partida, pero a su vez te cuesta más salir de tu zona de confort. Te ciega a la realidad y te hace creer que, como ahora estás bien, siempre va a ser así. Te acomoda. Por eso no hay que olvidar de desarrollar nuestras capacidades y no quedarnos solo en una única faceta. Hay que ser más cosas.

viernes, 25 de mayo de 2018

Quiero ser esa persona de tus articulos



Una vez cada par de días, aproximadamente, escucho algo que me deja asombrado. Que me fascina, me abre los ojos y la mente, me deja pensando. No pasa mucho tiempo sin que me hagan sentir cosas que no sabía que podía sentir, sin que me fascinen. Un gesto. Una expresión. Un plato. Cada día que vuelvo me encuentro algo nuevo y todo me gusta. Y no es algo que diga porque queda bien o por tener un detalle, sino porque realmente es un nuevo mundo. Yo, que no soy una persona que dude a la hora de decir cuando algo no le gusta (si bien lo hago en un estilo muy educado, rollo "I'd rather not"), realmente no encuentro nada que reclamar. No hay nada de lo que me queje.


Y eso me fascina. Porque yo, que soy incapaz de elegir algo, he elegido y me encanta. Y yo, que suelo mirarme con bastantes buenos ojos, no estoy a la altura. Pero me esfuerzo.
Eres esa persona de mis artículos. Eres mejor que esa persona de mis artículos, porque todo fluye. Porque donde había estrés y miedo y tensión, ahora hay esfuerzo y voluntad. ¿Certeza? Eso no existe. Cada día es una aventura. Pero las cosas no son mejores ni peores, solo distintas. Tenemos cada uno la espalda del otro y, aunque a veces no lo sepa decir, valoro muchísimo todo lo que estás haciendo.


En mis artículos no hay una second pilot, una support unit, una rubia más guapa de la calle, una "hola, chica". O quizás si lo hay, pero fluye entre muchísimas otras cosas. Lo más profundo, lo que tenemos pegado al corazón, eso solo se manifiesta en nuestras acciones. Cuando amigos te dicen "estás distinto, más feliz" o cuando otros te dan su bendición... ya lo sabes. No necesitas que nadie te confirme lo que ya sabes. Pero está bien que venga, que crezca, que se siga moviendo. Si tienes algo bueno en tu vida, no temas enseñarlo. Nadie va a hacerte algo que tu no les dejes que te hagan.


Como decían el miércoles, "vive el momento". Pero créeme, por increíble que parezca, la realidad supera a la literatura. Y yo no sé ni como decirlo.

Crea tu hogar



Ese espacio al que deseas volver, donde te sientes cómodo y puedes crear. Donde el tiempo pasa más rápido, pero te mueves sin desplazarte. Donde eres tu.
El hogar es donde quieres y te quieren. Y hay muchísimas formas de cariño. Lo que yo no sabía y estoy descubriendo es que el hogar no es "mi espacio donde te permito que vivas", sino ese espacio donde vivimos todos. Donde yo y quién esté puede pintar un cuadro y colgarlo, recoger unas flores y ponerlas en un vaso.
Y estoy recibiendo una sobredosis de atención. Yo siempre he entendido la comida como "eso que te metes en el cuerpo para seguir adelante", pero de repente se ha convertido en un placer. Siempre he entendido el llegar a casa como "tirar las cosas y dejarme caer en algún lado", pero ahora hay una sonrisa y un abrazo esperándome. E intento mantener la compostura y no volverme adicto a esto... pero es demasiado bueno. Da miedo pensar que haya una vida sin ello, pero la hay. Y mi casa, que hasta hace poco era una inversión o un sitio donde quedar con amigos, de repente es un hogar. Un espacio de conversaciones interesantes, de té y café. Y los días se pasan sin que lea, sin que coja el móvil, sin que haga otra cosa más que disfrutar del espacio compartido, del tiempo compartido. Y no tengo prisa ni hambre ni... nada.
Ojalá todos vosotros encontréis algo como esto. Y ojalá todos seáis lo bastante inteligentes como para entender que todo pasa, que el tiempo no perdona nada y que llegará un momento en que solo os quedará la oscuridad. Pero que mientras tanto, el tener un sitio al que volver, tanto física como mental como emocionalmente, os da fuerzas para crecer, para enfrentar desafíos, para ser.
Ojalá tengáis un hogar. Ojalá tengáis la fuerza para hacerlo y encontréis a alguien que os haga ser más de lo que sois. Y como decía Moe, el amor solo crece y encontréis como aplicarlo.

Te echo de menos

Mi vida en general es el punto intermedio entre dos fuerzas opuestas; querer irse y querer quedarse. Descansar y activarse. No querer nada y quererlo todo.
La única forma que conozco para ser feliz es concentrarse en lo que haces, en lo que vives, en lo que quieres. En lo que compartes. Entendiéndolo así, con un horizonte manejable (quizás una semana?) los días se vuelven plenos y la historia, las historias, fluyen.
Pero hay otra dimensión. La escala de los meses y los años que caen como una losa. De repente, llegas al vestuario y te das cuenta de que ya ha acabado otro invierno. Tu segundo aquí. Y te preguntas que ha pasado en este tiempo que merezca la pena. Repasas tu álbum de fotos mental. Y sonríes. Han pasado muchas cosas y muchas buenas. Otras se han quedado por el camino, porque no eran tan importantes. Hay muchos más libros en la estantería y en la cabeza, más canciones, series, miniaturas, gente. Hay muchas tardes magnificas y carreras y sueños y momentos. Decía Kerouac que no recordarás los días que pasaste cortando el césped, pero se le olvidaba decir que depende del césped. O que puede que recuerdes, que cosa, el abrazo que te dieron después de cortarlo.
He dicho muchas veces que, de las formas de decir "te quiero" una de mis favoritas es "te echo de menos". Cada día lo digo y cada día lo siento. Y me gusta. Me gusta mirar atrás sonriendo y adelante sonriendo y me gusta que al día le falten horas para todo lo que quiero hacer, pero que nada de eso sea importante mientras compartimos.

jueves, 17 de mayo de 2018

Rencor

A veces, pienso que no tengo claro quien soy. Que en mi interior conviven varias personas y que se van dando paso, unas a otras, para dirigir el cotarro. A veces mis cambios de humor me inquietan.
No considero que sea una persona rencorosa, porque el rencor es terriblemente poco eficaz. Si uno "guarda" un agravio durante meses, eso lo único que consigue es agriarle el carácter. Se te pudre en la nevera y todo te sabe peor. Te contamina.
Pero a veces, uno tiene que devolver los golpes, incluso aunque sepa que va a perder. A veces, uno tiene que levantarse y hacer oír su voz, aunque solo la escuche uno mismo. Porque lo contrario es humillarte, es perderte. Es renunciar a tu dignidad mínima, a esa que como ser humano te corresponde.
A veces, no puedes ser amigo de todo el mundo.
Y eso está bien. Uno tiene que elegir un campo y en que lado de él se delimita y, a partir de ahí, tomar decisiones y asumir consecuencias. Estoy empezando a entender que, el rencor, no es guardar en tu interior rabia esperando para descargarla. No. El rencor bien entendido es plantear un tipo de relación con una persona y obrar en consecuencia.
El otro día hablaba sobre que, para mi, existen dos tipos de criaturas. Seres humanos y seres no humanos. Yo no pierdo el tiempo con aquellos que no me aportan cosas; para mi, es como si no existieran. Me parece que esa clasificación, que tan bien parece irme en lo personal, voy a tener que exportarla a otros entornos. Y dejar que todo vaya como tenga que ir, aunque me perjudique.
Claro que, una vez asumida una postura de conflicto, ya solo queda continuar el enfrentamiento hasta donde llegue. Y sé que perderé. Pero ya lo decía Ibárruri y no le faltaba razón.

Falta madurez

Cada año tienen lugar problemas, discusiones y conflictos. Decía José Bonaparte que "España es el único país del mundo donde entran diez personas a pedir café y piden diez cafés distintos: americano, largo, solo, manchado, con leche,..."
Y lo sigo viendo. Día a día. La falta de flexibilidad, de voluntad, de compromiso. El "yoismo" (como odio esa palabra), ese egocentrismo que es incapaz de ver más allá de mi realidad. Ese "que se joda el de al lado". Sin ser consciente de que lo que damos es lo que recibimos y que, va a llegar un momento, en que nuestra falta de visión de futuro provoque que nos veamos en una posición complicada.
No puedo decir que me parezca correcto. La falta de empatía, de solidaridad, solo crea problemas. Rencor. Llega un momento en que la otra persona, que estaba dispuesta a colaborar, no lo está más. Comienzan las malas caras y las discusiones. Los problemas. A veces, es tan fácil como sacrificarse un poco. Pero cuando una parte deja de querer colaborar, la otra tampoco lo hace. Ese es el momento en que empieza el "salvese quién pueda" y los multiplicadores de esfuerzo, ese aumento de capacidades que sucede cuando dos mentes empujan en la misma dirección, desaparece.
Ese es el momento del liderazgo. De explicar las cosas, de ponerse al frente. De sacrificarse, uno mismo, para dar ejemplo y poder desatascar una situación complicada y enquistada. El liderazgo comienza con mirarse a uno mismo y entenderse, con creer en lo que hacemos y en quienes somos y en asumir responsabilidades.
Pero es difícil. Para mucha gente, el liderazgo consiste en dar ordenes y que la gente obedezca. Por eso existe toda una literatura sobre el "líder formal" y el "líder informal", cuando es algo que debería de entenderse instintivamente. Liderar consiste en ser ejemplo. Y madurar consiste en asumir que, a veces, no podemos ponernos las gafas de cristal rosa y ver el mundo a través de ellas.

"Esposa de"



Ayer hablábamos sobre equilibrios en la pareja, independencia y prioridades. Hablábamos sobre encontrar trabajo y compartir un espacio y una vida. La libertad, como tal, es un arma de doble filo porque si bien por un lado el abanico de opciones es enorme, cada camino que elegimos nos obliga a descartar todos los demás.
No hay soluciones fáciles. No creo en ellas, pero tampoco creo que "la vida es dolor". Existe algo en tu interior que te dice lo que está bien y lo que está mal y, mientras escuches esa voz, irás bien. Porque la única forma de vivir feliz que conozco es concentrarse en el aquí y ahora y no plantearse todos esos caminos que podríamos haber tomado, pero no lo hemos hecho. Una vez tomamos una decisión, lo único que nos queda es mantenernos fiel en ella y tener la suficiente cintura como para adaptarse a los cambios que vayan sobreviniendo.
Es difícil. Claro que es difícil. Cuando uno elige comprometerse en un proyecto conjunto, sacrifica parte de su independencia para compartir un espacio, un tiempo. Un proyecto. Pero como en todo proyecto conjunto, siempre que haya comunicación y empatía puede llevarse adelante. El principal riesgo que veo yo es el egoísmo, el silencio, la falta de respeto. Cuando uno se convierte en la parte dominante y deja de escuchar, en la otra parte crece la frustración hasta que la situación se agría. Y ahí es donde se conoce a la gente, cuando están pasando situaciones difíciles y tienen que apoyarse el uno al otro.
Y sin embargo, merece la pena. Yo me planteo un montón de opciones y la mayoría me parecen viables, con el enfoque adecuado. Y aún digo más, me siento motivado. No me daría vergüenza ser "el esposo de" por un tiempo, igual que entendería que alguien fuera "mi esposa" por un determinado periodo de tiempo.

jueves, 10 de mayo de 2018

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Suele ser un error hacerse la pregunta de arriba. Normalmente la respuesta suele ser: "te ha tocado, no has hecho nada." O "esto, lo otro y aquello". Tanto una como otra respuesta no resuelven tu principal cuestión, que es que o no lo quieres o no sabes que hacer con él.
Es más fácil. La vida es mucho más fácil que eso. Si te toca algo bueno, aprovecha y disfruta. Y no te lo plantees demasiado. Si te toca algo malo, aprieta los dientes e intenta que te duela lo menos posible. Y no te lo plantees demasiado. Porque las cosas van a seguir su ritmo natural y todo evolucionará como tenga que evolucionar.
Como decía Jesús, "cuando uno tiene que comerle el culo a un perro, no sirve de nada mirarle el rabo". Así que es un poco absurdo preguntárselo. Mejor simplemente fluir. Y a veces llegará la oscuridad, porque hay días malos y agobios y soledad y tristeza... pero eso también es parte de la vida. No puede haber días buenos sin días malos.
Ayer un amigo me recordó lo que es importante y lo que no. Y hoy pienso que, de acuerdo, hay que seguir dando gracias por lo bueno y seguir viviendo, hay que hacer las cosas bien. Hay que creer y crear. Y compartir. Y enseñar. Porque no hay nada que esconder, si uno está con la gente adecuada. Y si no está con la gente adecuada, ya tarda en irse de ahí y reunirse con los buenos.
Que largas se me hacen las horas, cuando tengo la alegría tan cerca.

Cuida tu espacio



Ayer hablaba con alguien especial para mi, que estaba inquieta. Preocupada. Y resultó que todo tenía su origen en una conversación con un "amigo", que le había "sugerido" que se estaba aprovechando de una situación y que era una mantenida.
No dejes que entre en tu vida gente que no te respete. No dejes que entre en tu vida gente que te haga daño, gente que no te valore.
No dejes que entre en tu alma alguien que tenga los pies sucios.


La semana pasada sucedió algo que me dejó bastante molesto. Ya es la segunda vez que me pasa algo así en un mes. Y está bien, porque conocemos a las personas de nuestro entorno. Es desagradable cuando uno se da cuenta de que tiene gente en su vida que no merece estar. No porque seamos personas increíbles y necesitemos un "examen de acceso" o algo así para ser parte de nuestro mundo, sino por pura sanidad emocional. Igual que uno evitar comer con las manos sucias o comida podrida, hay determinada gente con la que es mejor no relacionarse, o hacerlo en unos términos muy limitados. Porque son gente dañina. Hace años le dije a un compañero: "para cuestiones de trabajo, cuenta conmigo. Para todo lo demás, yo no existo". Y fue una reacción muy extrema, pero basada en una serie de experiencias que me obligaron a tomarla.
Cuídate. Cuidarse empieza por conocer los propios limites y capacidades, saber lo que podemos hacer y lo que no. A partir de ahí conoce tu entorno. Que tienes alrededor y como es. Y manipula tu entorno de forma que sea lo más positivo y armónico con tus capacidades

lunes, 7 de mayo de 2018

Fin de semana de enfermedades



"En la salud y en la enfermedad" es una formula clásica que aparece mucho en las películas americanas. Y la verdad, nunca me la he tomado ni remotamente en serio. Estoy acostumbrado a no ponerme malo pero, cuando me ponía malo, las opciones eran dejarme que me fuera curando y cada uno seguir con su vida.
Este fin de semana me han atendido. De verdad. Con cariño y preocupación, hasta el momento en que me he sentido incomodo. Es raro. Alguna vez decimos en broma que "estoy aprendiendo a vivir" y es verdad. Nunca me he visto en una situación como la que estoy ahora.
Y me gusta. Me gusta ir probando, me gusta ir cogiendo la medida. Me gusta poder sentarme al lado de alguien e ir viendo sus reacciones, acomodando las mías. Ayer estuvimos haciendo cosas en familia. El problema es un poco el idioma; yo puedo acomodarme pero el resto de mi mundo no parece estar muy por la labor. Hay que globalizarse.
Pero lo hemos hecho más o menos bien. Y hoy la gente está mejor y seguro que iremos poco a poco mejorando. Y mientras tanto, hemos visto True Detective y comido cosas sanas y pasado ratos de extraño humor psicópata nuestro. Y mucho cariño y atención.

Feliz día de la madre



Ayer era uno de esos días que, en palabras de mi madre, inventó el Corte Inglés. "Día de la Madre" como una excusa para, entre el sentimiento de culpa y la presión social, comprar regalos y hacer un acto de homenaje.
Y la verdad, cuanto mayor me hago más cuenta me doy de que, el mejor homenaje, es dedicar tiempo a alguien. Es prestar atención y cariño, es compartir momentos, es dar alegrías. Es explicarle a los demás las cosas buenas que te pasan, a la gente que te quiere, de forma que tengan algo para celebrar. Es no dar problemas, pasarse a echar un rato, compartir historias. Es sentarse en el sofá con el perro, poner un plato de comida y llenar la mesa de gente, es el cenicero donde van cayendo las colillas que dejan todas ellas.
El día de la madre es hacer que, esa persona que te ha dado y dedicado la vida, venga y se vaya de tu casa con una sonrisa. Y poder quedarte con la sensación de misión cumplida.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Me gusta que me cuides



Me gusta que me quemes la parte despeluchada del jersey y que te asegures de que vaya presentable. Me gusta que te preocupes de que coma y descanse. Me gusta que seas orgullosa y no dejes que te invite, me gusta que mires el futuro y quieras que las cosas vayan bien. Me gusta que seas generosa y hagas regalos a mis amigos. Me gusta que quieras un mueble para las especias, que quieras ser parte de familia. Me gusta que escuches mis historias y a veces digas "a nadie le importa". Que a veces te sientas angustiada por lo que venga mañana y que otras veces te dé todo exactamente igual.
Me encanta tu sonrisa. Me encantan tus ojos de un azul imposible. Me encanta tu cintura, me encanta tu andar desenvuelto, orgulloso. Me encanta estar en el trabajo y pensarte, me encanta llegar a casa y verte. Me encanta que cojas un autobús para esperarme, caminar junto a ti, escuchar tu voz. Me encanta la cara que pones cuando fumas, cuando estás pensando demasiado, cuando no estás pensando en nada.
Me gusta que existas. Me gusta que seas parte de mi mundo y que lo hagas mejor. Me encanta la curva de tu cuello, el arco de tus cejas, la cascada de tu cabello, el relámpago de tus orejas. Muero con tu cara de conejo loco, con tus piernas infinitas estiradas sobre el sofá, con tus ojos abiertos de búho. Con tu cabeza en mi hombro, con mi brazo en tu cintura. Con los calcetines estirados sobre el airbag del coche, preguntando si la policía te dirá algo.
Me gusta que mi piso sea un hogar desde que estás en él. Y me gusta que sigamos fluyendo, sin darle importancia a nada, un día detrás de otro hasta que se acabe... o no. Y que vivamos día a día. ¿Demasiado rápido? Nosotros marcamos el ritmo. Y nadie salvo nosotros sabe lo que está bien y lo que está mal.
Me gusta que me cuides. Y me gusta cuidarte.

Bicho



Ayer estuvimos comiendo con unos amigos y conocí al novio de una amiga mía. Y la verdad, coincidió con lo que me esperaba. ¿Sabéis esa alegría cuando conoces a alguien con quién te entiendes y te llevas bien? Pues algo así fue. Y lo mejor fue verlos juntos. Compartiendo, bromeando, riéndose. Cuidándose el uno al otro y, a la vez, buscándose las vueltas.
A veces, no sé si me estaré equivocando. Si estaré a la altura, si cuando llegue la oscuridad sabré hacerlo. Y en cierto sentido creo que sí. Porque ayer hablaba con este hombre y... demonios, lo entiendo. Y comparado con su situación, la mía es "fácil". Nosotros tenemos más medios, más capacidades. Lo único que puede que nos falte es tiempo y rodaje, pero eso lo iremos construyendo poco a poco. Y tenemos respeto y cariño y paciencia y voluntad y muchísimo carácter. Así que puedo ser optimista, porque creo que merece la pena serlo.
Aún así, siempre es inspirador ver gente que crea y comparte. Ver gente con iniciativa y sentido del humor y ganas de vivir. Gente con curiosidad y humana, gente que se emociona. Ayer recordé dos momentos. Uno, cuando Ira estaba haciendo el Camino de Santiago y conoció a una italiana que estaba saliendo con un chico de Cádiz. Ira bromeando le dijo "los chicos de Cádiz son los mejores" y la italiana le dijo "por supuesto, eso lo sabe todo el mundo". Y el segundo momento que recordé es cuando le conté a Natalia que estaba mayor para algunas cosas y me la encontré mirándome con cara de pena. Porque existe gente que, de naturaleza, es buena. Gente que quiere ayudar a los demás y hacer buenas cosas. Y esa gente hay que cuidarla y apoyarla, porque son ellos los que hacen del mundo un lugar mejor. Aquella cita de Bertolt Brecht sobre la gente que lucha toda la vida sigue siendo cierta, porque el mundo sigue necesitando gente así.

Sumando kilometros


Y la lista de pueblos a nuestras espaldas sigue creciendo. Lagos y Portimao y Faro y alguno más que nos habremos dejado por el camino. Y tenemos pendiente Grazalema y podrían haber sido más, pero estabamos cansados y tampoco teniamos muchas ganas.
Que locura de fin de semana. Que locura de días. Como se suceden uno a otro con la mayor naturalidad y paseamos y comemos y hablamos y vemos series y quedamos con gente... como todo sucede como si fuera lo más natural del mundo. Como planeamos un futuro sin dejar de mirar a la carretera, como nos reimos y hacemos bromas absurdas, como estamos juntos. En San Fernando o en la luna.  Y mientras tanto la casa es un desastre y no lo es, las miniaturas siguen esperando que las pinte, la tarea se acumula... pero da igual. Poco a poco. Ya habrá tiempo de preocuparse por la realidad porque, de alguna manera, también lo vamos llevando. En medio del caos.
Y son unas dos semanas más y luego a por otra fase. Pero todo fluye. Y eso me encanta y asusta un poco.

miércoles, 25 de abril de 2018

Deshacer el mundo

"Empezar porqué sí... y acabar no sé cuando..."

Ayer fue mi cumpleaños. Otro día. Nada especial. Levantarse para ir al trabajo, ir a clase, pasarse a ver a la familia. Nada especial... o sí. Porque en el trabajo las cosas se están moviendo muy rápido, porque en clase parece que voy aprendiendo cosas (aunque necesito mucho más trabajo). Porque de repente mi familia ha crecido.
Y no lo sé pero me gusta. Me gusta muchísimo. Ayer ibamos a quedar por la tarde pero no lo conseguimos. Y cuando salí de clase, mientras le explicaba a unos compañeros que determinadas cosas NO se dicen en público (determinados sustantivos p. ej), me encontré a Ira y a Nastya esperandome. Y fuimos a un par de tiendas y a un supermercado y a una cafetería y... y yo iba a ver a mi madre. Y fui. Más tarde. Mañana. A este ritmo, sin prisa pero sin pausa, la vida se va haciendo maravillosa y ya estamos a veinticinco. Sin rima.
O con rima. Porque mi madre me contó cosas muy duras y luego pude subir a la terraza y, con una cerveza, compartirlas. Con mi novia. Que parece algo muy normal, pero no lo es y tiene un poder que mete miedo. Porque las cosas cogen inercia y, cuando te das cuenta, tu vida no es la misma y has cambiado, pero en tu interior sabes que es lo correcto y todo está bien. Y no puedes evitar querer que las cosas vayan encajando, que todo siga su rumbo.
Si dios quiere, ese hueco que has dejado en el armario se irá llenando. Y en unos meses, se vaciará por un tiempo. Porque tu te irás a algún lado y ella también. Pero volveréis, porque estáis hechos para ello. Y las cosas seguirán como van... porque van bien. Porque la oscuridad tiene que venir, pero no la temes porque ella tiene tu espalda y tu tienes la suya. Y el mundo... que venga. Que venga.

lunes, 23 de abril de 2018

Hogar


El viaje de vuelta ha sido un desastre. Todo lo que podía salir mal, ha salido. Empezando porque me perdí, cuando localicé el hostel solo conseguí charlar un rato con Ira y ya estaba con Domi dando vueltas por ahí (como lo eché de menos. Este hombre es una maquina). Al final llegué de vuelta a la habitación a medianoche, apropiadamente borracho, y me desperté a las 3 para coger un tren que se interrumpió, otro que tenía un trasbordo, un taxi que me costó cincuenta euros, correr por el aeropuerto hasta la puerta, un trasbordo de avión que cambió de puerta, un avión que llegó tarde, un tren que no salía pero que finalmente salió...
Pero al fin llegué a casa. A esa chica que me esperaba, a ese abrazo querido, a esa amiga que está cocinando. Con la casa impecable y a la vez hecha un desastre, con medicinas y comida en el salón y musica y cariño. Con historias y sofá. Y de repente, todo ha merecido la pena. Y la noche no se acaba nunca pero no se puede acabar, porque no es justo. Y el domingo, ese día de reflexión y hastío, pasa entre un gran desayuno, buscar donde deshacerse del mercurio de un termometro roto, conseguir medicinas para mi estupido y horrible resfriado, un paseo infinito a la playa, una siesta de cuatro horas y ver una peli de guerra sovietica, para luego dormir.
Y esto es la vida. Y no se acaba. Porque no se tiene que acabar. Pero ahora volvemos a la rutina y vamos al trabajo y a intentar que el día duela lo menos posible. ¿Y sabéis qué? Me da igual. Tengo fiebre por dentro y fiebre por fuera pero estoy contento y eso me parece lo más importante. Estar contento. Lo demás... día a día, como decía John Rambo. Día a día.

miércoles, 18 de abril de 2018

Y viene la tormenta


A veces pasa. Como decía Ira, "shit happens". O como digo yo muchas veces, que demonios. Ayer fui a una cena del trabajo en una cervecería. Fue una tontería enorme. Para empezar nos llevaron como si estuvieramos en la Escuela, con gritos en medio de la calle y casi nos ponen a formar. Luego el rollo en sí que... la verdad, muy para turistas. Como se hace una cerveza y etc. De mi clase, la gente que parecía interesante no vino y la oficial estonia... es muy oficial y mucho estonia. Así que basicamente fue una noche intentando comer algo, charlando con un oficial portugués que resultó ser un tío guay y sobreviviendo.
Y salgo y me encuentro una docena de whatsapp. Que espera que no me esté tirando a ninguna alemana. Que está todo mal que se siente sola que me echa de menos. Y yo que me quiero morir. Que quiero ir allí y estar con ella, que quiero darle sentido. Que la he metido en una trampa y que tengo claro que ella es la prioridad. Que nosotros somos la prioridad.
Y pasamos un rato muy malo y yo lo siento y ella lo siente. Pero como no tiene remedio nos animamos y bromeamos. Y dice que se siente querida y valorada y que nunca le había pasado. Y yo me siento feliz de poder hacer feliz, me siento feliz de crear algo más grande que yo. Y aunque está mal, no se siente mal. Y me alegro.
Y hoy por la mañana estamos mejor. No he dormido y ella casi no ha dormido... pero me siento mejor. Y sé que las cosas aún mejorarán más. Ha sido un mal día. Pero hay que tener malos días para valorar los buenos.
Y ya es jueves. Y ya queda nada y menos. ¡A por ello! ¡Casi lo conseguimos!

martes, 17 de abril de 2018

No te rías que es verdad


Que no me lo ha hecho nadie, que duermo solito.
Que mi almohada está llena de cuando no estabas
y etc. Por Marea. Duerme conmigo.

Llevo unos días pensando y recordando. A veces, sin venir a cuento, me viene una sonrisa tonta a la cara. Otras veces suspiro. Parezco una adolescente de quince años, pero es que lo de este fin de semana supera mis más locas fantasías. Y lo peor es que ha sido así, totalmente natural. Como si fuera lo único que se podía hacer.
Confieso que el jueves desesperé. Y ya pensé que se acababa todo. Aún así, el viernes fui a la estación lleno de ilusión. Nastya, que es una de las mejores personas que conozco, me aguantó toda la tarde yendo de compras y nervioso como un niño antes del día de Reyes. Y cuando llegué a la estación, cansado y hambriento, no sabía que me iba a encontrar. Y si bien el primer abrazo me partió en dos, conseguí aguantar las ganas de llorar y lo intenté. Y no coló.
Fuimos en el coche compartiendo historias raras. Y cuando por fin conseguí aparcar, nos soltamos. Y nos soltamos con miedo pero con ganas, como si llevaramos mucho tiempo esperandolo. Y así era. Y en ese momento, en ese liberar tensión y quitar el miedo, cruzamos una barrera. Me dijo que nos comportaramos delante de Nastya y así lo hicimos. Fue divertido y gracioso y simpatico. Cenamos. Y luego, cuando Nastya se fue a dormir, subimos a la terraza. Y aún tengo cardenales.Y esa noche y la siguiente dormimos juntos y ya ni sé lo que pasó. Fuimos a por churros y no había churros. Fuimos a Ikea y no vimos nada que nos gustara. Simplemente... vagamos. Vagamos mirandonos de reojo, abrazandonos cuando no miraba nadie, no queriendo despedirnos. Y seguimos. Porque no podiamos parar, porque no queriamos parar.
No sé que pasó. Se despertó el domingo para acompañarme a la estación y hacerme un bocadillo. El viaje, que dura doce horas, se me hizo eterno. Y desde que he llegado aquí nos mandamos mensajes y fotos y textos acaramelados y... y no sé. Estoy contentisimo pero quiero volver. Quiero volver y quiero quedarme. Ella lo tiene claro. Yo lo tengo claro. ¿Qué nos hace falta? Nos tumbamos en el sofá y nos contamos porqué estabamos allí, que eramos. Y lo demás... que sea lo que tenga que ser. Ya lo iremos arreglando.

Porque en cierto sentido todo va solo. Ella no sabía que podía hacer algunas cosas. Yo tampoco. Yo no sabía que se podía estar tan bien, yo no sabía que era tan facil como dar con la persona apropiada y quererlo. Y aquí estoy, contando los días, sin hacer ni puñetero caso a lo que pasa a mi alrededor.

Y la vida sigue dandome mimos. Ayer, aburrido y solo, me encontré a mi antiguo jefe de Madrid. Un amigo. Y mañana espero invitarlo a tomar algo por aquí y que los días vayan pasando más rápido. Esta noche hay cena. Y el sabado cada vez se aproxima más. Espero ver a Vane y hablar con ella, pero también espero que todo pase a toda velocidad y llegar cuanto antes. Todo es confuso, salvo tu vientre. Y en esta locura, en este ansia implacable, sigo contando los minutos.
Pero hay que hacer más cosas. Así que voy a leer y estudiar y escribir y pensar. Voy a pasear y echar fotos. Aunque sé que, en mi, solo existe una cosa.
Ahora a la cena alemana esta. A ver que tal se da. Hoy conocí a un americano, Dave, un tío muy interesante. Y voy aprendiendo cositas y arreglando trabajo. Pero mi cabeza sigue en este fin de semana y en el que viene. Y lo demás... es hueco en medio. Solo aire.

viernes, 13 de abril de 2018

Algunas canciones

"Siento que ya llegó la hora
Que dentro de un momento
Te alejarás de aquí".


Cuantas cosas pueden pasar en un rato, en un momento, en una canción. Cuantos sentimientos encerrados en música, en sensaciones, en historias. Soy yo el que me voy o eso parece. O quizás siempre me fui y nunca estuve. O quizás estamos en el mismo sitio. No lo sé. Hoy me han hablado de "sal en la herida" y se me ha venido a la cabeza "la herida" de héroes del silencio "¿qué les hizo alejarse, de su orilla intranquila?". Hay tantas formas de decir adiós. Pero ninguna me gusta. Siempre he odiado las despedidas, siempre he odiado que se alejaran de mi o alejarse. Quizás es un recuerdo de aquella historia que mi madre me contó, de la que recuerdo escenas pero no el dialogo, cuando mi padre se fue.
Quizás, no somos más que una colección de las heridas que la vida nos ha ido haciendo. Y sobre esas heridas hemos escrito canciones, sonetos, poemas, versos. Quizás hemos ido acumulando vida e historias y sabiduría. Quizás llevo toda la vida preparándome para ti y por eso estoy aquí, y quizás tu estés. Pronto.
Quiero que las horas vuelen. Quiero que los kilómetros se desvanezcan. Quiero tenerte a un brazo de distancia, a medio brazo de distancia. Quiero tener tu cabeza en mi pecho y besar ese caos de leona, quiero susurrarte "rubia", quiero ver tus ojos imposibles. Quiero no alejarme de ti nunca.


Y sin embargo... cuando duermo sin ti, contigo sueño. Y con todas si no estás a mi lado. Porque este remolino que tengo en el pecho, esta lavadora que no deja de centrifugar, sigue volviéndome loco. "Y hago colas sin parar, en la puerta de algún bar. Yo todo borracho consumo las horas, mientras que espero alguna luna que ande sola".


¿Y donde estás? ¿Qué fue de ti? Tengo nombres como arañazos en mi espalda. ¿Eres tu la chica psicópata? ¿Cuál de ellas? Todas fueron la preparación para ti. O quizás no. Solo hay una forma de saber si el agua está fría y mirándola desde arriba del puente no lo vas a averiguar.


En mi interior, dos corrientes rebotan. Y todo es confuso, salvo tu vientre. Y cuando hablas, siento la reverberación de tus palabras en mi interior, que rebotan como si estuviera vacío por dentro. Quizás lo estoy. Quizás estoy muerto y no lo sé y todo esto es mentira. Quizás todo lo que pudo ser, fue. O será.


Que día tan largo. ¿Cómo se hace para convertir una persona en un hogar?

No dejes un enemigo detrás



Antes según iba trotando pensaba en mi manía de hablarlo todo. Al menos todo lo que considero importante. Porque la gente en general tiene la maldita manía de esconder las cosas debajo de la alfombra o dejar que se solucionen solas. Y eso no funciona. La vida se vive por días, horas, minutos y segundos. Se afrontan desafíos y se superan o se fracasa en su enfrentamiento. Pero el mirar para otro lado en casi ningún caso arregla nada.
Ante un problema tenemos dos opciones. Podemos afrontarlo o podemos eludirlo. Si lo afrontamos es posible que lo solucionemos o que no, pero pasará algo. Si lo eludimos no habrá cambios y la situación se resolverá o no sin nuestra intervención.
No hay que pelearlas todas. Alguien inteligente discute cuando no tiene más remedio o cuando confía en su victoria. Pero es importante que, cualquier cosa que merezca la pena ser afrontada, lo sea. Y si no, se desecha. No tiene sentido andar a darle vueltas a lo que deberíamos haber hecho o lo que pensábamos o... nada de eso sirve para nada. Hay un refrán en español "agua pasada no mueve molino". Por eso si sabemos que algo está listo y queda detrás... pues ahí queda. Está muerto, no existe. Volver a ello no sirve para nada.
Básicamente, lo que vengo a decir es que los problemas se dividen en dos grupos. Los que hay que atacar y los que no son problemas. Porque si no llevamos ese enfoque, nunca podremos dormir tranquilos y dejar que las cosas fluyan. Y estar atascado puede ser algo terrible.

No te conformes



Si algo he aprendido del desastre de estas semanas (bendito desastre) es que conformarse es un error. Que entender que uno no puede aspirar a algo mejor que lo que tiene es absurdo. Que no hay que rendirse. Hace unos días, lloviendo a mares, dije "no hagas nada que no quieras hacer. No te fuerces a ti misma."
Porque es absurdo. No sirve de nada "convencerse" de que algo es lo que queremos, cuando no lo es. No tiene sentido. Si en nuestro interior no sentimos el impulso feroz, el "inextinguible ansia de victoria"... nos estamos equivocando. Si no contamos las horas para ver a esa persona, si no se nos pone una sonrisa en la cara al verla. Si no nos apetece que todo el mundo la conozca y vea lo maravillosa que es. Si no nos da un puntito de celos cuando sabemos que en su casa se va a quedar otro chico o que va a viajar en un blablacar, entonces es que algo estamos haciendo mal. O mejor dicho, que algo no estamos entendiendo.
Así que mucho me temo que las chicas a las que les gustan las historias románticas se van a llevar una decepción, como no puede ser de otra manera estando yo implicado. Volveremos al futbolín y a estudiar y a la filosofía y a ver venir las olas desde la orilla, con un libro. Pero como decía el otro, que nos quiten lo bailado. Porque cada día existe como una unidad indivisible y hay una tonelada de artículos en este blog que dan prueba de todo lo que he sentido y lo bonito que ha sido.
Para todo lo demás, MasterCard.

Demasiada oferta y demanda



Hablaba James Rhodes del problema del capitalismo aplicado a las relaciones humanas. Decía el compañero que siempre va a haber un producto mejor, más rápido, más nuevo, más brillante. Y que si entramos en esa espiral nunca vamos a conocer la felicidad, porque nos sentiremos mal con nosotros mismos y con la persona que tenemos al lado/delante/detrás. Y no le falta razón. Hace falta un momento de calma y entender que lo importante no es la persona, sino la relación, y la interacción y las sensaciones que de dicha interacción se derivan. Pero... ¿gustarnos? Gustarnos nos gusta muchísima gente. Esa chica porque es muy guapa, la otra porque es muy divertida, la otra porque tiene un fondo super interesante, aquella porque se atreve con todo. ¿Y con cual quedarnos, suponiendo que pudiéramos elegir?
Es mucho más fácil de lo que parece. Con la que hace nuestra vida mejor. Con la que nos apetece quedarnos por la noche viendo pelis o leyendo, hacer bromas en la cocina, coger el coche y hacer cientos de kilómetros. Con la que queremos conocer a sus padres y a sus amigos, ver donde nació. Y ya, como algo super loco, con la que nos imaginamos agarrando un niño en brazos o envejeciendo sentados en la terraza con una cerveza.
Por supuesto que nos van a gustar muchísimas. Pero a la hora de la verdad, en nuestro interior, tenemos seguridad absoluta de lo que queremos, como y cuando. Y si la otra persona no lo tiene claro... entonces es que la otra persona no lo quiere. Es tan fácil como eso.

Gossip girl



Soy una persona muy expansiva. Mis amigos lo saben y casi cualquiera que me conoce. No tengo problema para guardar secretos pero, todo lo demás, lo largo. Creo en la cortina de ruido en la cual hay tanta información que es inútil concentrarse en algo, porque todo fluye demasiado rápido.
Y quizás eso sea malo. Hay personas más reservadas que no les gusta compartir determinadas cosas. Y puede que esta gente tengan razón. Yo creo que la gente confía en mi de forma natural porque sabe que no me escondo nada, y que si lo hago es porque lo que guardo es realmente importante y debe ser guardado.
Quizás eso esté mal. No lo sé. Tengo mucho que aprender todavía y cada día es una nueva oportunidad.

Estoy acostumbrado a ser desechado



Suena un poco triste y radical, pero en cierto sentido es la realidad. En los últimos años me he venido acostumbrando a que la gente... no me utilice, sino que me entienda como una parte de un proyecto vital.
Ronald el otro día criticaba que esta mujer me está utilizando. Pero la verdad, ¿ quien no utiliza? Yo invito a Nastya a quedarse en mi casa porque, sobre todo, me viene bien a mí. Que a ella también le beneficie es algo útil, pero no el motivo principal de mi decisión. No soy tan samaritano. No sé si hay mucha gente que lo sea y, en general, desconfío de aquellos que se venden como tales. Es bastante hipócrita que Ronald critique eso, cuando precisamente él ha hecho lo mismo. Pero tendemos a ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio y, aunque Ronald es un tío fantástico y un gran amigo, viene con una serie de prejuicios de casa que no le dejan ver el bosque.
Sospecho. Cuando las cosas me van bien, sospecho. Porque lo habitual en mi vida es que una chica me quiera mucho... como amigo. O que todo me vaya bien... hasta que surja el "pero". Que suele ser que estás demasiado lejos... que hay otra persona... que no me atrevo... que es que tu viajas mucho... que...
Siempre hay un pero. Así que mentalmente ya estoy preparado para ello. El problema es cuando viene lo contrario pero, ¡que todos mis problemas fueran ese!
Creo que se avecina tormenta. Hace dos días todo estaba claro; hoy vuelve a parecer imposible. Pero en esto consiste la vida. La rusa de Cádiz ayer contaba como se reía cuando, su futuro marido, le decía "estuve hablando con mi padre. Con tu suegro, vamos" y ahí está. Se casa en dos semanas. Todo parece imposible hasta que deja de serlo. Pero en mi caso, dudo mucho que esto acabe así. Seguiremos deambulando por el desierto. Eso sí, con una sonrisa y con ganas de más. Siempre más.

La vida se vé mejor a través de una pelicula de sudor



No podía más. Me iba a explotar la cabeza. Así que me he puesto los tenis y he ido a correr. Al principio seguía centrado en lo que arrastraba en la cabeza, pero al cabo de un rato me empezó a costar respirar. Levantar las piernas. Empecé a mirar el paisaje para no pensar en mi sufrimiento y a sudar fuerte. Empecé a dejar que mis agobios y tonterías fluyeran a la vez que bajaba el sudor y el rebotar de las zapatillas, pac pac, iba marcando el ritmo. A por la siguiente curva. A por la siguiente. Ya queda menos para el muelle. Cuesta respirar pero hay que concentrarse. Seguimos. Sobre todo, no parar. El cuerpo te dice que andes y que no puedes más pero tu puedes más que tu cuerpo. Insiste. Doblas la curva con cuidado de que ningún coche te atropelle. Y ahí se asoman los barcos a la salida. ¡Que bonito! Concentrate en la respiración. Ya queda menos. Miras el reloj y ves que vas bien de tiempo, que el objetivo de hoy está al alcance. Aprietas. Te vienes un poco abajo y te das cuenta de que tienes que aflojar.
Y ahí está la meta. Aprietas los últimos sprint y ya no puedes más. Apoyas las manos en los muslos, doblas la espalda. Te estiras y abres el pecho. Lo has conseguido. Haces unas flexiones y estiras. Mientras lo haces te das cuenta de cuanto llevabas arrastrado, de cuanta angustia tensión tristeza soledad te ha empapado la camiseta. Y sonríes, porque lo has hecho. Y cuando acabas de estirar y te metes en la ducha, te miras en el espejo y sabes que lo estás haciendo bien. Que eso es la vida. Que hay que mimarse y pelear y hacer las cosas bien. Que hay que hacer aquello en lo que se cree y mantenerse fuerte, feroz, independiente. Que nadie te ha regalado nada y que sigues peleando, día tras día, para conseguir todo aquello que te propones.
Y que merece la pena. Demonios que si merece la pena.

No quieres hacerme daño


Pero eso no lo puedes evitar. No depende de ti. Y el hecho de que digas algo así ya es hermoso. No puedes. Pero tampoco tienes porqué hacerlo, porque en eso consiste vivir. En dejar que los demás se equivoquen y crezcan. En interactuar intentándolo, en confiar y en equivocarse y aprender y seguir adelante.
Ayer escuché una historia que me encantó. Y no sé que va a pasar mañana, pero tampoco lo sabe nadie. Solo sé lo que yo puedo y quiero hacer y lo demás... que vaya en la dirección que tenga que ir. He recibido un mensaje de Lita magnifico. Y otro que ha sonado a una caricia y me ha hecho despertarme con una sonrisa. Ayer dijimos muchas pasteladas absurdas y... eso está bien.
Así que no te preocupes. Solo fluye. Como estoy intentando hacer yo. Y nos haremos el daño que nos tengamos que hacer, platos incluidos.

No seas como mi madre


Una de las extrañas virtudes que he mantenido a lo largo de mi vida es la capacidad para pensar racionalmente y con la cabeza fría en situaciones extrañas. Simplemente enciendo el "modo psicopata" y hablo y actuo en automatico. La vida va sola.
Pero hay veces que pasa todo lo contrario. Especialmente cuando la gente hace cosas por mí. Para mí no es natural pedir ni recibir, simplemente hago las cosas a mi aire y espero que todo vaya saliendo de alguna manera. Por eso cuando alguien me da un regalo, cuando me invita, cuando hace algo especial... no sé reaccionar. Me supera. Y ya si esa persona es alguien importante para mí, es muchisimo peor.
Hay que saber poner el freno. Porque luego te dicen "has hecho más de lo que deberías" y no es un cumplido, sino un tirón de orejas. No te pases. No decidas por mi. No te metas en mi terreno. A veces no se puede evitar. A veces simplemente tienes que actuar. Pero en otras ocasiones, con la mejor intención, estás faltando al respeto u ofendiendo a otra persona.
Deja espacio. Yo no suelo ser una persona que agobie, dominante, celosa. No recuerdo la última vez que me enfadé porque alguien no me contestó un mensaje o no quiso quedar; todos andamos jodidos de tiempo. Pero hay días que son muy largos. Duermes poco comes mal trabajas mucho aguantas. Y tu cuerpo llega un momento que empieza a hacer que tu cabeza patine y cometes errores.
No pasa nada. Disculpate, corrige y mejora. Todos tenemos días malos y hay que saber pedir perdón y hay que saber perdonar. Pero para ello primero hay que darse cuenta del error y reconocerlo. Si bien hay muchas formas de decir "te quiero", "comportarte como mi madre" no es una de ellas.
A menos que seas la madre de verdad, claro. Entonces esa patologia psicologica está perdonada.